Por Miguel Ángel Villagra: La vigencia histórica de Mariano Moreno

Opinión 04 de agosto de 2019 Por
En estos días, donde se encuentra en debate la redistribución de la riqueza, las libertades individuales y el endeudamiento externo de nuestro país, resulta necesario traer a colación, documentos históricos que hoy tienen plena validez.
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Escribe: Miguel Ángel Villagra

Pasaron más de 200 años. Un 6 de diciembre, Mariano Moreno redactaba el Reglamento de Supresión de Honores, piedra angular y uno de los documentos fundantes del sistema republicano que hoy contamos.

El hecho ocurrió un 5 de diciembre en horas de la noche, en ocasión de un festejo organizado por Cornelio Saavedra en el cuartel de Patricios, motivado por el triunfo militar de la batalla de Suipacha. En el mismo, Atanasio Duarte, un capitán de “húsares” -segundo regimiento más antiguo del ejército argentino de caballería- en un estado pasmoso de ebriedad, ofreció un brindis en honor de Saavedra, haciendo alusión al “futuro emperador de América” y le obsequió una corona de azúcar a su esposa, Saturnina Otárola. Durante la jornada, Mariano Moreno se presentó al cuartel, y un centinela no le permitió entrar por no estar invitado.

Fue tal la cólera de Mariano Moreno por el mencionado suceso, que esa misma noche decidió escribir desde sus entrañas, un texto que a la fecha, adquiere plena vigencia.

EL REGLAMENTO

El Reglamento[1], que fue una flecha dirigida a Cornelio Saavedra, pero paradójicamente firmado también por él, significó el destierro perpetuo de Atanasio Duarte de la ciudad de Buenos Aires y el final de las prerrogativas traídas del período colonial.

El documento consta de 16 artículos y de una extensa introducción. Novedoso para la época, establece el trato igualitario entre los integrantes de la Junta con los ciudadanos, eliminando todos los privilegios heredados del virreinato, como los escoltas personales, comitivas, centinelas, honores y cualquier trato preferencial en eventos públicos.

El punto neurálgico del texto es su introducción, en donde se hace referencia de manera implícita, a la necesidad de contar con una constitución justa y liberal, para que el pueblo pueda vivir “bajo el dulce dogma de la igualdad”, como lo definía Moreno.

Resulta interesante advertir, qué tipo de relación proponía Moreno entre los gobernantes y los ciudadanos hace más de dos siglos. Más aún, cuando lo que plantea, es el respeto irrestricto a la igualdad en todas sus esferas, como condición necesaria para la existencia de un pueblo libre, conceptos que había heredado de pensadores como Voltaire, Montesquieu y Rousseau -éste último con su Contrato Social- que tuvieron gran influencia en las revoluciones independentistas de América Latina.

Moreno también advertía la dependencia que el endeudamiento podía representar para nuestro país, en razón de los condicionamientos que se pudieran exigir ante nuevos empréstitos. Tan precisas y contemporáneas son sus formulaciones, que resulta apropiado remitirnos expresamente a su textualidad: “Engreídos los prestamistas por haber salvado al Gobierno de tan peligrosa situación, se contendrán difícilmente en los límites de una situación respetuosa; la obligación que contempla al jefe, los alentará a injustas pretensiones y la más leve repulsa producirá quejosos y descontentos que acusen de ingratitud y pretendan castigar con el cobro (inmediato) de sus créditos y negación de nuevos auxilios”.[2] Hoy los argentinos vivimos en carne propia, como las exigencias y directivas del Fondo Monetario Internacional (FMI) menoscaban nuestra soberanía política e interfieren en la economía de nuestro país. Está claro, que esta situación es consecuencia directa del endeudamiento abismal del Gobierno Nacional, que durante poco más de tres (3) años, emitió deuda por más de 160 mil millones de dólares[3].

Durante décadas, la historia oficial ha planteado la falsa dicotomía entre los conceptos de libertad e igualdad, desconociendo y vaciando de contenido ideológico a Mariano Moreno, quien luchó por un ideario de sociedad que compatibilizaba ambos términos, es decir, un pueblo libre y con justicia social.

Moreno, de tradición jacobina y forjado al calor de las ideas de la Revolución Francesa, no desconoció los desafíos e injusticias de su tiempo. Promovió la libertad de indios y esclavos, y escribió el Plan de Operaciones[4], el verdadero programa revolucionario de Mayo, y en donde se encuentra vislumbrado su pensamiento político y económico. En éste, propugnó por la redistribución del ingreso de manera equitativa de los recursos mineros en el Alto Perú y fomentó el desarrollo económico a través del mercado interno y la industrialización.

Es posible y necesario hacer un paralelismo histórico entre las discusiones y los intereses en disputa que tenemos hoy, con los que ocurrían en 1810. Sencillamente, porque siempre se trata de cómo se distribuye la riqueza de nuestro país y hasta que umbral de derechos sociales, civiles y económicos puede avanzar el pueblo.    

Hoy, nos encontramos inmersos en una realidad económica y social apremiante, en donde el Gobierno Nacional está llevando a cabo un ajuste económico atroz sobre los sectores más desprotegidos y la clase trabajadora en general. Banderas ficticias como la defensa de libertades individuales y el respeto de la institucionalidad, son vociferadas por el Gobierno para justificar el cercenamiento de derechos, que hasta hace un tiempo atrás, muchos de los argentinos creían adquiridos, inamovibles e intocables.

Nuestra historia suele ser cruel y dura. A veces cuesta mirar atrás y darnos cuenta que algunos procesos políticos regresivos, que eliminaron derechos sociales y económicos a los argentinos, y endeudaron al país, han sido cíclicos en nuestra patria.

Pero también nuestras raíces pueden ser una oportunidad de reflotar el pensamiento de Moreno, Belgrano, Castelli, Dorrego y saber que tanto ayer como hoy, existía y existe una visión más inclusiva de nuestro pueblo.

El próximo domingo elegiremos nuestros gobernantes para los próximos 4 años. Quizá el conocimiento y la conciencia de nuestra historia, nos permita construir a través de la democracia, una sociedad más justa e igualitaria. Porque no todo fue, es y será lo mismo.


[1] Decreto de Supresión de Honores, 1810, La Gaceta.
[2] “Representación de los hacendados”, 1809, Mariano Moreno.
[3] Informe del Observatorio de Deuda Externa (ODE), dependiente de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (Umet).
[4]   Los Malditos, Tomo II, pág. 127. Norberto Galasso – Ed. Madres Plaza de Mayo.

Ilustración: Retrato de Mariano Moreno, obra del artista Juan de Dios Rivera en el Alto Perú.

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