Victorica: una huerta orgánica transformada en un espacio de contención social

Zonales 19 de septiembre de 2019 Por
Arrancó como una huerta orgánica con el fin de consumir alimentos saludables. De a poco, se fueron sumando jóvenes y no tan jóvenes que encontraron el lugar que no les ofrecía la localidad. Ahora, plantar acelga, es una excusa.
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Sobre calle 20, esquina 11, Victorica tiene un pulmón verde que respira, que late. Ya tiene encima dos primaveras, se trata de “la nueva huerta”, también bautizada como “La cascoteada”, por sobrevivir  a una intensa pedrada durante 2018.

En ronda, mientras el mate da la vuelta, brota una charla con InfoHuella, por demás amena.

En septiembre de 2018 nació la idea de hacer una huerta orgánica en Victorica. María Fernanda “Kuky” Álvarez puso lo indispensable, un terreno con agua. Luego de levantar los escombros y rosetas del lugar, se fue plantando poco a poco una huerta que quería ser algo más que lechugas, algo más que un invernadero con hojas grandes y verdes de acelga que nacieran hasta de los cimientos de un proyecto de casa que habita el terreno.

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ALGÚN LUGAR ENCONTRARÉ

En Victorica, como ocurre en algunos puntos del país, no hay oportunidades genuinas para los jóvenes, para aquellos que no se fueron a estudiar o están atravesados por las distintas problemáticas que aquejan a un sector – casi siempre vulnerable- de la sociedad.

Kevin es un joven victoriquense que no tenía ni idea cómo regar verduras o hacer plantines. Pero un día se topó con la huerta y tras encontrarse con un lugar cómodo, contagió a su amigo Franco – todos le dicen “El Negro”-; y a su primo  Emanuel – a quien llaman “Manu”-.

“A mí me invitó Kevin. Y bueno, vine para probar, para aprender algo y me gustó”, cuenta Franco.

“Conocí al profesor Tomás (Ingeniero Agrónomo, docente de la Escuela Agrotécnica de Victorica), quien nos enseñó un par de técnicas. Y acá estamos, armonizando con el grupo. Por mi parte creo que no hay espacios en Victorica y yo lo encontré, acá está”, dice “El Negro”, mientras se ríe y mira a sus compañeros que lo escuchan.

Kevin sigue con el mate. Es uno de los jóvenes pioneros en  darle cuerpo socializador a la huerta, en contagiar a más de uno para que eso útil se pueda compartir, multiplicar en oportunidades para sus pares.

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SALIR ADELANTE

“Manu” escucha y, cuando le toca hablar, dice – a modo de carta de presentación- que “Kevin es su primo”, y lo mira, como para agradecerle: “Vivía conmigo y yo no estaba bien. Estaba depresivo. Y un día me invitó a venir acá, a hacer algo por lo menos. A salir adelante”.

El primo y la huerta, fueron para “Manu” ese necesario abrazo en un momento difícil de su vida. “Yo hacía poco que había perdido a mi vieja y no estaba bien. Y mi primo me ayudó y me invitó a la huerta. Me sentí cómodo. Los aprecio. Me gusta la huerta y creo que está buena porque es orgánica”.

ANALÍA

Analía es la única mujer del grupo. Junto con Kevin , tiene medio salario (Plan Social que se baja mediante Organizaciones Sociales), por medio de la Cooperativa La Comunitaria.

“Yo tenía un poco de conocimientos de huerta porque una vez a mi hija se le ocurrió hacer una huerta en casa. Tuvimos suerte y cosechamos tomates y lechuga, que las utilizamos para consumo”, dice.

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DEL GUADALUPE A LA CASCOTEADA

Pedro Cabal es otro de los integrantes que encontró un lugar en la huerta. Tiene encima la juventud de seguir buscando. Tiene encima los acordes que lo llevaron a Cosquín con las Voces del Pueblo, allá por 1978. En la actualidad, viene de salir del Programa Guadalupe, la Comunidad Terapéutica donde conoció el oficio de sembrar y cosechar. “Yo vengo de una experiencia muy linda y durísima a la vez, luego de haber estado en Guadalupe cierto tiempo”, cuenta Pedro

“Ahí estaba en la huerta donde aprendí algo que me gusta – continúa-. A los chicos los conocía del pueblo, pero no tenía trato con ellos. Son unos pibes maravillosos que te cargan las pilas. Yo que vengo de vuelta de un montón de cosas, los pibes te cargan las pilas. Es muy grato estar con ellos”, dice.

Hay un silencio y luego, se desata una carcajada. Pedro insiste: “Aparte uno ve que esto funciona, esto va para adelante”.

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LA VENTA

Sobre la comercialización, Kevin cuenta que cuando hay producción- verduras de estación – envían un mensaje a un grupo de whatsapp de potenciales clientes (el celular de contacto de la huerta es 2954 301498). “Les ofrecemos una bolsita surtida con precio accesible. Ahí llevan lechuga, acelga, rúcula y rabanitos, entre otras”.

Meses atrás, la huerta dio el presente en una feria importante que se hizo en General Pico, organizado por la Cooperativa La Comunitaria. Más allá de la venta, se trató de una experiencia enriquecedora.

ESPACIO

Tomás Kenny es quien asesora, da técnicas y vuelca su política de producción orgánica sobre los distintos integrantes que llegan con diversas realidades en busca de una contención social que el Estado y la comunidad, no tienen: “Como lo decían los chicos, no había en la localidad un espacio de contención. El pueblo es carente de oportunidades, sobre todo en cuanto a inserción laborar para jóvenes, para quienes no tuvieron la posibilidad de irse a estudiar o no tiene una vinculación con el mundo del trabajo rural. No hay actividades. La huerta tiene ese potencial. Aquí vienen personas con una diversidad personal, por distintos motivos y necesidades”, sostiene.

HACER POLÍTICA, PODER HACER

Tomás insiste que la huerta es más que una huerta. Por un lado, es el argumento y el objetivo, pero cuando se hila fino, todo parece una excusa: “Lo que se intenta es hacer política y tratar de construir de otra manera. La política partidaria trata todo el tiempo de disputar espacios de poder. Y desde la huerta discutimos la política desde la idea de cada uno. Es una idea de poder, pero de poder hacer. Es un concepto de empoderamiento de las personas, como individuos que somos. Una vez que se empoderan desde el qué podemos, qué podemos hacer, qué podemos concretar…  nos animamos a más cosas. Y esto es lo que dignifica a las personas. Por eso digo que la huerta es el argumento de todo esto, pero también una excusa”.

EL RELOJ DE LA BUROCRACIA

Antes de fin de año, la idea es mudarse a un lugar más amplio. Es lo urgente. Pese a las reuniones con funcionarios locales y hasta con el propio intendente municipal de Victorica, aún no hay nada claro sobre el destino físico de la “Nueva Huerta”. El objetivo era tener un pulmón verde con huerta orgánica en el casco urbano, pero la saludable idea no contagió. Por ahora, todo depende de los relojes que marcan el tiempo de la burocracia. Lamentablemente, son relojes que cuelgan de las paredes del Estado, en este caso municipal, y las horas que marcan no entienden casi nada de alternativas, de oportunidades; y de jóvenes que ya encontraron un lugar para contagiar a otros que también están  sedientos de poder, pero de poder hacer.

Cristian Javier Acuña

Periodista - Director de InfoHuella

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