Verna en el país de la reforma permanente

Opinión 18 de noviembre de 2017 Por
La firma del pacto fiscal entre el presidente Mauricio Macri y los gobernadores mostró de forma contundente los nuevos tiempos de la política nacional.
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Frente a la avanzada de Nación y sus reformas, la nueva etapa privilegia el diálogo entre Nación y las Provincias, y La Pampa no se ha quedado afuera de esta tendencia. "Negociación y gobernabilidad, pero sin dejar de reclamar lo que nos corresponde", indican desde el entorno del gobernador Carlos Verna.

El nuevo escenario de poder

Después de las elecciones del 22 de octubre el gobierno de Cambiemos se vio legitimado, y con el suficiente poder, para avanzar en su "reformismo permanente". Es el nuevo país en el que se debe "ceder un poco". Así profundizó sus dos agendas: por una parte las reformas que según su proyecto apuntan a mejorar la competitividad de la economía (la impositiva y la laboral), y por otra en la relación económica entre Nación y las Provincias.

La nueva distribución del poder marco el campo de juego al que tuvieron que enfrentarse los gobernadores por estos días. Una negociación a contramarcha y bajo presión, aunque no tanta como la que recibieron los sindicalistas de la CGT a los que "le fueron al hueso" para que apoyaran la reforma laboral.

Los gobernadores peronistas quedaron en un posición desventajosa frente a Macri tras la ola electoral. Ante la propuesta del acuerdo fiscal que los hace socios de la reforma, y de un eventual ajuste, intentaron presentarle una contrapropuesta, pero fue difícil fortalecerse en la unidad frente al escenario actual. La inferioridad de condiciones para plantarse se hizo evidente. El ministro Ernesto Franco al hablar frente a los diputados provinciales durante la semana había tenido casi una postura de resignación, fatalista, ante las imposiciones del gobierno nacional que parecían irreductibles.

Las fisuras de los gobernadores

Tenemos en ese colectivo de gobernadores que se sentaron en la mesa con el macrismo un poco de todo: apartados los encolumnados de Cambiemos, están los mandatarios endeudados con Nación o derrotados electoralmente por el macrismo. Verna no está en ninguno de esos pelotones. La provincia no tiene deudas y el pampeano ganó en octubre. Pero desde el reducto provincial fue difícil resistir frente a las fisuras en el bloque de gobernadores. De hecho, el acuerdo firmado con Macri plasmó el retroceso de la llamada Liga de Gobernadores peronistas que antes de las elecciones había asomado como polo de poder frente a la Casa Rosada y a la fragmentación del PJ.  Solamente la separatista San Luis se resistió a la firma del acuerdo.

Si los gobernadores tienen un federalismo político, el macrismo parece concebir al federalismo desde lo económico. Maneja otra relación con las provincias diferente a los tiempos kirchneristas. El nuevo reparto de los fondos de coparticipación y la caída del Fondo del Conurbano a favor de la Provincia de Buenos Aires y la gobernadora María Eugenia Vidal (que recibirá 65.000 millones hasta 2019) es la muestra más palpable de esta nueva política. ¿Cuándo un presidente le dio tantos fondos a un gobernador bonaerense de su mismo partido? Ni con Menem, ni con Kirchner pasó.

En este nuevo marco político, los gobernadores parecen tener más incentivos para cooperar que para confrontar. Cedieron los juicios iniciados por coparticipación y otros puntos, pero obtuvieron "plata fresca". Salieron con la sensación de que no habían perdido. "Se logró lo que se podía, y más de lo que esperábamos", indicó una fuente de Hacienda consultada tras la firma. Algunos mandatarios lograron más fondos de lo que pensaban, como Santa Fe, cuyo gobernador amagó irse enojado y fue contenido por los funcionarios de Macri. Otros lograron que no se aplicaran medidas que iban en contra de la industria local como Mendoza. Y La Pampa consiguió parte de lo que buscaba, como que no le toquen la caja previsional de la provincia.

 ¿Una nueva etapa de diálogo?

 El nuevo escenario político abre para La Pampa una nueva etapa de diálogo con Nación, entreviéndose una relación más moderada que la confrontación que se había dado entre las dos jurisdicciones en 2017, pero no por eso menos tensa. La negociación, ahora, se trasladará al Congreso, donde se van a discutir la mayoría de las iniciativas que quiere llevar adelante el macrismo.

El politólogo Julio Burdman habla de cómo se puede dar esta relación Nación-Provincia o entre el presidente Macri y los gobernadores peronistas, en la nueva etapa política que se abre tras las elecciones que cambiaron el mapa del poder en el país.

Los ciclos presidenciales y gubernamentales se dan juntos. Y se analiza que en 2019 Macri irá por la reelección, y con posibilidades de repetir si mantiene su aprobación. Los gobernadores quedaron condicionados por esto. Los nuevos, que tienen una reelección por delante, saben que dependen para sostener su gestión de tener una buena relación con la Casa Rosada, ya que pueden gobernar también por ocho años. Solo piensan en pelearle 2019 los que ya cumplieron su ciclo de gestión.

Por eso los gobernadores, indica Burdman, necesitan llevarse bien con la Casa Rosada, que es quien firma sus cheques. Y quieren que al presidente le vaya bien porque sus ciclos están sincronizados. "Estos gobernadores peronistas van a ayudar a Mauricio Macri a gobernar -indica-, como los gobernadores radicales ayudaron a Kirchner o los peronistas a Menem en su momento". Una gobernabilidad cruzada, aunque esto no significa que cada tanto Verna muestre sus dientes.

Norberto Asquini

Columnista en InfoHuella