
El domingo se realizó la Segunda Marcha Provincial del Orgullo LGBTIQNB+ en Santa Rosa
InfoHuella


Radio Kermés: Escribe Vero Mac Lennan / Fotos de Dagna Faidutti.
Así que una ruidosa caravana se abrió paso ayer (por el domingo), por entre el tránsito lento y de mano única del conservadurismo, entre la obsolescencia y la más común de todas las respuetas: la indiferencia. La serpentina lo hizo con sonrisa de ruiseñores, unicornios y amazonas entre las brillantinas, algunas corbatas, mis bigotes y tus pestañas.
Y si hasta aquí hemos llegado en manada, se lo debemos a quienes en solitario pusieron la cuerpa, para mostrar su orgullo cuando todo esto se antojaba utópico, bufonesco.
Cuando la burla era la empuñadura de todas las violencias y el anonimato parecía ser una más de las mejores estrategias; en aquellos tiempos una marica poeta recorría sola, engalanando con su traje blanco y su sombrero de lado, las veredas de una ciudad norteña.

El desprecio y las muertas serían siendo cosas diarias y domésticas, hasta que una torta insistiera con sus pegatinas cada madrugada del 7 de marzo en la capital pampeña. Y así, entre tantes más, se irían escribiendo capítulos, pasajes, oraciones y también con palabras sueltas, el libro sin fin de nuestra historia diversa al que aún le queda muchas páginas en blanco donde seguir redactando sus reclamos y exigencias.
Que el presente nos encuentre entre legislativas semanas orgullosas nos arranca una sonrisa, mientras recibimos una palmadita deliberante, sin que eso logre quitarnos el velo de incredulidad que portamos en las miradas, esas mismas que dirigimos hacia las esquinas en las que las travas siguen esperando todavía y una mujer magullada arropa a sus hijes en la más cruel de las intemperies.
Mientras las asambleas devinieron en grupos de guasap producto de la zoonótica pandemia, la marcha del orgullo es antecedida en este 2020 por un extraño paisaje urbano hasta donde llegan caras en cartapesta de cerdos y de vacas clamando por sus vidas en las voces de quienes tienen corazón para escucharles y gargantas para traducir sus mensajes. Gente que tiende puentes de empatía entre infinitos abismos de cuestionables privilegios.

Las asambleas son virtuales porque los tapabocas nos contienen los alientos y sabemos que los besos revolucionarios quedarán para otro momento. Pero los derechos deberán ser reales, y hasta entonces, serán las calles, la exposición pública, la alegría y el orgullo vestido de colores, desnudo de vergüenzas, no exento del lamento que nos provoca el distanciamiento social inclusivo. Otrora exclusivamente aplicado a les rares, pero hoy exigido a todes, para salvarnos del presente que hemos sabido construir.
Será este presente el que debería hacernos re-cordar de dónde venimos, para respondernos hacia adónde vamos. Y si contáramos con algo de sabiduría, podríamos entonces permitirnos dudar, con contundencia del camino trazado. Preguntarnos quién así lo diseñó, para qué y por qué.
Coloniales, binarios, pratiarcales y especistas en su gran mayoría mirarán absortos un discurso, exagerado e incomprensible, que promete apocalípticos finales. Es nuestro discurso el que está en debate y eso ya es un buen mojón de partida, una línea de largada aceptable para una carrera maratónica que es niñez, adolescencia, juventud, adultes y gerontes, animales todes sus participantes, que exigen desandar el rumbo de esta humanidad para hacernos otra.
Habrá miedos y esperanzas. Habrá de todo en este cambalache multicolor, lo que no deberíamos permitirnos es la renuncia y el olvido, la indiferencia, la falta de empatía y la incoherencia. Si el Estado está orgulloso de nosotres, entonces como mínimo, la vara no debería ser para castigo sino para otorgar derechos y equidad para todes.

Le hablo a quién. Le digo qué. Me expreso cómo. Es nuestro mensaje un sinnúmero de preguntas la mayoría sin respuesta. ¿Por qué no fuimos educades para respetar nuestros deseos sino para la hiperadaptación a un sistema? Un sistema que nos premia para que seamos seres grises, sumisos y formales. ¿Se preguntaron quienes ganan con nuestras vergüenzas? Claro que sí y orgulloses estamos de nuestras pocas, pero importantes respuestas.




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