La Pampa sigue siendo una isla

En épocas pasadas, solíamos decir los pampeanos, casi con orgullo, que “La Pampa era una isla”. En la década del 70, 80 y hasta 90, cuando en todo el país se veían conflictos económicos, sociales, que desbordaban, incluso la propia institucionalidad, nosotros, los pampeanos, nos parábamos sobre nuestro propio orgullo, y solíamos decir, hinchando el pecho, esto no ocurre en La Pampa: “La Pampa es una isla”.
mapadsds

Éramos una provincia joven, nuestras instituciones habían heredado el sesgo de administraciones delegadas del poder central, porque habíamos sido de las últimas provincias en dejar de ser Territorio Nacional para convertirnos en provincia de La Pampa.

Y no quiero remitirme mucho más atrás en el tiempo, en la historia, porque me parece que no suma al planteo de fondo, que hoy debiéramos hacernos todos los pampeanos, a la vez, de preguntarnos, por lo menos, desde el 83 en adelante (fecha en la recobramos la potestad de gobernarnos), ¿qué nos pasó?; para que esta provincia, casi modelo, con problemas menores, gastos equilibrados, heredera de gestores (gobernantes) austeros, con un destino que había sido marcado hace 40 a 50 años y que en la práctica hoy hemos abandonado.

Hoy, en el concierto nacional somos una isla al revés. En estos días, vimos en medios nacionales, y locales, el informe de la ONU, donde nuestra provincia de La Pampa, está relegada respecto a todos los índices que tiene que ver con el crecimiento sustentable.  Decía que somos una isla al revés, porque el mapa que ilustra este diagnóstico, coloreado de celeste la mayaría de nuestras provincias limítrofes, nos dejan siendo una isla de otro color, que grafica a las claras, la falta de desarrollo respecto a las demás.

Se podrá preguntar el lector, a esta altura, si es o no arbitraria, tomar como fecha de este análisis, los principios de la década del 80, con la recuperación de la democracia, pero es que, en todo caso, uno advierte, con preocupación, que es en este tiempo donde se desarmonizó el desarrollo respecto a nuestras provincias hermanas. Cuando uno señala, que algunas que hasta hace muy poco compartían valores similares a los nuestros, hoy nos han duplicado y hasta nos han triplicado. Por ello, es hora de preguntarnos: ¿qué nos ocurrió a nosotros? Porque la realidad nacional, que es lo que se trata de responsabilizar, fue la misma para nosotros que para el resto. ¿Dónde está la diferencia?, ¿qué es lo que nos está siendo hoy distintos? La responsabilidad política es inexcusable de nuestros gobernantes. Todos podemos tener un grado de responsabilidad, pero la responsabilidad mayor es de quien gestiona. Y en esto, quienes están hoy al frente, no podrán decir que esa es herencia recibida, porque son el mismo signo político desde el 83 a la fecha. Pero también, vale la pena repetir, que la oposición, no ha sabido sintetizar un proyecto político, que sea capaz de ser una alternativa a esto que consideramos que no es lo mejor. Prueba de ello, es que, en estas elecciones, que son el corolario del 2019, está fragmentada en tres. Es evidente que el más democrático de los espacios necesita liderazgos, porque si no se convierten en lugares asamblearios, donde se pierde la fuerza para lograr un objetivo común.

Podría extenderme en citar miles de ejemplos, como forma de afianzar esta línea de razonamiento, pero hemos dicho y repetido en estas mismas columnas, y siempre caemos en el mismo diagnóstico: es evidente, que lo que falla, es el tratamiento.

Podrá el lector a esta altura de los acontecimientos, y sabiendo que estoy identificado con espacios que nunca tuvieron que ver con el oficialismo provincial, que este es el diagnóstico de un simple opositor. Y saben qué, quizá tengan razón, solamente la mitad, porque la otra mitad de la verdad, es la verdad de lo que nos está ocurriendo. Todo lo que no se hizo, se llama falta de un proyecto de crecimiento sostenible y sustentable, para un crecimiento armónico. Dos ejemplos: unas 1.300.000 hectáreas quemadas y otras tantas bajo el agua, obras públicas que llevan más de 10 años sin concluir (Megaestadio, entre otras) y, las concluidas (frigoríficos) que nadie sabe para qué se hicieron. Pero hinchamos el pecho y decimos orgullosos: “tenemos el autódromo”. Alguien alguna vez dijo que “gobernar es poblar”. Hoy, creo, sin lugar a equivocarme, que “gobernar debiera ser la capacidad para establecer prioridades”.

Luis Alberto Cazanave

Columnista en InfoHuella

Te puede interesar