Nota al periodista que le preguntó a Videla por los desparecidos

Nacionales 04 de julio de 2019 Por
Corría 1979 y la dictadura llevaba más de tres años cuando José Ignacio López le lanzó la pregunta a Jorge Rafael Videla en una conferencia de prensa. En diálogo con Infobae, el periodista revela las razones que lo llevaron a hacerla, el papel que jugó Juan Pablo II y el atentado que sufrió.
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Por Eduardo Anguita y Daniel Cecchini  - InfoBae


"Fue mi conciencia… Yo me hubiera quedado muy mal si no hacía la pregunta", dice.

Casi cuarenta años después el periodista José Ignacio López, que por entonces trabajaba en la agencia Noticias Argentinas, recuerda para Infobae aquella mañana de diciembre de 1979 en la Casa Rosada cuando en una conferencia de prensa le preguntó al dictador Jorge Rafael Videla por los desaparecidos y éste le respondió: "Son una incógnita, no tienen entidad, no están ni vivos ni muertos".

La dictadura llevaba más de tres años y medio en el poder y Videla, que vestía de civil, ya había dejado de ser comandante en jefe del Ejército pero continuaba ejerciendo la presidencia de la Nación por decisión de la Junta Militar. Aunque los medios locales -con escasas excepciones– no se referían al tema de las violaciones de los derechos humanos y menos aún a la existencia de miles de desaparecidos en la Argentina, la prensa europea y de Estados Unidos daba cuenta de lo que se vivía en los centros clandestinos de detención y de "los vuelos de la muerte".

Por eso, dos meses antes de esa conferencia de prensa, la dictadura debió aceptar la visita de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) y, apenas unos días antes, durante un Ángelus, Karol Wojtyla, el Papa Juan Pablo II, se había referido la Plaza de San Pedro a los desaparecidos. Aunque no había nombrado a la Argentina, no quedaron dudas de a quiénes dirigía sus palabras.

"Me valí de lo que había dicho el Papa para hacerle la pregunta la Videla", explica López cuatro décadas después.

Diálogo entre un periodista y un dictador

La grabación de archivo muestra a un joven José Ignacio López sentado en la cuarta fila de cronistas que participan de la conferencia de prensa. Viste un saco marrón claro, camisa blanca y corbata al tono. Se lo nota tenso pero firme cuando introduce la pregunta sin quitarle los ojos al dictador:

-El último domingo de octubre el Papa Juan Pablo II se refirió a la Argentina en la Plaza San Pedro. De distintas maneras, pero entre otras cosas habló de un tema que se ha hablado aquí que es el tema de los desaparecidos y los detenidos sin proceso. Le quiero preguntar si usted, que varias veces se ha dirigido al Papa, si le ha contestado a esas expresiones de Juan Pablo II y si hay algunas medidas en estudio en el Gobierno más allá a la del tiempo a la que usted hizo mención recién.

Videla hace un gesto de incomodidad, se remueve en el asiento, entrecruza los dedos de las manos y se toma tiempo para responder:

-Por lo pronto el Papa cuando habla en esa circunstancia le habla al mundo, no le habló a la Argentina… – empieza y durante casi tres minutos se enreda en una larga cadena de argumentos, donde mezcla guerra, amor y derechos humanos, para despegar a la Argentina del tema.

"Videla ensayó una larga perorata para explicar lo que es la doctrina de la Iglesia y que el Papa no había hablado de la Argentina, que había hablado en términos generales, y que la convicción del Papa sobre los derechos humanos es misma la que tiene el gobierno. Toda una sanata", recuerda para Infobae "Nacho" López sin necesidad de volver a ver las imágenes.

"Ni vivos ni muertos"

Videla cree haber completado su respuesta pero, quizás involuntariamente, deja la puerta abierta para que López repregunte.

"Cuando termina con todo eso, me mira y me dice: 'Bueno, no sé, creo que está contestada su pregunta', y es entonces cuando yo lo digo que falta responder algo. Y ahí es donde dice el disparate", recuerda el periodista.

En la grabación de aquella conferencia de prensa, José Ignacio López insiste:

-Yo le preguntaba si había otras medidas que pudiera estar estudiando el Gobierno porque el Papa en esa ocasión hizo algunas solicitudes más allá de la referencia que usted hizo al tiempo para solucionar este grave problema.

-Frente al desaparecido en tanto esté como tal, es una incógnita. Si el hombre apareciera tendría un tratamiento X y si la aparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento, tiene un tratamiento Z. Pero mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está… ni muerto ni vivo, está desaparecido -contesta Videla y sus palabras comienzan a recorrer el mundo.

Los siniestros "off the record"

En su charla con Infobae, López recuerda que hacerle públicamente esa pregunta a Videla o a algún otro de los integrantes de la cúpula de la dictadura era una necesidad imperiosa que sentía desde hacía tiempo y que ese día encontró la oportunidad.

"El tema lo hablábamos con ellos. Algunos periodistas que teníamos acceso a conversar informalmente, off the record, con algunos de los que comandaban la cosa, incluido Videla en una o dos oportunidades, hablábamos de la cuestión, de los métodos que se estaban utilizando, sin conocer exactitud lo que estaba pasando", explica.

