Niño pampeano pide que el Atuel sin agua y sin vida, no se muera para siempre

Zonales 23 de diciembre de 2019 Por
Gael tiene siete años y, mientras en Mendoza capital el pueblo le reclama al gobierno provincial que no contamine los ríos con la megaminería, él sostiene un cartel en el oeste pampeano, con otra realidad, pero con la misma premisa.
gaelalgarrobo

El niño de Algarrobo del Águila, único pueblo ribereño del Atuel pampeano,  está sobre el asfalto del puente de la ruta nacional 151. Tiene en manos un cartón de una caja desarmada que lleva una leyenda que por estos días se repitió en las calles y rutas de la vecina provincia de Mendoza: “Sin agua no hay vida”.

Hasta aquí, es una foto más, de las tantas postales que mostraba Mendoza con un pueblo en la calle. Pero no es una más. La postal de Gael, no está en Mendoza, está en el oeste pampeano, en Algarrobo del Águila, a unos 474 kilómetros de distancia y a unas casi 6 horas de viaje.

Las palabras agua y vida están pintadas con filetes negros y rellenas de témpera color celeste agua, como si fuese necesario empapar la agreste realidad. Atrás del niño y el cartel, se puede ver un río vacío con rastros de gente que lo ha caminado recientemente. Es el Atuel pampeano que, hace falta subrayar, está vacío por el corte sistemático que Mendoza ejerce sobre La Pampa y aún la Corte Suprema de Justicia de la Nación no logra resolver una medida a la altura de la naturaleza.

Mientras se termina el año, en Argentina hay un pueblo, en este caso mendocino, que salió a la calle a pedir que la megaminería no contamine sus ríos con cianuro y otros químicos. Al mismo tiempo, en el oeste pampeano, un niño sostiene un cartel en un puente por donde pasa un callejón medanoso sediento de agua. Esta vez, el cartel, parece redundante. El río ya está sin vida. El atuel que está en el fondo, está muerto, tan muerto como los peces que mueren año a año cuando Mendoza cierra las compuertas aguas arriba.

Pero en Gael, y en la témpera celeste agua, el reclamo es solidario y materializa esa palabrita tan repetida por estos tiempos: empatía. Gael, hoy parece un niño mendocino, y está pidiendo con sus siete años años encima, que nuestro río atuel, sin agua y sin vida, no se muera para siempre.

Cristian Javier Acuña

Periodista - Director de InfoHuella

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