Sin señales ni terminal: siguen existiendo las campanas de palo

A partir del advenimiento de la democracia – que, a no dudarlo, será para siempre – todos y cada uno de los ciudadanos pensábamos que íbamos a ser partícipe de nuestro destino en forma individual y colectiva.
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Lo que quiero decir es que, aquellas cuestiones que tienen que ver con el mejoramiento de vida de una comunidad, iban a poder ser realizadas por nuestros elegidos. Claro que suena a lirico, genérico, idealismo sin mayores precisiones; pero es ese el ideal, el norte al cual no debemos renunciar nunca.

¿A cuenta de qué viene esto? Por estos días, nuestra comunidad, está siendo centro de una cantidad de servicios que hemos logrado acceder y que hoy, no tenemos o son prestados en forma deficiente o con interrupciones parciales o totales. Tal es el caso de la Telefonía Celular, internet, entre otros.

Y cada uno de nuestros reclamos, sentimos que son “Ladridos de perros a la luna”. A la hora de hacernos escuchar, es una odisea marcar números y códigos para descargar el reclamo en una persona física. Lo que debería ser un reclamo, es un verdadero calvario, el que la mayoría agota, y se interrumpe antes de terminar.

Pero no era este el tema al que me quería referir puntualmente. Desde hace mucho tiempo, he escrito y reescrito, desde distintos enfoques, porque me parece un deber inclaudicable de ciudadano, aquellos que fue escrito y que dice: (…) es una obligación el derecho a peticionar…

LA TERMINAL

Cuando uno recorre a lo largo y ancho la geografía de nuestro país, se da cuenta que, por modestos que sean, en los centros urbanos las autoridades les dan una importancia fundamental a las terminales de ómnibus. ¿Por qué? Porque es lógica pura. Es la terminal la primera y última impresión que, de un lugar, se lleva el viajero circunstancial que la visita, el residente de la misma, o los nostálgicos que de tanto en tanto regresan a su terruño. Es lo que nos pinta cómo tenemos el living de nuestra morada y cuántos nos interesa recibir bien a nuestros visitantes. Y aquí viene la novedad: desde hace tiempo, primero con un servicio híper deficiente y luego sin servicio y abandono, las autoridades municipales, Departamento Ejecutivo y Concejo Deliberante, han decidido que Victorica no debe tener terminal. Ante ello, los micros que visitan nuestra localidad han adoptado distintas alternativas. Algunos, siguen yendo al ruinoso edificio que alguna vez fue la terminal, los otros, en domicilios particulares, que hacen a la vez de oficinas de atención. Por su puesto, el arribo y descenso de pasajeros, con niños y maletas, suele ser directamente en la calle, sin protección y librados a la suerte de los automóviles que sigue circulando. En un caso, sobre la calle 17, arteria principal de salida de Victorica (foto).

Y esto que parece una obviedad, pareciera que no le interesa a nadie. Los reclamos que se escuchan, solamente suelen ser, de los que padecen estas circunstancias. Por la mañana, cinco y media en pleno invierno, al frío, esperando que llegue el colectivo. En verano, a las dos de la tarde (foto), ante temperaturas extremas, en apenas los charquitos de sombra que prestan unos pequeños árboles recién puestos en la vereda. Es increíble que esto ocurra. Los temas que convocan a los medios son otros. Pasada esta fiesta de la ganadería, dentro de unos meses, se empezará a hablar de los próximos artistas que pasarán por la nueva edición. Siendo los temas impuestos por agenda.

Hace poco tiempo, surgió la inquietud de reeditar una antigua iniciativa que era la de interesar a las empresas que recorren nuestras rutas, para que hicieran su ingreso a Victorica: ¿se imagina el lector qué dirían los responsables de esas empresas al ingresar a Victorica para hacer un estudio y tomar una decisión?

Como de costumbre, decir esto, es dejar de ser simpático a un sector de gente. Pero la única forma de cambiar una realidad, es partir de un diagnóstico acertado. Hace falta que por lo menos, en el Concejo Deliberante, donde el oficialismo es mayoría, pero existe una porción de oposición, puedan debatirse esto temas, y determinar si Victorica no necesita una Terminal.

Una terminal significa no solamente el lugar de arribo y salida de micros, sino también, un lugar de contención: de abrigo frente a las inclemencias del tiempo; de baños, para satisfacer las necesidades básicas, un lugar acogedor donde hacer llevadera la espera, etc.

Finalmente, soy de los que piensan que no solamente la política es ejercer los cargos. La política también, es ejercer la condición de ciudadano. Desde allí, es que me permito decir que sigo queriendo que aquella idea fuerza de hacer de VICTORICA, UN LUGAR DONDE VALGA LA PENA VIVIR, siga latente.

Luis Alberto Cazanave

Columnista en InfoHuella

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