
“Puesteros del Oeste”: un libro del pasado que se llenó de presente
Jesús Iván Fernández


Por Jesús Fernández
Columnista en Infohuella
En tiempos donde todo parece efímero, el oeste se aferró a eso que le llamamos cultura, que es nuestra identidad, nuestras vivencias. Hace unos días en los pueblos de Santa Isabel, Algarrobo del Águila y La Humada sucedió algo inédito, y porque no, histórico, debido al entusiasmo, la humildad y el respeto con el cual el poeta y escritor oesteño, Ariel Vásquez, oriundo de La Humada, hizo la presentación de su segundo libro: “Puesteros del Oeste Pampeano”.

Fue allí, en los clubes y salones locales donde se llenaron todos los espacios de gente del lugar, viejos puesteros, autoridades, niños, adolescentes, familias completas, hijos, nietos de vecinos extraordinarios que llegaron a poblar los primeros años de vida de aquellos campos y regiones del oeste como: Limay, Puelén, Santa Isabel, La Humada y Algarrobo del Águila.

Días previos, las radios locales y en las redes sociales se había difundido la noticia de que Ariel Vázquez estaría presentando un libro nuevo. Por primera vez, lo presentaba en el oeste, ya que hacía unos años se había difundido “Alpataco”, el cual ya va por su cuarta edición y tuvo muchísima repercusión y difusión en la zona y la provincia. Ahora era el turno de “Puesteros del Oeste Pampeano” que, al igual que “Alpataco”, tiene sus raíces clavadas en el oeste del oeste.



A LOS MAESTROS
Con poemas de su propia autoría, donde se destaca la vida del Puestero, el sacrificio humano de las familias del oeste lejano en el tiempo, pero traído al presente de una manera única y respetuosa, en versos y frases que al tener como maestros a Julio Domínguez, el Bardino, Tuta Cuello, Cochengo Miranda y el mismo Juan Pagano, entre otros reconocidos precursores de nuestra literatura Pampeana, supo hilar en el interior de Vázquez el amor inquebrantable por lo nuestro, por nuestra fauna natural, el peón de campo, el puestero de a pie, los ranchos de adobe y los valores familiares que eran papel de presentación en aquellos años.
Ariel, presentó y destacó a algunos protagonistas de su libro, muchos de ellos en persona y otros que ya no están. Reinaba la emoción, no solo en las palabras de Ariel, que muchas se le quedaban sin poder salir, sino también en el público.

EMOCIONADO
Junto a sus hijos, entre lágrimas y muchísima emoción, que invadió las palabras de Vázquez al querer agradecer a sus padres que estaban allí presentes en primera fila, y a todos los presentes, ya que no se imaginaba semejante acompañamiento de la gente. Emoción mezclada con nostalgia, que se contagió hacia los mismos presentes que al ver ese manto de recuerdos solo podía acudir a los aplausos mientras otros aprovechaban a secarse las lágrimas de felicidad y de una energía latente que recorría los salones evocando a esas personas que, muchos de ellos, ya no están físicamente hoy, pero que evidentemente estaban allí en las letras impresas en el libro, palabras que logró decir Ariel, en poemas y en recuerdos de cada uno de los puesteros que, de solo recordar, le daban vida a un pasado que se llenó de presente.







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