
“Lo volveríamos a hacer”: los activistas argentinos que desafiaron el bloqueo a Gaza relataron su experiencia en la UNLPam
InfoHuella

Escribe: Aisha dos Santos Echeveste (*)

Lo volveríamos a hacer
La frase, repetida durante la charla, sintetizó el espíritu con el que Paula Jiménez y Lucas Aguilera, dos de los activistas argentinos que participaron de la misión humanitaria Global Sumud Maghreb, relataron su experiencia ante estudiantes, docentes y organizaciones sociales en la Universidad Nacional de La Pampa.
Lejos de centrar su exposición exclusivamente en lo que ellos mismos atravesaron, los militantes buscaron poner el foco en la situación de la población palestina y en la necesidad, según plantearon, de no permanecer indiferentes frente al sufrimiento de quienes viven en la Franja de Gaza.

La historia que llevaron a la universidad comenzó con una caravana internacional que tenía como objetivo transportar ayuda humanitaria hacia Gaza. El recorrido atravesó distintos territorios del Magreb hasta llegar al este de Libia, donde, según relataron los propios protagonistas, la delegación fue detenida.

Una caravana humanitaria rumbo a Gaza
La iniciativa civil internacional Global Sumud surgió con el objetivo de desafiar el bloqueo a la Franja de Gaza mediante acciones terrestres y marítimas y transportar insumos destinados a la población civil.
Según explicaron Jiménez y Aguilera durante la charla, la caravana terrestre estaba integrada por voluntarios de distintas nacionalidades y trasladaba elementos como ambulancias, medicamentos, casas móviles, alimentos y kits sanitarios.
El recorrido atravesó Marruecos, Argelia, Túnez y parte de Libia. La delegación se encontró luego con dificultades al intentar continuar hacia el este del país, una zona políticamente fragmentada y bajo el control de las fuerzas vinculadas a Khalifa Haftar.
Jiménez, psicóloga, y Aguilera, veterinario, formaban parte del equipo sanitario de la misión.
Según su relato, frente a las dificultades para avanzar, un grupo de diez voluntarios decidió continuar con el convoy y exigir a las autoridades una respuesta formal sobre el ingreso de la ayuda humanitaria. Fue entonces cuando, de acuerdo con lo contado por los activistas, fueron interceptados y detenidos.
Lo que siguió, según describieron, fue una experiencia de aislamiento y extrema incertidumbre.
Bengasi: aislamiento y denuncias
Los activistas relataron que, después de una primera detención, fueron trasladados mediante un vuelo que, según dijeron, había sido presentado como un regreso a Trípoli pero terminó en Bengasi.
A partir de allí, denunciaron haber permanecido detenidos durante varias semanas en condiciones que describieron como inhumanas y sin las garantías legales que reclamaban.
Jiménez y Aguilera sostuvieron que fueron interrogados sin abogados y que se les pidió colocar sus huellas dactilares sobre documentos redactados en árabe que no podían comprender. También afirmaron que durante los interrogatorios se los vinculó con posibles delitos como espionaje, terrorismo, asociación ilícita y entrada ilegal al país.
El relato de Jiménez estuvo atravesado por situaciones concretas que permiten dimensionar la dureza de la experiencia. Contó, entre otras cosas, las condiciones de aislamiento en las que permanecían y las dificultades que atravesó durante su período de detención.
Más allá de la precisión de cada uno de esos episodios —que forman parte del testimonio brindado por los protagonistas—, la exposición permitió reconstruir la dimensión humana de una experiencia que los activistas describieron como traumática.
El cuerpo como forma de protesta
Ante lo que describieron como la ausencia de respuestas y garantías, los integrantes de la delegación recurrieron a la huelga de hambre como forma de protesta.
Para luchar, la única forma era llevar el cuerpo al límite de la muerte
relató Paula Jiménez durante la charla.
