
De Carro Quemado a las aguas abiertas: la historia de Mara, una nadadora que lleva el oeste pampeano en cada brazada
Aprendió a nadar siendo apenas una niña, en la colonia de vacaciones de su querido Carro Quemado natal. Hoy, a los 48 años, Mara Ramos recorre el país nadando en aguas abiertas llevando sus raíces del oeste de La Pampa.
InfoHuella


Su vínculo con el agua empezó temprano. “En verano iba a la colonia en Carro Quemado y ahí aprendí a nadar”, recuerda. Con el paso de los años continuó vinculada a la natación, aunque de manera intermitente, participando en algunas competencias y entrenando en Club Banco Nación de Victorica (en verano). Sin embargo – casi 30 años después - su historia con la natación le tenía guardada nuevos capítulos.
En verano iba a la colonia en Carro Quemado y ahí aprendí a nadar
Hace cuatro años, ya instalada en Santa Rosa, decidió retomar la natación de forma más sistemática en el Club All Boys. Allí comenzó a entrenar con constancia hasta que surgió la oportunidad de probarse en aguas abiertas, una experiencia que marcaría un antes y un después. Su debut fue en La Adela, donde nadó 2.500 metros. “Me encantó”, dice a InfoHuella sin dudar. Ese entusiasmo la llevó a redoblar el desafío y regresar para completar también los 5 kilómetros.
Desde entonces, Mara no paró y llevó su nombre- que suena a apodo por las liebres mara – a distintos podios del país. Entre sus travesías favoritas destaca el Cruce del Yaguarón, una exigente prueba de 8 kilómetros que la cautivó desde el primer momento. Pero su recorrido no se detiene ahí: ha participado en competencias en distintos puntos del país, acumulando experiencias, podios y aprendizajes.
POR SU SOBRINA, EN LA PIEL

Entre sus logros, se destacan actuaciones como el segundo puesto en la prueba Villa Urquiza–Paraná y un sexto lugar en el Chapetón, dentro de una categoría muy competitiva como la de 45 a 49 años. “Es una categoría donde hay muchas nadadoras y mucho nivel”, cuenta en una entrevista con InfoHuella.
Su evolución la llevó a enfrentar desafíos cada vez mayores. Uno de los más significativos fue la travesía de 21 kilómetros entre Villa Urquiza y Paraná. No fue una competencia más: Mara la nadó en memoria de su sobrina, en un momento personal muy especial.
Tenía un valor sentimental muy fuerte, las emociones eran muy grandes
Las aguas abiertas implican mucho más que nadar. Requieren preparación física, mental y logística. En pruebas de larga distancia, cada nadador debe contar con un acompañante y un remero que guía la travesía. Mara organiza cuidadosamente su alimentación durante la carrera: geles, frutas, bebidas isotónicas y hasta gomitas de menta forman parte de su estrategia. Cada 25 o 30 minutos realiza breves pausas para hidratarse y recuperar energía, sostenida por una boya de seguridad obligatoria.
CON AMISTADES
Pero si hay algo que destaca de esta disciplina es su costado humano. “A donde voy, siempre me traigo amistades”, asegura. Las competencias se transforman en puntos de encuentro, mates compartidos y charlas entre nadadores que, más allá de competir, construyen comunidad.

Su rutina diaria refleja compromiso y pasión. Por la mañana trabaja en su peluquería, luego entrena en la pileta y por la tarde se desempeña como instructora en un centro de formación profesional. A eso se suma el gimnasio, aunque —admite entre risas— no es lo que más le gusta. Entrena de lunes a sábado, combinando natación máster y grupos avanzados, con un objetivo claro: sumar kilómetros.

Mara también destaca el acompañamiento de su entorno: su profesor Rodrigo, sus compañeros de entrenamiento, sus clientas en la peluquería y su familia. Es madre de dos hijos y abuela, y encuentra en ellos un sostén fundamental para seguir adelante.
A la hora de nadar, la clave está en la mente. “Si la cabeza funciona, el cuerpo sigue”, afirma. Durante las travesías se concentra cantando mentalmente o enfocándose en la técnica. Ese equilibrio entre cuerpo y mente le permite relajarse y avanzar, incluso en los desafíos más exigentes.
POR EL PAÍS
Su recorrido en aguas abiertas incluye competencias en distintos escenarios del país: ríos, lagos y lagunas, cada uno con sus particularidades. Desde La Adela hasta el Lago Espejo en Neuquén, pasando por el Paraná, Córdoba, Buenos Aires y San Juan, Mara ha construido una trayectoria sólida y apasionada.

También ha participado en competencias en pileta, como la Copa Máster de San Luis y el Campeonato Argentino Máster en San Juan, consolidándose como nadadora federada.
Nació en Carro Quemado, donde compartió una parte de su niñez, ya que luego se mudó a Victorica. Hoy, radicada en Santa Rosa, Mara nunca pierde esa infancia que la vio flotar y después nadar desde niña. En cada brazada, en cada llegada, lleva consigo la identidad del oeste pampeano.

Su historia demuestra que nunca es tarde para volver a empezar, que los desafíos no tienen edad y que, cuando hay pasión, disciplina y corazón, siempre hay nuevas metas a donde llegar.




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