Para enamorarse bien hay que venir al oeste

El atardecer en Algarrobo del Águila parece ganarle al tiempo conocido. Es casi la hora 21 en este poblado de La Pampa y el sol estival se rebela en su oficio de innegable ocaso o de postrimería del día.
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Cierto que no es una sensación casual: para quien observa con ojos espectadores y novatos es un descubrimiento a los sentidos, que se confirma en las nubes de rosados difusos cincelando el cielo oesteño.

Entre el río y bardas cercanas, Algarrobo aparece como un lugar cálido y tranquilo. Con renovado ímpetu tras la apertura del río  Atuel,  el lugar suscita en el espectador una sensación de serenidad y a la vez de dinamismo que lo brindan las nuevas actividades destinadas para las familias, paseos en kayak, espacios recreativos para niños y niñas, lugares para acampar, cabañas y precios accesibles en los comercios, sumado a la cordialidad de la gente del lugar.

La calma que brinda el espacio se traduce en una opción de turismo provincial y en la seguridad con la que pueden desarrollarse las diversas actividades. A un costado, un par de niños diseña un juego primitivo, la pesca. Con botellas, ramas y redes improvisadas ensayan una práctica remota y, a su lado, adultos acompañan la tarea. Se advierte que no son ajenos al aire de proximidad con el otro que se vive, somos todos de por acá, de la zona, compartimos las mismas problemáticas, una identidad e idénticos deseos de que la medida favorable que creó la ilusión de un aprovechamiento del Atuel compartido, se haga realidad.

Puede pensarse cierto, que la inmensidad, la distancia y el paisaje casi infinito aparezca como una limitación, pero es también una posibilidad que muestra una opción de turismo provincial por demás interesante.  Y lo afirman las intenciones de sus colonos que hacen frente a la adversidad en una tierra transitada por ranqueles, cabalgada por Juan Bautista Vairoleto, jinete rebelde del tiempo y, claro, contemplada por Julio Domínguez, el Bardino.

Frente a ello, aparece ese atardecer que ya nos había anunciado el Bardino, un lugar donde el sol rompe el horizonte rosado. El ocaso resplandece e interpela en esa reverberación del sol. Así, entonces, para enamorarse bien se puede venir al oeste.

Fotos: Ana Valentina

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Pescara, María Alfonsina

Columnista en InfoHuella

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