Cochicó, 19 de agosto de 1882: a 144 de la batalla y a 20 años del traslado de Yancamil a la plaza de Victorica

A 144 años del combate de Cochicó, la historia de aquel enfrentamiento entre fuerzas del Ejército y lanceros rankülches continúa interpelando a La Pampa. Durante décadas, la memoria oficial levantó en el centro de Victorica un monumento para los soldados caídos. En 2006 - hace ya dos décadas -  los restos de José Gregorio Yancamil fueron trasladados a esa misma plaza. El gesto modificó para siempre la manera de mirar aquel episodio.
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Hay fechas que sobreviven a los calendarios porque todavía tienen preguntas pendientes. El 19 de agosto de 1882 es una de ellas.

Ese día, en las cercanías del paraje Cochicó, próximo a Puelén, se produjo uno de los últimos enfrentamientos armados entre grupos rankülches y fuerzas vinculadas al Ejército argentino en el territorio pampeano. La historiografía tradicional lo convirtió en una victoria militar y en uno de los episodios finales de la denominada “Conquista del Desierto”. La memoria rankülche, en cambio, lo recuerda como un episodio de resistencia y defensa del territorio.

Actualmente, incluso los materiales oficiales de Educación Intercultural Bilingüe de La Pampa proponen mirar Cochicó desde esa tensión: hablan de una escaramuza y reconocen la existencia de dos relatos, el proveniente del parte militar de la época y el transmitido por la memoria oral.

tancammmdesdesdeA 140 años de la Batalla de Cochicó: “Mienten mierda”, decía Yancamil

Un combate en un territorio ya ocupado

Para comprender Cochicó hay que retroceder algunos años.

La ofensiva militar sobre los territorios indígenas había avanzado hacia el sur y, para 1882, la presencia estatal y militar ya se había instalado en buena parte del espacio pampeano. Victorica había sido fundada en 1882 y constituía uno de los puntos estratégicos de esa nueva ocupación territorial.

En ese contexto aparece la figura de José Gregorio Yancamil, jefe rankülche que encabezaría el grupo indígena que llegó hasta Cochicó.

La dimensión exacta del enfrentamiento y su desarrollo fueron posteriormente objeto de diferentes interpretaciones. La versión militar construyó la imagen de un pequeño grupo de soldados que habría resistido frente a una fuerza indígena numéricamente superior. La memoria transmitida por Yancamil ofrece, en cambio, otro relato.

Años después, el propio cacique contó su versión de los acontecimientos. Según ese testimonio, él y Paineo habían ingresado desde el oeste acompañados por otros hombres y, posteriormente, se les habían sumado desertores. Yancamil relató que el grupo estaba compuesto por 17 hombres, mientras que los soldados eran alrededor de 23.

El enfrentamiento habría comenzado luego del encuentro entre ambos grupos y se desplazó hacia el cerro de Cochicó. La lluvia convirtió el escenario en un terreno todavía más difícil y el combate terminó desarrollándose cuerpo a cuerpo, con cuchillos y boleadoras.

En su relato, Yancamil sostuvo que después de varias horas de lucha los soldados se retiraron durante la noche. Al amanecer, según su versión, pudieron contabilizar muertos de ambos bandos.

No se trata de un detalle menor. El propio relato de Yancamil constituye una de las fuentes centrales para comprender cómo el episodio fue recordado desde el lado rankülche. InfoHuella ya recuperó ese testimonio en una reconstrucción anterior del aniversario de Cochicó.

De combate a mito

Con el paso de las décadas, Cochicó dejó de ser solamente un enfrentamiento ocurrido en el oeste pampeano y pasó a formar parte de una construcción simbólica.

Los soldados muertos fueron incorporados progresivamente a la narrativa de los “Héroes de Cochicó”. En 1922 se construyó en el centro de la plaza de Victorica una pirámide conmemorativa que posteriormente se convirtió en mausoleo, al contener los restos de los militares muertos en el combate.

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Pirámide de los "Héroes de Cochicó" en la Plaza central de Victorica

El monumento comenzó a ocupar un lugar central en las ceremonias del 19 de agosto.

La plaza pasó así a ser mucho más que un espacio público. Se convirtió en un escenario donde se representaba una determinada interpretación del pasado: la del Ejército, la expansión del Estado nacional y la llamada “Conquista del Desierto”.

Y allí aparece una de las escenas más significativas de esta historia.

“Mienten mierda”

En 1923, durante un acto por el aniversario de Cochicó, Gregorio Yancamil concurrió a la plaza de Victorica.

Según el testimonio recogido posteriormente por Manuel Lorenzo Jarrín y recuperado por diferentes investigadores, el coronel Alberto Urtubey se encontraba relatando la versión oficial de los acontecimientos cuando el viejo cacique interrumpió la ceremonia.

“Mienten mierda”, habría dicho Yancamil.

Después, frente a quienes lo escuchaban, comenzó a contar su propia versión de la batalla.

El episodio tiene un enorme valor simbólico. El hombre que había participado del combate estaba allí, décadas después, frente al monumento levantado para conmemorar a quienes habían sido presentados como vencedores.

La plaza se convirtió, aunque fuera por unos minutos, en el lugar de encuentro entre dos memorias incompatibles.

El relato de aquel episodio fue recuperado por Hugo Ferrari y también aparece documentado en trabajos posteriores sobre la memoria de Cochicó.

