Es de Santa Isabel, está detenido por un asesinato en San Luis y dice que es inocente

Zonales 11 de diciembre de 2019 Por
“Yo le juro señor que soy inocente. Y no hay ni una prueba, ni una sola, contra mí. Ni una. Yo estaba en el campo Villa Luján, al sur de Arizona (San Luis) y nunca supe cómo ni quién o quiénes lo mataron. A mi me detuvieron y me metieron en un calabozo. Me ataron y ahí me dejaron, atado y colgado. Dos días, señor. Me golpearon, colgado, y me hicieron firmar un montón de papeles. Yo, la verdad señor, no sé qué firmé”.
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Florencio Ramos, quien hace casi dos años se encuentra detenido en el Complejo Penitenciario I de San Luis, dice a Diario Textual que es inocente. «Quiero ver a mi familia, que la tengo tirada hace dos años en Santa Isabel».

Florencio, de 35 años, es oriundo de Mendoza y hace una década que reside en Santa Isabel. Es puestero. Está acusado, junto César Romero, de 24 y oriundo de San Luis, de haber asesinado al pampeano César Crispín Etchart, de 73 años.

Etchart era el administrador del campo. Su cuerpo apareció del lado del acompañante en su camioneta Ford Ranger, color gris. Estaba maniatado, ensangrentado y con golpes en la cabeza y envuelto en una bolsa de consorcio.

La camioneta se encontraba al ingreso del establecimiento Villa Luján, ubicado a unos 25 kilómetros del sur de Arizona y a solo unos 3 kilómetros del límite con La Pampa.

“Yo y el otro muchacho éramos puesteros del campo. Un día sábado (Etchart) nos hizo encerrar los toros. Salió, porque dijo que iban a venir unos compradores y no volvió más. El domingo cayó la Policía y nos preguntó. Yo no sabía nada y me metieron en un calabozo. La pasé mal”, cuenta a Diario Textual.

“El otro (NdeR: por César Romero) es el que dice que yo lo maté. Por eso sigo detenido”, sostiene. ¿Quién lo mató? «No lo sé. Yo no fui», agrega.

Hoy está detenido en el Complejo Penitenciario 1 de San Luis, en un pabellón con otros 23 detenidos. “Supuestamente el juicio se va a hacer en abril de 2020”, dice. “Yo quiero tener ya la libertad. Quiero trabajar porque tengo a mi mujer y mis tres nenes de 10, 7 y 3 años, viviendo en una casa sin revocar y bajo las chapas. Yo soy el sostén y no puedo trabajar”, dice. “Mi mujer anda limpiando terrenos para juntar unos pesos y sobrevivir”.

Dijo que, en dos años, solo pudo ver a sus hijos en dos oportunidades. «No tienen plata para viajar. Y de acá solo me pudieron llevar dos veces a Santa Isabel», dice. «Ya no aguanto más. Soy inocente», finaliza.

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