Juicio DDHH: 29 perpetuas a represores de la ESMA

Nacionales 30 de noviembre Por
Hubo dos perpetuas para los comandantes que tripularon los aviones Skyvan. Uno de ellos es el que se habría usado para el “traslado” de los secuestrados de la Iglesia de la Santa Cruz. También volvieron a ser condenados los represores más emblemáticos de la ESMA.
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Por Alejandra Dandan – Páginas 12


“Señoras y señores el juicio ha concluido”, se escuchó. El presidente del Tribunal Oral Federal 5 Daniel Obligado clausuró así cinco años larguísimos del juicio más importante en la historia de juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad de este país. Las 48 condenas a los 54 imputados por los crímenes de la ESMA incluyeron lo que hasta minutos antes todavía estaba en duda: dos perpetuas para los comandantes que tripularon los aviones Skyvan. Uno de esos aviones es el que se habría usado para el “traslado” de los 12 secuestrados de la Iglesia de la Santa Cruz, entre ellos tres madres de Plaza de Mayo y las monjas francesas Alice Domon y Leonié Duquet. De esa manera, las condenas a los pilotos Mario Daniel Arru y Alejandro Domingo D’Agostino, de Prefectura dieron por probado sus responsabilidades en los crímenes, pero también lo que este juicio tenía como materia pendiente: la existencia de los vuelos de la muerte como mecánica de exterminio masiva fabricada por los genocidas. El fallo, dividido y discutido hasta minutos antes de la sentencia, tuvo 29 perpetuas y 10 condenas muy escasas de entre 8 y 10 años de prisión con 4 excarcelaciones. También hubo otras nueve condenas de entre 10 y 25 años y 6 absoluciones, entre ellas al ex ministro de Hacienda Juan Alemann, uno de los dos civiles juzgados, y a los otros tres acusados por los vuelos, aquellos que confesaron ante compañeros de trabajo y familia su participación. Las absoluciones salieron en dos casos por el voto en mayoría de Leopoldo Bruglia y Adriana Pagliotti. Y por unanimidad en el caso de Julio Poch, reciclado como aviador civil en la línea de bandera de Holanda, dueño de un fabuloso poder de lobby en ese país.

Cuando Obligado terminó la lectura, después de cinco horas de audiencia, Poch se levantó de la silla eufórico, abrazado por antiguos camaradas de armas y con el festejo de las esposas de los marinos que incluyó aplausos, himno nacional, reparto de cedés y cancionero en tono falangista entre quienes siguieron la lectura desde el primer piso repleto de la sala Amia de los tribunales de Comodoro Py. “¡Cárcel común, perpetua y efectiva, ni un sólo genocida por las calles argentinas!”, cantó la sala de abajo en el final. Nora Cortiñas, Vera Jarach y Clara Weinstein, todas Madres de Plaza de Mayo, se levantaban de las sillas. Se oyó fuerte el “Como a los nazis les va a pasar”, mientras larguísimas filas de los ahora condenados iban tratando de abandonar la sala. Las manos de los familiares y sobrevivientes se pegaron contra el blindex ante la euforia de los 10 que ya mismo salieron en libertad. Los familiares de las víctimas sostuvieron las imágenes de los desaparecidos en las manos. Entre ellos, Silvia Lizaso levantó la foto de familia. Dijo: soy la única sobreviviente, y señaló desaparecidos y asesinados de tres generaciones distintas.

“Creo que es un juicio histórico”, dijo Ana María Careaga apenas salió. Es hija de Esther Ballestrino de Careaga, una de las madres de Plaza de Mayo asesinadas en los vuelos de la muerte. “No ha habido ningún juicio así en ningún lugar del mundo -dijo– y en la Argentina es el juicio más grande, duró cinco años, con muchas víctimas, 54 represores, algunos se murieron, pero es la primera vez en la historia de este país que se condena a los que eran el último eslabón del engranaje, que eran los pilotos que arrojaban con vida a los desparecidos al mar. Por eso creo que es importantísimo. Después habrá tiempo para ver los fundamentos, porque las condenas siempre son injustas”. Atrás, Patricia Walsh dejaba la sala. “Es importante rescatar con este resultado lo que nuestra lucha consigue –dijo– en este caso 29 condenas perpetuas cuando sabemos que era todo muy difícil y denunciar lo que significa la construcción de impunidad para estas absoluciones que vamos a apelar y vamos a seguir insistiendo con la verdad, la memoria y la justicia”. Nora Cortiñas salía con Víctor Basterra, uno de los muchos sobrevivientes de la sala. Cuando se iba Victor se quedó mirando a los represores. “Mirá ahí, ¿lo ves?”, preguntó. “Es el Hormiga Orlando González”. Ese hombre que se daba aires de fotógrafo en la ESMA, fotografiando a las prisioneras, acaba de ser condenado a perpetua. “Es una jornada media histórica, realmente”, explicó Basterra. “El juicio más grande cuando en realidad tenemos muchas contras porque lleva cinco años y estamos en un contexto difícil”. Hormiga Negra, para entonces, con su camisa blanca y saco gris había dejado la sala.

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