No más grietas desde el silencio - Por: Melisa Frois Orueta

Opinión 25 de marzo de 2019 Por
Los espacios de memoria en Argentina son la representación visible de un pasado que no pasa (…) Algunos lugares convocan a la memoria, convocan a los sujetos a los mismos lugares de encuentro una vez más, a una plaza, a una convocatoria masiva con los que están, por quienes la vivieron y marchan por quienes -lamentablemente- ya no.
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Por: Melisa Frois Orueta  - Estudiante del Profesorado de Historia UNLPam


Hoy, a 43 años del inicio de la última dictadura militar que gobernó nuestro país me pienso como si mañana tuviera que iniciar mi clase abordando esta problemática -difícil, polémica, cruel- que forma parte de nuestra historia reciente y abrió una herida en nuestra sociedad que, claro está, sigue abierta. Pienso ¿cuál es el significado de esa fecha tal como se nos presenta hoy?, ¿dónde se “guarda” la memoria de un país? ¿Qué significado tiene para las generaciones que fueron y las de hoy, el legado del ‘Nunca más’? ¿Qué transmitir desde las escuelas, y cómo transmitirlo para que el compromiso con el Nunca más sea renovado y recreado por estas nuevas generaciones?

Estos 43 años que nos separan del 24 de marzo de 1976 son mucho más que un número. Yo lo asocio a una grieta; una grieta secreta como una cita con el pasado y otra con este demandante presente. Tal como lo sugiere el historiador Eric Hobsbawm, “en el fondo de esa grieta, o entre sus paredes yacen el estado de bienestar, muchos de los valores de la cultura iluminista que fueron el motor de la experiencia educativa moderna, los todopoderosos estados-nación, el socialismo como alternativa al capitalismo (…)”

Lo asocio a secreta porque la distancia es grande y el viento que sopló con tanta fuerza durante la década pasada nos persuadía de que era conveniente olvidar ese pasado, no solo el del ’76 sino también el de Sarmiento y Facundo, o el de Yrigoyen y Perón; pero ese viento no ha dejado de soplar, lo veo en la tele mientras escribo estas notas que espero que ese viento no agote, pero lo veo en  los pañuelos blancos marchando hacia nuestros lugares de memoria icónicos; hacia la Plaza de Mayo. Estas marchas que llevan a cabo las Madres constituyen una acción sostenida en el tiempo que procura no solo “marchar hacia algo” sino hacer ver aquello que cuesta ver, para así mirar, saber y enfrentar esta historia difícil y dolorosa. La marcha de las Madres continúa mientras pasa el tiempo y aumenta el riesgo de que este lugar quede cristalizado como una imagen de hechos lejanos que poco transmiten hoy o, mejor dicho, las marchas continúan porque el trabajo de la memoria no se acaba, porque resta mucho por saber antes de que se supere el trauma y llegue el alivio (el olvido).

Y así, vuelvo a mi planteo inicial, vuelvo a la escuela, lugar donde pronto volveré ya no en calidad de estudiante sino como profesora en Historia, pero mientras tanto repienso este desafío para cuando sea docente, lo propongo como una invitación para quien me lea. Una invitación - quizás filosófica porque no tengo certezas de que en efecto ocurra- a acortar las distancias entre esa grieta a la que hice mención más arriba que responde al “relato oficial” donde las memorias del pasado sirvan a la causa del ‘Nunca más’ para acercarnos, para hacerla real en las aulas, en la calle, y no sólo quede en el mero acontecimiento o en las efemérides. Me refiero a una invitación a avanzar en esta dirección donde las injusticias del ayer hablen con las de hoy, donde las búsquedas, los reclamos que quedaron del otro lado de la grieta se conozcan con quienes de este lado buscamos visibilizarlos pensando qué relación con el pasado reciente queremos promover, y qué otras formas de recuerdo y transmisión podemos ofrecer.

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