
Opinión: La única verdad es El Salitral
InfoHuella


Por Cintia Alcaraz / Periodista Radio Kermés
No solo no consiguieron la reunión, sino que, como si se tratara de extraños, de no-otros, de un peligro para la institución, les fueron cerradas las puertas y los portones como se cerraban en otras gestiones menos “populares”.
Como decía el General, “la única verdad es la realidad” y la realidad es que desde julio de 2019 hay familias viviendo en la peor intemperie. Nadie desconoce en qué circunstancias llegó esa gente ahí y cómo se fueron disipando las expectativas de asentar una vida menos horrible que aquella que venían sufriendo. Sin embargo, algunas pocas personas no tuvieron opciones menos peores y subsistieron hasta ahora. Casi tres inviernos bajo el chaperío, a temperaturas bajo cero en terrenos inundables y a la vera de una laguna. Ninguna persona en la capital de La Pampa desconoce esto.
"La única verdad es la realidad", decía el General, y la realidad es que la gestión que gobierna el municipio desde el 10 de diciembre de 2019 sabe que es su obligación ofrecer una respuesta seria a estas familias. Un subsidio que no llega a los 7 mil pesos por un período de tres meses o cuatro o cinco es inaceptable en un mercado inmobiliario desregulado y avariento. El acceso a la tierra no es una posibilidad cercana ni para quienes tienen los derechos de primer y segundo orden adquiridos.
Lo que es importante resaltar en todo esto es que la responsabilidad municipal impide inobservar las problemáticas históricas que tiene la ciudad de Santa Rosa. De modo que cerrar las puertas de la Casa del Pueblo no hará que el problema desaparezca.
En más de una oportunidad el intendente Luciano di Nápoli ha manifestado que está en contra de las tomas, pero que no considera justo criminalizar a las personas que llegan a esas circunstancias. Ahora bien, esa declaración de voluntad antipunitivista no alcanza ni soluciona el conflicto y no responde a la justicia social que se pregona como parte de la plataforma de gobierno. No punir está bien, pero tres años después queda pendiente garantizar.
Las gestiones se legitiman con sus actos y sus símbolos. Está claro que esta experiencia de gobierno con basto reconocimiento electoral y grandes logros en poco y doloroso tiempo cometió un acto de insensibilidad política al negarle ciudadanía plena a un pequeño grupo de personas desahuciadas. El juego a la derecha, sin dudas, es el que resulta de imágenes como las que vimos esta mañana. Si nosotros les cerramos las puertas, entonces, ¿qué tienen habilitado los otros?
El abandono, la humillación, la sensación posterior a un portazo es intransferible. Cargar sobre las espaldas un saco lleno de “No”, de “ya se verá”, de “es lo que hay”, también. Por eso, cuando se habla de pobreza hay que llenarla de afecto y de respuestas.
Por cierto, la demagogia no está en apoyar el reclamo de vecinos y vecinas, niñes y adolescentes, que duermen amontonados para soportar los 3 o 4 grados bajo cero de cada invierno. La demagogia es fingir que a alguien con poder de decisión le importa.
Valoren siempre la voluntad pacífica del pueblo.
Fuente: Radio Kermés.




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