La democracia de hoy, al ritmo de la música de ayer

Opinión 20 de diciembre de 2018 Por
En la década del 60 Domenico Modugno convirtió en éxito un viejo poema que decía "si yo tuviera 20 desengaños menos, sería hermoso..." Planteaba una serie de utopías hermosas y, como de costumbre, se me ocurrió pensar que quienes hace años abrazamos la política como una herramienta transformadora, hoy vemos que toda la mística, la fuerza y los principios con que llegamos alguna vez, fueron reemplazados por un pragmatismo exagerado y peligroso.
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Por: Luis Alberto Cazanave


En estos nuevos tiempos, lo importante es sumar, no importa a quién, pero si suma, sirve: una suerte de “legión extranjera” devenida en versión criolla. Por estos días vemos como algunos pocos se reparten cargos, mientras hay un resto, siempre hay un resto dando vueltas, se acomoda debajo tratando de "caranchear "las sobras. Dijo Discépolo en Cambalache, “en el mismo lodo, todos manoseaos…”

Y quienes tenemos una cuasiromántica manera de vivir la política e intentamos una y otra vez andar con las manos vacías, tanto como cuando llegamos y cuando nos vamos, advertimos que la salida, que no puede ser de otra forma que no sea en democracia, "chocamos " con los mediocres con poder que en base a repartir cargos, créditos y prebendas que pagamos todos, siguen enquistado en ese poder. Ese mismo poder que frente a las elecciones juntan con otros feudos tan vacíos de principios e ideas como todos. Y van de derecha a izquierda, pasando por progresismos, humanismos y todas las casacas de “ismos” que estos jugadores se ponen cada tanto para parcelar la sociedad.

Una sociedad inerme y flácida, con crítica fácil pero incapaz de ocupar el rol de transformación que se necesita para cambiar el norte, es, sin dudas, una sociedad timorata que está todo el tiempo buscando culpables para no hacerse cargo de nada. Y si se te ocurre levantar la voz en privado, ahí te da la razón, pero te dice “no sigas”, que “nunca vas a cambiar nada”, consejos que no dejan de ser una suerte de limosna, esa que los pecadores suelen dejar en el templo como forma de comprar indulgencias, si es que la tienen.

Mientras ellos zafen, el resto no me importa: ni mi pueblo, mi provincia y, mucho menos, mi país. 

Y al final, cómo diría Larralde: "El que ayer dormía entre bolsas y te hablaba como hermano, hoy solo aprieta tu mano pá ver si traes algo adentro”.

Luis Alberto Cazanave

Columnista en InfoHuella