Según explicó, una segunda huelga de hambre se extendió durante cinco días y cuatro de ellos transcurrieron sin ingerir agua. Los activistas señalaron que algunos integrantes de la delegación llegaron a presentar graves alteraciones en sus niveles de glucosa y que Jiménez sufrió un episodio de hipotensión seguido de convulsiones.
La situación, siempre de acuerdo con el relato brindado durante la charla, terminó generando una presión internacional que permitió que los detenidos realizaran una comunicación para dar cuenta de que permanecían con vida.
Fue a partir de ese momento, señalaron, cuando el caso comenzó a adquirir mayor repercusión fuera de Libia.
Del regreso a la Argentina a la discusión política
El regreso al país también estuvo atravesado por cuestionamientos políticos.
Durante la exposición, los activistas criticaron la posición inicial que, según señalaron, adoptó la Cancillería argentina frente a su viaje. Jiménez y Aguilera sostuvieron que desde el Gobierno se había calificado la misión como una “actividad temeraria” y se había puesto en duda el carácter humanitario de la ayuda transportada.
La controversia, según plantearon, contrastó con las muestras de solidaridad recibidas posteriormente de sindicatos, organizaciones sociales, organismos de derechos humanos y distintos sectores políticos.
En ese punto, la charla dejó de ser solamente un relato sobre lo sucedido en Libia y se transformó en una discusión más amplia sobre política internacional, derechos humanos y el papel de la sociedad frente a los conflictos que ocurren lejos de nuestras fronteras.
“La inacción no es una opción”
Uno de los momentos más fuertes de la exposición llegó cuando Jiménez explicó que la experiencia vivida no había modificado su compromiso con la causa palestina.
Nosotros nos salvamos porque somos diez blancos occidentales con pasaportes privilegiados, pero lo que sufrimos no es ni una cuarta parte de lo que padece el pueblo palestino diariamente
La frase resume una de las ideas centrales que atravesaron la charla: para los activistas, el objetivo no era convertir su propia experiencia en el centro del relato, sino utilizarla para volver a poner la mirada sobre quienes, según plantearon, padecen cotidianamente las consecuencias del conflicto y la crisis humanitaria en Gaza.
Aguilera, por su parte, vinculó la experiencia internacional con la situación política argentina y cuestionó el rumbo de la política exterior del Gobierno de Javier Milei, además de advertir sobre lo que consideró un avance de la criminalización de la protesta y de la militancia por los derechos humanos.
En este punto, la exposición adquirió un marcado tono político. Y resulta inevitable: quienes estaban frente al auditorio no pretendían solamente contar una experiencia personal, sino defender una determinada mirada sobre el mundo, sobre Palestina y sobre el lugar que debería ocupar la solidaridad internacional.

Al finalizar la charla, Paula Jiménez y Lucas Aguilera fueron reconocidos por el decano Eric Schmuker de la Facultad de Ciencias Humanas y por representantes de organizaciones gremiales y sociales presentes.
Pero quizás la conclusión más significativa fue la que ellos mismos dejaron.
A pesar de las consecuencias psicológicas que, según contaron, todavía procesan después de aquella experiencia, ambos afirmaron que volverían a participar de una iniciativa similar.
Lo volveríamos a hacer
No como una reivindicación del sufrimiento padecido, sino —según explicaron— porque consideran que la indiferencia tampoco es una alternativa.
En tiempos en los que las guerras, los desplazamientos y las crisis humanitarias pueden parecer acontecimientos demasiado lejanos, la experiencia relatada en la UNLPam vuelve a plantear una pregunta incómoda: ¿qué hacemos frente al sufrimiento de otros cuando no podemos cambiar el curso de una guerra, pero sí decidir si miramos hacia otro lado?
Para Jiménez y Aguilera, la respuesta sigue siendo la misma: organizarse, solidarizarse y poner el cuerpo.
La inacción, sostienen, no es una opción.
(*) Estudiante de la Licenciatura en Comunicación de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de La Pampa UNLPam.




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