
Día de la Mujer: "La Giocondita" y Alfredito Gesualdi frente a frente
Por: Cristian Javier Acuña


La plaza de la historia y el dolor, donde algunas veces el poeta popular caminó con sus sueños de cantor, los encuentra: “Yo tuve un punto y aparte en mi vida después de que me escribió la canción”, dice, mientras le dirige la mirada.
En uno de los bancos verdes de la plaza, sobre la calle 14, centro de Victorica, Cecilia Guevara se sienta, cruza las piernas y posa una mano arriba de la otra, como si fuese el cuadro del Museo del Louvre en el frío Paris. Casi mendigando luz, el sol que cae, le ilumina el rostro. En frente, está el Leonardo da Vinci de nuestros himnos, el bohemio otoñal, el de “lucecita alúmbrame que de sueños vivo yo”.
Es Alfredito Gesualdi, poeta popular, que, con una paleta de letras, nos pinta la historia pueblerina. Tiene una remera blanca como las de fútbol, listo para salir a la cancha de la cultura pampeana. Adelante, está estampada la imagen de Bustriazo Ortíz; atrás, Julio Domínguez, El Bardino.

En los años noventa, Alfredo Gesualdi escribió una de sus piezas únicas, “La Giocondita”. En el tema, ilustra, como nadie, a una piba victoriquense que solía pasar por su casa en bicicleta: “pedaleando esperanzas, pasa la vida, mitad mensaje, mitad mentira. Cinturita de mimbre, pechos erguidos, calandria triste, diuquita herida”, escribió, con acorde de canción.
CANTO A LA VIDA
“Fue un canto a la vida”, dice Alfredito, y se miran.
Rodeados de autos que pasan con gente que los mira y otros que ni miran, Cecilia y Alfredito están casi solos. Ellos sí, se miran y en pocas palabras dejan que la tarde de miércoles en pleno oeste los envuelva en la musiquita que tiene las vueltas de la vida: “El padre Miguel Haag (sacerdote) me dijo que ese tema que había escrito Alfredito estaba dedicado a mí. Fue un punto y aparte en mi vida. Había abandonado mis estudios primarios. Tenía más de 17 años. Hacía poco que había sufrido un hecho de violencia de género en el boliche y ahí cambió mi vida. Retomé los estudios y con más de 17 años terminé el primario en la nocturna para mayores y luego el secundario”.
Alfredito la mira. Ella habla y su historia suena a agradecimiento. El título de la canción, la bautizó para siempre.
LA GIOCONDITA
“Me empezaron a decir “La Giocondita”, los más conocidos, me dicen “Gioco”.
Con un grupo de jóvenes victoriquenses, allegados a Haag, La Giocondita dejó de ser el tema musical para escribir su música y seguir pedaleando la vida: “Me fui a Pico a estudiar Educación Física y no me adapté. Estando en Victorica empecé a estudiar enfermería, me recibí y hace poco terminé la licenciatura. Estoy trabajando de enfermera”, cuenta a InfoHuella.
Esta vez, la niña que pasaba pedaleando esperanzas, le devuelve al poeta eso de que vale la pena el “canto a la vida”. “También con el Padre Miguel, aprendí albañilería y de a poco levanté mi casa. Cuando cobré mi primer sueldo como enfermera compré el techo y la teché. Ahora vivo ahí”, dice.
Abandonan el banco de la plaza y caminan, por unos de los laterales de la plaza. Siguen la charla. El viento hace flamear el vestido y "La Giocondita", a la par de Alfredito, es, sin dudas, una pintura de los paisajes victoriquenses que más de uno quisiera ver.
En una de las orillas de Victorica, a pocos metros de la avenida Agustín Borthiry, "La Giocondita" abre un portón negro corredizo y lo hace pasar a Alfredito. Le muestra su casa, hecha con sus manos de mujer. Luego, debajo de un techo donde hoy guarda su clío negro, descansa casi oxidada, la bicicleta que alguna vez la llevó por las calles de Victorica inspirando al poeta popular.

En vísperas del día internacional de la mujer, Alfredito parece que se queda sin rimas, pero esta vez, casi que no hacen falta, le salen cuando la escucha, cuando la mira, cuando reencuentra en esa niña en bicicleta una mujer que hoy lleva imaginariamente una boina calada portando un ejemplo a seguir:
“Memorias ancestrales
pueblan los sueños,
por las orillas
de Victorica.
Abuelos postergados
claman justicia,
muy mala paga
tierrita mía.
De apellidos ilustres
gritan sus cuitas
y al "Che" Guevara
lo resucita”.





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