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La casa de adobe de Yancamil en Victorica

Yancamil después de Cochicó

La historia del cacique no terminó aquel 19 de agosto.

Después del combate, Yancamil continuó resistiendo y se mantuvo en la región hasta que fue capturado en 1883, en la zona de la laguna del Meauco. Fue trasladado a la isla Martín García, donde permaneció varios años.

Posteriormente consiguió escapar durante un traslado y llegó a Paraguay. Con el tiempo regresó a La Pampa.

En 1904 se instaló en la zona de Emilio Mitre, después de recibir tierras del Estado nacional, y finalmente se radicó en Victorica, donde pasó sus últimos años.

Murió el 8 de febrero de 1931 en su rancho de la localidad.

Paradójicamente, quien había enfrentado al Ejército en Cochicó terminó viviendo sus últimos años a pocos kilómetros del lugar donde aquella historia había sido convertida en monumento.

Pero mientras los soldados tenían un lugar central en la memoria pública de Victorica, Yancamil quedó durante décadas enterrado en el cementerio local.

2006: Yancamil vuelve a la plaza

La historia dio un giro 74 años después de su muerte.

El 18 de agosto de 2006, los restos de Yancamil fueron exhumados del cementerio de Victorica y trasladados en procesión hasta el edificio municipal, ubicado frente a la plaza. Allí se realizó durante toda la noche una guardia de honor.

Al día siguiente, 19 de agosto de 2006, aniversario de Cochicó, sus restos fueron trasladados hasta el monumento construido en la plaza.

La ceremonia fue impulsada por descendientes de Yancamil y organizaciones indígenas de La Pampa, con participación del Consejo de Loncos, la comunidad rankülche y autoridades provinciales y municipales.

El lugar elegido no fue casual.

Los restos del cacique fueron colocados en la misma plaza donde descansaban los soldados muertos en Cochicó.

El espacio que durante décadas había contado una sola parte de la historia comenzó así a contener dos memorias enfrentadas.

Una plaza, dos memorias

El traslado no fue solamente un cambio de lugar para unos restos humanos.

Fue una intervención sobre la memoria pública.

En el centro de Victorica quedaron, desde entonces, dos referencias materiales a un mismo episodio histórico: la pirámide que contiene los restos de los soldados y el monumento que guarda los restos de Yancamil.

La investigación académica sobre el reentierro ha señalado precisamente ese aspecto: la decisión generó un proceso de resignificación de la plaza y abrió nuevas discusiones sobre patrimonio, identidad, memoria y colonialidad.

La comunidad rankülche había debatido previamente la decisión. Según testimonios recogidos por investigadores, uno de los argumentos centrales fue que Yancamil debía ocupar un lugar dentro de la plaza y no ser relegado nuevamente a un espacio periférico.

En otras palabras: si los soldados de Cochicó eran recordados como héroes, quienes habían combatido del otro lado también reclamaban el derecho a recordar a sus propios muertos y referentes.

La historia no terminó en 1882

Desde entonces, cada 19 de agosto Victorica vuelve a encontrarse con Cochicó.

Los actos oficiales actuales colocan ofrendas tanto en la pirámide que guarda los restos de los militares como en el monumento de Yancamil. La propia Municipalidad registró esa modalidad de homenaje en sus actos conmemorativos.

La transformación es profunda.

Durante buena parte del siglo XX, el relato público de Cochicó estuvo asociado casi exclusivamente al homenaje a los soldados. Hoy, la plaza permite observar físicamente la coexistencia de dos protagonistas de aquella historia.

No significa que las diferencias hayan desaparecido.

Tampoco que exista una única interpretación consensuada sobre lo ocurrido.

Significa, en todo caso, que La Pampa comenzó a discutir quiénes tienen derecho a ocupar un lugar en la memoria colectiva.

El último combate y una pregunta que sigue abierta

Cochicó ocurrió en 1882, pero sus consecuencias llegan hasta el presente.

El combate fue pequeño en dimensiones militares si se lo compara con las grandes campañas desarrolladas durante la ocupación de los territorios indígenas. Sin embargo, adquirió una enorme dimensión simbólica.

Para la narrativa militar, representó uno de los episodios finales de la campaña.

Para la memoria rankülche, fue una expresión de resistencia frente a la ocupación de un territorio que consideraban propio.

Y para Victorica, terminó convirtiéndose en algo todavía más complejo: una historia escrita en piedra en el centro mismo de la ciudad.

Primero estuvo la pirámide.

Después, durante décadas, la memoria de Yancamil permaneció fuera de ese espacio.

Finalmente, en 2006, el cacique regresó a la plaza.

Hoy, los restos de quienes se enfrentaron aquel 19 de agosto de 1882 descansan a pocos metros unos de otros.

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Finalmente, en 2006- hoy se cumplen 20 años-, el cacique regresó a la plaza.

Tal vez esa sea una de las imágenes más poderosas que dejó Cochicó: los protagonistas de una batalla que durante décadas fueron presentados como enemigos ahora comparten el mismo espacio de memoria.

No cambia lo ocurrido.

Pero sí cambia la manera de contarlo.

Y en esa diferencia entre lo ocurrido, lo que se escribió y lo que cada pueblo recuerda, continúa latiendo la historia, como late el crisol. 

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