Juicio Charlín: un PJ cómplice del Juez que acosaba y avisaba de allanamientos

Provinciales 09 de marzo de 2018 Por
Iara Silvestre, secretaria penal del Juzgado Federal de Santa Rosa, dijo este jueves que el exjuez José Antonio Charlín la acosaba, maltrataba a mujeres del organismo y reveló que avisaba al poder político de los allanamientos o resoluciones que iba a realizar.
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Silvestre fue la primera testigo en declarar en el juicio que lleva adelante el Tribunal Oral Federal de Santa Rosa contra el exmagistrado.

“Charlín juró en el mes de junio (de 2013)”, recordó. La primera reunión ya fue llamativa. “Comenzó a hacerme preguntas del personal del juzgado, cómo era cada uno, y del fiscal que estaba en ese momento (Juan Baric)… Fue una reunión bastante larga, en exceso, duró desde las 11 como hasta las 2 de la tarde de un sábado. Me pidió incluso que le consiguiera o recomendara un peluquero… Cosas que nunca me habían pasado con un jefe… Concluyó la reunión, pude irme y el lunes llegué a trabajar temprano, como siempre. Lo encontré en la entrada, se bajó del auto y me saludó muy efusivamente, abrazándome. Me sentí incómoda”.

Dijo que Charlín llegaba “siempre muy tarde” al juzgado. Generalmente después de las 11 de la mañana, lo que trastornaba el funcionamiento del juzgado. “Se nos acumulaba el trabajo y los expedientes no fluían. La situación era caótica en el orden laboral. Decía que bajaba a indagar y recién lo hacía a las cuatro o cinco horas…”, dijo.

Una tarde, Silvestre debía enviar un mensaje a su marido porque debía quedarse más tiempo en el juzgado. El juez intentó hacerle un chiste. “‘Mentile, mentile, si le habrás mentido tanto a tu marido…’, me dijo. Me afectó en ese momento, Me resultó muy chocante, porque apenas lo conocía”, consignó Diario Textual.

“Desde ahí comenzó una seguidilla de cuestiones, que tenía que ver con mis atributos físicos. Una vez, me pidió que lo comunicara con la doctora Barrios. Cuando yo estaba tratando de hacer la llamada por teléfono, me mira los pechos y me dice: ‘¿Todo eso es tuyo o hay bisturí?’”, relató.

Dijo que comenzó a tener temor. “Se acercaba mucho. No respetaba ese campo invisible, de distancia, entre dos personas… Uno estaba como retrocediendo y él avanzando”, contó.

Les pidió a sus compañeros que no la dejaran sola.  “No me dejen sola, encerrada, con él”, les pidió.

Contó también que el entonces juez hacía “alarde” de sus contactos políticos y judiciales. “No sé si eran ciertos esos contactos…. Y en función de esos contactos, decía que iba a ser nombrado para ser juez de casos de delitos de lesa humanidad. Porque él menospreciaba este cargo, decía que estaba para más”, dijo.

“Me sentía mal porque era una apasionada del trabajo y me había sacado las ganas realmente de trabajar”, expresó, en otro tramo, al borde de las lágrimas.

Dijo que el entonces juez comenzó a avisar al poder político de las medidas que iba a tomar. Una de las primeras situaciones se dio por el caso de trata de personas en el prostíbulo Good Night, de Lonquimay, donde estaba siendo investigado el intendente Luis Rogers y un policía.

“Yo era de Lonquimay y por supuesto que conocía a toda la gente del pueblo. Me preguntó de qué línea interna del PJ era Rogers. Le dije, se sabía que era de Convergencia. Ahí me dijo que le iba a avisar a la vicegobernadora de ese momento, Norma Durango (de la misma línea interna de Rogers) para comunicarle que iba a tener que llamar a indagatoria a Rogers”, sostuvo Silvestre. “Después, me dijo, íbamos a ver, que, si lo procesaba o no”, contó.

También Charlín citó al juzgado al policía acusado, el comisario Carlos Alanís. “Cuando entramos a la reunión, abiertamente le sugirió que no declarase, que evitara el contacto con el intendente, para así después buscar la forma de desvincularlos…”, sostuvo.

Este jueves, al iniciarse el juicio, declararon cinco testigos.

No fue el único caso. “Otra situación que me generó preocupación es que hubo un pedido de allanamiento de la Policía Federal por la Ley de Marcas, en un comercio de Toay de la familia Marín, de origen boliviano. Cuando escuchó Marín, se alertó. Como me doy cuenta de su confusión, le explico que no tiene nada que ver con Rubén Hugo Marín. Me decía, me insistía, que cuidado que era Marín, que cuidado que era Marín, que cuidado que era Marín”, relató. Luego, Charlín le dijo que había llamado al intendente Ariel Rojas, de Toay, para avisarle del allanamiento. “Creo que el intendente no entendía este vínculo que hacía con Marín… El intendente le dijo, según me comentó Charlin, que no se preocupara”, declaró.

“Sí, era cierto que él avisaba de los allanamientos, me empecé a preocupar seriamente”, dijo.

Dijo que escuchó agresiones verbales a otras compañeras. “A Celia le decía ‘la conchuda’ o la ‘yegua’. “También a otras compañeras se refería en forma grosera o despectiva. A María A. le decía ‘el gato’”, dijo.

Todo explotó un día. El magistrado comenzó a las patadas y rompió un machimbre de una pared. “Tomó un arma de un custodio e hizo manifestaciones con esa arma. Eso lo escuchó o vio Alicia Traverso, que salió corriendo y fue a la fiscalía a denunciarlo”, contó. Así, otras trabajadoras también lo denunciaron. Entre ellas, Silvestre. Inmediatamente, el juez fue desplazado.

Fuente y Foto: Diario Textual

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