Sumo: hoy se cumplen treinta años de la muerte de Luca Prodan

Nacionales 22 de diciembre de 2017 Por
De Roma a Londres y de las sierras cordobesas a Hurlingham, Luca se movía en cualquier lado como si lo habitara desde siempre, ciudadano de un mundo al que miraba con desdén, pero al que a la vez devoraba hasta empacharse. “Era un tipo maravilloso”, lo recuerda Pil.
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Por Juan Ignacio Provéndola / Página 12

Semanas atrás, en unas intensas jornadas sobre rock nacional organizadas por la Universidad de Buenos Aires junto a músicos, periodistas y gente especializada, un estudiante mexicano descolocó a los panelistas con una pregunta obvia pero clave: ¿cómo es que una de las figuras fundamentales de la cultura criolla era un italiano que cantaba en inglés? Hoy se cumplen treinta años exactos del fallecimiento de Luca Prodan y todavía se intenta explicar el fenómeno de este tipo que llegó desde Europa para salvar su vida de la adicción a la heroína y lo único que logró fue acelerar el paso hacia una muerte que dejó obras de arte invalorables, interrogantes que jamás se dilucidarán y uno de los mitos más poderosos de los que se tengan registro en suelo argentino.

Después de haber trashumado por Europa desde su Roma natal hasta un colegio pupilo en Escocia, Luca Prodan desembarcó en Argentina a principios de los ‘80 con el cuerpo estragado por la heroína y el cerebro lleno de información que escaseaba en estas tierras. Su coincidencia con la Londres de la crisis social que devino, entre otras cosas, en el estallido punk, marcó a fuego su gusto y su impronta musical, siempre rica en hipertextos pero claramente direccionada hacia esa postura entre urgente y apocalíptica que mojonearon los Sex Pistols.

Pil, cantante de Los Violadores (grupo que en esa época muchos incluyeron en la tría vanguardista del rock local junto a Sumo y Soda Stereo), recuerda que la primera charla que mantuvo con Luca Prodan fue, justamente, con los Pistols como nexo: “Había escuchado una canción nuestra llamada ‘Estas muerto’, de nuestro primer disco, y se acercó a decirme que le sonaba a ‘No feelings’, de los Pistols. Cuando estaba bien, era un tipo maravilloso para conversar sobre música y literatura. Como buen tano, era agradable pero al mismo tiempo calentón”.

Los Violadores tiene una curiosa vinculación con la historia de Sumo: compartieron tanto el primer show importante de la banda de Prodan, el 20 de marzo de 1982 en un festival en el estadio de Estudiantes de Caseros (donde el grupo fue anunciado en el afiche con la referencia “England” entre paréntesis), como el último, el 20 de diciembre de 1987. “En ese concierto final, en el estadio de Los Andes, lo vi mal, muy flaco, amarillo. Tuve un presentimiento muy triste y después, a los dos días, me enteré que había muerto a través de… Ari Paluch. Lo anunció en la Rock&Pop”, agrega Pil.

Sondear las influencias de este sujeto que vino a Argentina a espabilar la escena rockera incluye a artistas como Blondie, Van Der Graaf Generator, Elvis Costello, Ian Dury & The Blockheads, Genesis, Joy Division, David Bowie o The Doors. Luca Prodan fue, en cierto punto, el nodo que reconcilió dos generaciones que necesitaban imperiosamente encontrarse para darle volumen y una entidad monolítica a la cultura rock doméstica, porque obligó a los pioneros a actualizarse y, al mismo tiempo, le marcó el horizonte a los que estaban iniciándose.

Una herencia que se mantiene perenne e irriga las sangres más recientes del rock argentino. Piti Fernández, cantante de Las Pastillas del Abuelo, lo reconoce como un inspirador seminal (durante varios años mantuvo un proyecto paralelo tributo a Sumo bautizado Virna Lisi) e incluso valora otro gran aporte “Prodanesco” a la escena local: el reggae. “Además de su impronta punk, Luca importó el raggae tradicional, entre tantas otras cosas que acá eran completamente desconocidas. Y por momentos también parecía mirarse en el espejo de Lou Reed, haciendo arte con una guitarra y punto” aporta Piti. “Aunque creo que su rasgo distintivo es que parecía ser el mismo tipo tanto arriba como abajo del escenario. Esa lucha constante contra el caretaje que no sólo daba en sus letras, sino también en su vida cotidiana, me hicieron durante muchos años incubar un sueño que lamentablemente nunca voy a poder cumplir: el de poder patear la calle con él, ser parte de su círculo y ver como se manejaba cotidianamente. Seguramente me hubiese maravillado”.

De Roma a Londres, y luego de las sierras cordobesas a Hurlingham, Luca Prodan se movía en cualquier lado como si lo habitara de toda la vida, aunque al mismo tiempo sin ser precisamente de ningún lado. Un ciudadano de un mundo que mirada con desdén, pero que a la vez lo devoraba hasta empacharse. Hijo de un italiano y de una escocesa nacida en China, se subía al escenario en cueros y con pantalón de jogging. No parecía necesitar demasiadas etiquetas: su dresscode era su lengua, la misma que lo llevaba a cautivar a sus interlocutores, así sea que les esté espetando las barbaridades más sarcásticas. En cierto punto Luca integró una escena que a la vez denostaba. Parecía que siempre estaba más adelante y a la izquierda que cualquiera, llegando hasta donde nadie se animaba.

Un elemento que refleja su audacia es la decisión de cantar en inglés justo en el momento cuando la última dictadura argentina le declaraba la guerra al Reino Unido por las Malvinas y aquel idioma pasaba estar prohibido en las radios y en los canales de televisión, entonces todos del Estado y, por ende, intervenidos y dirigidos por mandos militares. Claro que era consciente de que el público argentino no estaba acostumbrado a la lengua anglófona, por lo cual también se vio obligado a escribir letras en castellano, actividad que por momentos la ejercía casi de manera lúdica, jugando con la fonética de esas palabras extrañas a su habitualidad. Pero como todo juego, este también implicaba tomárselo en serio, y así aparecieron canciones como “Mañana en el Abasto”, una aguafuerte inmejorable sobre ese barrio tanguero y gardeliano que hoy sobrevive como uno de los mejores registros sobre el pasado de un distrito reconvertido en zona de shoppings, restaurantes para turistas y cevicherías de la colectividad que hoy protagoniza el lugar: la peruana.

No son pocos los que observan un detalle que sobrevino a la muerte de Luca Prodan y la disolución de Sumo: el abrumador crecimiento popular que casi al instante experimentaron Los Redondos, en coincidencia también con la decisión del Indio Solari de pelarse la cabeza. “Sin Luca quedó un vacío muy grande en lo que podríamos llamar ‘rock urbano’…  y ahí Los Redondos medio que quedaron solos, aunque en la época de Sumo ellos prácticamente no tocaban”, opina Germán Daffunchio. “Estoy seguro en lo más profundo de mi corazón que los Redondos no hubiese sido lo que fueron, aunque esto desde ya sin quitarle méritos, porque tienen un montón de canciones que me gusten… aunque fue todo en un momento muy justo”, redondea el ex Sumo, para quien este abrupto final dejó la duda acerca de lo que hubiese sido pero no fue: “El grupo quedó incluso y eso dejó a mucha gente ansiosa y calentita. Pero siempre tendremos un problema insalvable: ¿quién hace de Luca?”. 

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