 “Mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está… ni muerto ni vivo, está desaparecido”, respondió Videla.

Cuenta también que en esas ocasiones, tanto él como otros periodistas, les habían preguntado a funcionarios del gobierno por la suerte de sus colegas que estaban desaparecidos.

"Más de una vez tuve que ir a hablar con el ministro del interior, que era Albano Harguindeguy, para pedirle por algún amigo que no se sabía dónde estaba… Ellos te contestaban: No sé, no puedo saber nada, o sí… alguna vez te decían 'éste va a aparecer'. Como pasó con Jara (N. de los A.: Enrique, director editorial de La Opinión), que lo habían secuestrado. Ahí el que se portó muy bien fue (José Alfredo) Martínez de Hoz. Eso fue en el 77. Yo hablé con él por teléfono y Martínez de Hoz averiguó, me llamó y me dijo: 'López, Jara va a aparecer'", recuerda.

Un atentado, Massera y Viola

Por entonces, José Ignacio López había experimentado en carne propia los métodos de la dictadura. El 10 de noviembre de 1976 una bomba de alta potencia explotó en la puerta del garaje de su casa, en la localidad de José Mármol, en el sur del Gran Buenos Aires. Cuando ocurrió no estaban ni él ni su mujer, pero sí sus cinco hijos, su suegra y una amiga de la familia, cuyo auto quedó destrozado. No quedó un vidrio sano en las ventanas de toda la cuadra.

"Nunca me puse a averiguar quién había sido. Era imposible. Pero sabía que no era la guerrilla. Mi nombre ya había venido saliendo en a revista El Caudillo (N.de los A.: revista de la ultraderecha peronista que publicaba listas negras de políticos, artistas, periodistas e intelectuales) y en las listas esas. Decían que yo era un infiltrado tercermundista en la Iglesia, esas cosas", dice.

Después del atentado, el comandante en jefe de la Armada, Emilio Massera, lo mandó a llamar para asegurarle que la marina no había tenido nada que ver.

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José Ignacio López

Un mes más tarde, en el cóctel de fin de año del Ejército, el jefe del Estado Mayor, Roberto Viola, lo llamó aparte y le dijo:

-¡Cuídese López!

"Explicar las cosas de aquel tiempo con la mentalidad de hoy es absolutamente imposible. Me acuerdo de que cuando Viola me dijo que me cuidara pensé, aunque no se lo dije, que no era yo el que tenía que cuidarme: '¿De qué me tengo que cuidar yo?, son ustedes los que deberían cuidarme'", dice López .

A caballo del Papa

Para diciembre de 1979, José Ignacio López había visto su nombre en las listas negras que marcaban los blancos de la Triple A antes del golpe, había sufrido un atentado en su casa, había temido por sus hijos, había tratado de salvar a colegas secuestrados por la dictadura y había escuchado las razones que daban los genocidas para justificar la represión ilegal.

"En reuniones privadas, cuando les preguntábamos por qué no hacían las cosas por derecha, por qué no había tribunales que juzgaran y condenaran, te decían que no podían fusilar porque el Papa y las Naciones Unidas enseguida iban a gritar y no iban a poder hacerlo. Lo decían en esos términos", cuenta López.

La necesidad de preguntarles públicamente se le hacía cada vez más acuciante, y entonces Juan Pablo II habló de los desaparecidos durante el Ángelus del último domingo de octubre de 1979. López supo que era su oportunidad.

"Había una cosa clara. Videla se enorgullecía de su condición de católico, hacía ostentación. Por eso empecé la pregunta apoyándome en lo que había dicho el Papa", explica.

Y Videla respondió con la frase que escandalizó al mundo.

-¿Tuviste algún problema después? – le pregunta Infobae.

-No, a mí en ese primer momento solo un tipo de la Marina, que ni me acuerdo quién era, uno de los que estaban en la Secretaría de Prensa, se me acercó y me dijo: "¿Cómo le hace una pregunta así al presidente?". Nada más.

Vocero de Alfonsín

José Ignacio López nunca había hablado personalmente con Raúl Alfonsín. Por eso se sorprendió cuando, menos de una semana después de que el candidato de la UCR fuera electo presidente, un amigo radical lo sondeó para saber si aceptaría ser vocero de la presidencia.

"Yo no tenía ninguna relación con Alfonsín. Lo conocí el 10 de noviembre de 1983, cuando me ofreció personalmente ser su vocero. Nunca me voy a olvidar del día, porque fue justo el mismo día en que me pusieron la bomba, pero siete años después", cuenta.

-¿Alguna vez hablaste con Alfonsín de la pregunta que le hiciste a Videla?

-No, nunca.

-Cuarenta años después, ¿qué pensás de las consecuencias que tuvo?

-Comprendo que se la valore y hasta se la pueda considerar temeraria, pero no fuimos pocos los periodistas que en aquella época de violencia política y terrorismo de Estado procuramos trabajar con dignidad.

 

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