
Cuando el sol terminó de acomodarse en la mañana del jueves 1 de enero de 2026 sobre el ingreso al pueblo, frente al quincho municipal, el General Juan Domingo Perón ya no estaba erguido en su lugar de siempre. O, mejor dicho, estaba: pero tirado, con la ñata contra el asfalto, sostenido por los restos de una estructura de cemento y ladrillo vencida hacia adelante.





















