Balsa 44 en Telén: crónica de un encuentro esperado e inolvidable

Zonales 26 de noviembre Por
Marcela Montenegro, alumna de sexto año técnico de la E.P.E.T N° 8 de Telén, redactó en una crónica para InfoHuella la experiencia personal y de la comunidad educativa la visita de Carlos Alberto Waispek, el autor de “Balsa 44”, libro donde el ex combatiente de Malvinas cuenta lo que vivió en el hundimiento del crucero A.R.A General Belgrano.
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“Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria” (Jorge Luis Borges)

Crónica de un encuentro esperado e inolvidable

Por: Marcela Montengro

Jueves 23 de noviembre, día ventoso aunque con un sol radiante en la tierra pisoteada. Día en el que los alumnos y alumnas de sexto año sociales y técnico de la E.P.E.T N° 8 de Telén pudimos hacer realidad algo que era una simple ilusión y anhelo luego de una lectura grupal de “Balsa 44” en las tardes también ventosas de agosto. Su autor, pampeano él, vive desde el 2004 en Mar del Plata. ¿Podría ser posible conocerlo? Definitivamente nada es imposible si lo soñamos con todas nuestras fuerzas y luchamos por conseguirlo. Así fue que la profesora de Lengua y Literatura, Florencia Houriet, decide comunicarle nuestra “utopía quizás” a la asesora pedagógica de la institución, Valeria Torres Manso. Ella, sin dudarlo, estableció contacto y –en un gesto de humildad interminable- Carlos Alberto Waispek aceptó. Sólo quedaba concretar la fecha, que sería este año o el que viene.

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El excombatiente de Malvinas –guerrero diario de la vida- de 55 años, nacido y criado en Santa Rosa - La Pampa,  llegó a Telén acompañado de su esposa alrededor de las diez de la mañana. Lo esperábamos en la plaza, en la calle Libertad (casualidades de la vida).  La profe recibe una llamada: “Estoy estacionado en la plaza, ¿dónde están?”. Nos habíamos refugiado del viento así que salimos a su encuentro. Instantáneamente, aunque no nos conocía previamente, nos dio un abrazo a todos. Nosotros, también instantáneamente, le agradecimos por haber venido a nuestro pueblo, por su gran gesto de amor. Como si ofrecer su vida por la Patria no fuera suficiente, ¿no?.

En “Balsa 44” él relata la experiencia que vivió en la tragedia del crucero A.R.A General Belgrano, en la cual perdimos cuatro héroes pampeanos, que aún viven en nuestros corazones. Entre ellos: Daniel, nuestro querido Daniel  Enrique Lagos, Héroe Nacional.

Carlos Alberto Waispek fue a luchar por la recuperación de la soberanía de las Islas Malvinas con la edad de 19 años, se subió al crucero siendo la primera vez que tocaba un transporte marítimo, con la esperanza de que no le pasara nada; aunque con un miedo latente. Cuenta que las prácticas se las enseñaban ahí arriba, que tuvo que soportar las friolentas aguas. Sin embargo, él dice: “era mi segunda casa y cuando se hundió todos sentimos un vacío, lágrimas recorrían nuestros rostros”. En un nuevo gesto de amor, valentía y mirada positiva de la vida, también comentó que no solamente se llevó un dolor eterno sino que tiene cada una de las anécdotas alegres vividas en la marina grabadas en el corazón. Muchas las cuenta en su libro.

Los alumnos nombrados anteriormente tuvimos el agrado de acompañarlo en la radio local FM “Latidos”, de compartir un almuerzo con él en las instalaciones de la Escuela Hogar N° 115. También de escuchar la hermosa charla abierta al público que se realizó en nuestra escuela. Muchos de nosotros -y me incluyo- no pudimos evitar lagrimear en cada relato. La tristeza, el amor, el cariño y el respeto no dejaron de notarse en cada una de sus palabras.  Con todo lo vivido no deja de tener un alma tan dulce, un espíritu fascinante y una humildad admirable. Me quedan en el corazón cada una de sus frases, pero quedará marcada en mí una que repitió en más de una ocasión: “yo no soy un héroe, héroes son aquellos que quedaron en Malvinas; como Daniel Lagos. Él es un héroe, yo sólo soy un sobreviviente”. 

Nos explicó lo difícil que fue para él y los demás ex combatientes volver a retomar el camino de sus vidas. Solamente pedían contención para sus corazones marchitos, sólo querían sanar esas heridas que parecen no cicatrizar nunca y hacer su vida normal. Por desgracia para muchos no fue así y decidieron dolorosamente terminar con sus vidas.  Por ello su gran e insistente pedido fue el de no abandonar a aquellas familias que esperaron un regreso que nunca llegó y también a aquellos ex combatientes que quieren aún sanar sus heridas.

Aconsejó que lo expresemos solamente con un abrazo que demuestre que estamos ahí, que no están solos. En particular –por un pasaje que leí en su bello y por momentos angustiante relato- le pedí que contara cómo pasó de ser una persona tan fría a una tan cariñosa y demostrativa; y ahí pude escuchar en vivo y en directo aquel fragmento que tanto me había emocionado al leerlo. Cambió cuando descubrió que su padre –frío y distante- verdaderamente lo quería, pero nunca se lo había demostrado hasta aquel día de su regreso cuando al verlo parado frente a él sus mejillas se colmaron de lágrimas y –sin mediar palabras- el abrazo fue interminable. Y como si ya no nos hubiera enseñado con sus vivencias, nos deja el mejor de los consejos: “no esperen a que pase una tragedia para decirle a alguien que lo quieren; aunque no les salga un te quiero, un te amo; abrazarlos desde el alma bastará para decirles lo importante que son para ustedes. Porque a veces, el día menos pensado, se dan cuenta que es demasiado tarde.”

Para finalizar la jornada él pidió visitar al menos un pequeño instante a Doña Gregoria y darle ese abrazo que seguirá esperando por siempre de Daniel. El abrazo del regreso que nunca fue. Y así sucedió, no se necesitaron palabras, sólo unos minutos de un abrazo de dos almas que comparten el dolor y que –sin embargo- son un canto a la vida y al amor.

Luego, con una promesa de regresar algún 2 de mayo, se despidió y siguió su rumbo. “Malvinizar, siempre malvinizar”, nos dijo.

Info Huella

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