Verna y la ingeniería que unificó al peronismo pampeano

Opinión 19 de junio Por
El cierre de alianzas y listas para las elecciones legislativas de este año han dejado en La Pampa un peronismo unificado con la vigencia del sello PJ que contrasta con la dispersión nacional, y una oposición en Cambiemos que lejos de unirse desató una competencia entre tres listas desafiando las advertencias nacionales.
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El PJ se unificó detrás de una lista en la que estarán representadas todas las líneas mayoritarias, el massismo y el kirchnerismo. Peronismo oficial, alternativo y disidente detrás de una misma boleta, y más allá de las críticas que hubo sobre el acuerdo o sobre los candidatos. El lector puede advertir al autor que en las PASO se pueden presentar al menos otras cuatro listas, pero sin restarles méritos, ninguna parece ser competitiva.

Las tres condiciones

El consultor Mario Riorda afirma que el contexto manda en las elecciones legislativas, y este año el contexto llevó a que la ingeniería política del vernismo lograra aglutinar a todo el peronismo.  Tres condiciones fueron centrales: un enemigo común, una estrategia política sin fisuras que supo construir un mito de gobierno y un kirchnerismo diluido en la provincia.

Así se fueron dando los pasos para la puesta en marcha de esta suerte de "frente anti-Macri" pampeano: Verna moderó su discurso interno hacia el kirchnerismo, ofreció la principal candidatura al jorgismo e hizo un acuerdo institucional con Sergio Massa. "Yo te lo había adelantado", reprocha uno de los operadores del vernismo al autor de esta columna que miró con desconfianza que los planetas se alinearan con tanta determinación.

Esta realidad del PJ pampeano está muy distante de lo que ocurre a nivel nacional. En la actualidad, y desde que CFK dejó el poder, se habla del desmembramiento, dispersión o fragmentación del peronismo que ya no tiene una estructura nacional: no hay un liderazgo definido que lo ordene, llega a las elecciones ajeno al poder, la sigla del PJ ha desaparecido en muchas provincias y en PBA ha sido dejada de lado por CFK, y hay 33 frentes electorales con denominación o vocación peronista en las 24 provincias -sin contar al massismo-.  "La Pampa es una cosa rara en la política", generaliza y simplifica un analista porteño.

El enemigo común

La unificación del PJ se debió primero a un enemigo común: el presidente Mauricio Macri. Y segundo a la posición política del gobernador Carlos Verna, un "duro" frente al gobierno macrista al que no le dio concesiones, postura que fue acorralando y sacándole banderas a otros sectores del peronismo local. Tensando sus contradicciones. Su discurso crítico y sin fisuras hacia Macri y al rumbo económico que lleva adelante y la defensa de los intereses pampeanos afectados por el gobierno central no le dieron margen de acción a los sectores enfrentados al macrismo. Una estrategia que dividió aguas y dejó sin expresión a los peronistas disidentes con el vernismo. Verna creó así su mito de gobierno, sin plata pero son símbolos. Y damos un ejemplo. Por si la repercusión de la audiencia pública de conciliación con Mendoza en la Corte Suprema de Justicia por el río Atuel no hubiera sido un mensaje suficientemente potente, al día siguiente hizo una conferencia de prensa donde dijo que en esa presentación "estuvo toda La Pampa". Todos representados por el gobierno de Verna: la universidad, los pueblos indígenas, intelectuales. Los críticos podrán decir que no todos estaban allí o que solo se juntaron por un hecho puntual. Pero la imagen fue contundente como la manifestación del mito de gobierno: la defensa de los derechos pampeanos frente al poder central.

La disgregación del espacio K

La última movida para la conformación de este "frente anti-Macri" fue la decisión del kirchnerista Nuevo Encuentro de bajar su lista para favorecer las chances del PJ. Su diputado provincial había sido uno de los críticos más férreos al gobierno pampeano. Pero llegado el momento de las definiciones electorales, un sector de General Pico, que tenía "la llave" del partido, entendió que no se podía dividir votos que le "hicieran el juego a la derecha". Otro más vinculado a Santa Rosa quería presentar la boleta para ser los representantes del "proyecto nacional y popular" en la provincia. Las contradicciones son parte del barro de la política y el pragmatismo siempre le gana a cualquier convicción. Finalmente, un llamado de Martín Sabbatella, a contramano de lo que CFK hizo en Buenos Aires -o tal vez por eso mismo, para dar un ejemplo-, y que contó con la venia de la ex presidenta, reconvino a quienes querían lanzarse como opción electoral para apoyar a su manera la lista del PJ.

Esta decisión de Nuevo Encuentro es parte de un largo proceso político provincial en el que el espacio kirchnerista se ha ido diluyendo, si bien hay "minorías intensas". Tras las derrotas de 2015, primero el tronco central del jorgismo comenzó a moderar su postura y luego llegó el ofrecimiento de la primera candidatura en la lista de diputados a uno de sus legisladores. La Cámpora quedó sin lugares institucionales y fue pactando con el vernismo llevada por las circunstancias. Ahora los acuerdos nacionales y los condicionamientos políticos terminaron por apartar a los sabbatellistas de Nuevo Encuentro. Por supuesto, hay críticos al justicialismo tradicional y kirchneristas silvestres, pero no habrá opciones electorales puras del sector más allá del disminuido y voluntarista Partido Humanista o alguna lista minoritaria en las primarias del PJ.

Este panorama, por supuesto, no es exclusivo de La Pampa. La ex presidenta puede disputar poder en Buenos Aires, pero en el resto del mapa nacional el kirchnerismo parece haber quedado como expresión testimonial fagocitado por el peronismo local. En territorio pampeano, el sector K terminó encontrando su razón de ser más en mirar de lejos lo que hace CFK, que en la posibilidad de un crecimiento propio enfrentando al PJ tradicional.

Norberto Asquini

Columnista en InfoHuella

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