Lo que miramos sin ver:  barro tal vez, en una esquina victoriquense

Opinión 30 de septiembre de 2018 Por
Hoy, como tantas veces, pasé una vez más por la esquina, pero esta vez la miré y pude verla, orgullosa, modestamente altiva y de pecho al sol que salía. Anónimo testimonio de un tiempo que le fue propio y le tocó vivir. 
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Por: Luis Alberto Cazanave / Columnista en InfoHuella


Hoy es apenas, un rancho de chorizo, clavado en una esquina victoriquense que todos miran y pocos o nadie ve, y como a veces este tiempo hace que uno tenga que elegir hablar de lo urgente sin pensar que a veces está bueno poder hablar de lo importante.

Y se me vino un tropel de ideas que empecé a pensar mientras seguía: ¿quién fue el que amasó ese barro y le dio liga?, ¿quién cortó las pajas que luego de embarradas trenzó sobre los alambres para que fueran orgullosas piezas de chorizo, nombre que llevaban estas construcciones que se levantaban en pioneros pueblos y zona rural?

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Seguía el tranco, e insistía con preguntas: ¿quiénes fueron sus dueños?, ¿quiénes la habitaron?, ¿cuántos hijos abrigó en su interior?, ¿cuántos sueños tomaron forma?, ¿cuántas frustraciones chorrearon junto al hollín sus paredes?, ¿Nació alguien, murió alguien alguna vez allí?, ¿cuántas veces sus aleros criaron y vieron revolotear pichones de gorriones?

Y así pude seguir pensando muchas historias más. Y no sé si quería encontrarles respuestas a tantas preguntas, creo que prefiero seguir ignorando todo para no romper ese hechizo y la magia que le da el tiempo. Sin dudas, era a la vez una forma de mantener su mística y su misterio. Hoy lo único que queda son unos postes de caldén que sostienen su estructura y parte de las paredes que resisten el tiempo.

Al fin, era solo una casa de barro en una esquina de mi pueblo que seguiré mirando cuantas veces sea necesario. Esa postal añeja, tan presente que, como una suerte de manto natural, una enredadera silvestre ha empezado a cubrir como si quisiera proteger lo que queda de ella o, por qué no, ocultar su ocaso y los duendes que la habitan.

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Fotos: InfoHuella

Luis Alberto Cazanave

Columnista en InfoHuella