Tirá una encuesta: verdades y mentiras de los sondeos pampeanos

Opinión 12 de noviembre de 2018 Por
En la política pampeana las encuestas de opinión pública se pusieron de moda frente a las decisiones trascendentes que debe tomar cada fuerza política de cara a 2019: el gobernador Carlos Verna encargó una para definir a su posible sucesor en el PJ; los tres postulantes por la UCR en Cambiemos quieren hallar un encuestador que dirima cuál de ellos va a ser el candidato a gobernador, si es que se ponen de acuerdo.
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Por Norberto G. Asquini / Columnista en InfoHuella


Mientras tanto, dirigentes lanzan sus propios sondeos para presionar en las negociaciones y otros encargan los suyos para saber dónde están parados. Ahora, hay que preguntarse ¿sirven las encuestas?

 ¿Cómo encuestar un votante volátil?

Las encuestas de opinión pública han sido vapuleadas en los últimos años por la brecha que hubo entre los números que arrojaban y los resultados que dan las urnas. Esto se observó en varios procesos electorales de los últimos años y que fueron casos resonantes: se puede mencionar la consulta del Brexit en el Reino Unido, el plebiscito por la paz en Colombia, las elecciones en EEUU entre Trump y Clinton y hasta las elecciones argentinas de 2015. “Las encuestas sirven para todo, menos para saber quién va a ganar”, afirma el consultor mexicano Roy Campos en el programa El Bunker.

Los sondeos son una foto de un momento dado, sirven para saber qué piensa la sociedad y es una herramienta imprescindible para cualquier estrategia. No predicen, y se deben cruzar con otros datos para tener un diagnóstico más certero. Además, hay modificaciones en el mismo proceso electoral con hechos en la campaña que van incidiendo en la opinión del votante y pueden cambiar las lógicas. Estamos así ante una opinión pública volátil, una característica que se va profundizando cada vez más, y ante un ciudadano que ha perdido su buena relación con la clase política. De hecho, dos encuestas realizadas en Santa Rosa en los últimos meses indicaron que el 45% de los consultados no se identifica con ningún espacio político. Por eso, medir intención de voto es cada vez más difícil.

 Los sondeos pampeanos

Con los tiempos acotados para los acuerdos en La Pampa para las elecciones de 2019 ante el desdoblamiento que adelantaría todo el proceso electoral en más de cuatro meses, las encuestas están al orden del día. El gobernador Verna encargó la suya y el consultor Hugo Haime ya la hizo. Es para ver quién está en mejores condiciones para ser el posible postulante del PJ. Los tres precandidatos radicales en Cambiemos van a realizar una para definir en una inédita resolución quien encabezará la boleta en la interna frente al PRO. Los tres desconfían de las propuestas que puedan hacer los otros en cuanto a la consultora que se va a contratar.

En las últimas semanas llegaron a los medios o circularon sondeos encargados por el marinismo, dos de dirigentes del vernismo (en las que se resalta la buena aceptación que tendrían dos ministros distintos), el kirchnerismo hizo una antes de lanzarse en Santa Rosa y hay un par más. Todos indican lo mismo para el escenario nacional: la caída en la imagen presidencial por la crisis económica.


Los medios han sido cautos en su difusión. Todas tienen su intencionalidad. Pero los sondeos son, a pesar de que no sean creíbles del todo por su procedencia, demasiado atractivos para llegar a sus públicos como para dejar de difundirlos.

Ganar encuestas, perder elecciones

Las encuestas de opinión pública dan un diagnóstico de lo que está pasando, y la mayoría de los dirigentes que las encarga la utiliza más para posicionarse en tiempos preelectorales o en tiempos de campaña con fines publicitarios para intentar “volcar” el voto a su favor (error de quien poco conoce de comunicación política). También para intentar desalentar a posibles competidores. Pero hay una máxima: los números reales nunca se difunden y los que se difunden están “retocados” y nunca son completos. Y agregamos una más para tierras pampeanas: los que se difunden nunca aciertan. Veamos algunos ejemplos:

– En 2015 circuló una encuesta en la interna del PJ. Verna medía 40% y Fabián Bruna del jorgismo no llegaba al 6%. En la interna finalmente fue Verna 56% y Bruna 44%.

-A fines de 2014, un sondeo que llegó a los medios afirmaba que la unidad entre Torroba y Mac Allister en una lista supera por mucho una posible candidatura de Verna. El PJ ganó meses después con el 46% de los votos y Verna tuvo cerca de 100 mil adhesiones.

-En 2015 para las PASO de legisladores nacionales el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) distribuyó una en la que el radical Juan Carlos Marino era el más votado en la categoría senador y María Luz Alonso le ganaba a Daniel Lovera en la interna del PJ. Marino terminó ganando en una floja performance, con Mac Allister muy cerca, y Lovera es ahora senador.

-En 2017 las encuestas que dejó trascender a los medios el gobierno provincial marcaban altos niveles de desaprobación para el presidente Macri. En las PASO de ese año la lista de Cambiemos superó en la sumatoria de votos a la del PJ. Poco después el oficialismo cambió el encuestador por Haime.

– En esa elección, los medios tradicionales realizaron una campaña abierta por Martín Berhongaray, candidato de Cambiemos, tanto que casi no se publicaban noticias sobre Martín Maquieyra y Francisco Torroba. Las encuestas que se difundieron, de Synopsis y de Gestión y Comunicaciones, dieron ganador en todos los escenarios a Berhongaray, y fueron difundidas desde su sector. En una, Berhongaray llevaba la delantera con el 35% de la intención de voto, seguido por Maquieyra (29%) y Torroba (23%). Maquieyra ganó las PASO.

El consultor Fernando Dopazo indica que este tipo de “errores” no es un problema de las encuestas sino de cómo los medios interpretan los números con una lógica de “quién gana mañana”. Estos sondeos son apenas una foto puntual de la opinión de una sociedad y no es una herramienta para determinar lo que va a ocurrir el día de la elección. Cada vez que se difunde una consulta, más allá de los mensajes al círculo rojo, el ciudadano medio ya tiene los anticuerpos para saber cuál es el mensaje que se le quiere bajar. El votante no es ingenuo.

Norberto Asquini

Columnista en InfoHuella