
En la semana mundial de alimentación: Dime qué comes y te diré qué bacterias tienes
Carolina Riesgo


Por Carolina Riesgo / Lic. en Nutrición
Con múltiples tareas, el intestino logra funcionar con tal independencia, al punto de cobrarse el apodo de "El segundo cerebro".
En los últimos años el intestino ha estado en la mira de la ciencia, ya que en él habitan un cúmulo de microorganismos, en su mayoría bacterias, que conforman nuestra Microbiota intestinal.
Aunque diminutos, pesan menos de 1 kg en nuestro cuerpo. Estos microorganismos nos superan en número de células.
Si comparamos en términos de volumen total de células podemos asegurar que nos superan 10 veces, ya que tenemos 10 billones de células humanas y 100 billones de células microbianas. Éstas están alojadas en nuestro intestino desde que pasamos el canal de parto, las bacterias no sólo están allí educando a nuestro sistema inmune, produciendo vitaminas y ácidos grasos de cadena corta, sino produciendo ácido butírico, un potente antiinflamatorio sistémico y el combustible necesario para fabricar la llamada hormona de la felicidad: "la serotonina".
De aquí que la Ciencia en los últimos años ha vinculado los desórdenes de esta microbiota con inflamación, irritabilidad, depresión, alergias, diabetes, obesidad, enfermedades neurodegenerativas y autoinmunes.
La ley del más fuerte
Como en cualquier conquista de territorios las bacterias beneficiosas y las perjudiciales batallan por un trozo de intestino, quienes logran reproducirse y activarse son quienes dominan las órdenes y operaciones que se ejecutan en gran parte de nuestro organismo.
Ahora bien, como todo ser vivo, estas bacterias necesitan alimentos y no todas comen lo mismo.
Las bacterias beneficiosas necesitan de prebióticos que básicamente se encuentran en una alimentación rica en fibra y libre de aditivos .El modo para que estos nutrientes lleguen a estas bacterias dependen directamente y exclusivamente de lo que ingerimos diariamente.
Un mundo de paquetes
Ahora bien… ¿qué nos ofrece la industria alimenticia?
La realidad es que el mercado nos ofrece un abanico lleno de oportunidades para una vida cada vez más " urgente".
Comer rápido, fácil y rico resulta ser cada vez más cotidiano. Los envoltorios y publicidades nos prometen tras la ingesta niños felices, sanos, fuertes y adultos delgados y exitosos.
Allí en ese paquete de colores llamativos seguramente yacen los vestigios de lo en algún momento fue un alimento original verdadero, al que luego la industria le quitó la fibra y llenó conservantes, mejoradores de sabor y almidones que lo convierten en un procesado o ultra procesado.
Así, las góndolas de los supermercados no sólo nos ofrecen hoy una harina 3 ceros o 4 ceros si no harinas refinadas y ahora la novedad... otra aún más fina: las harinas ultrarefinadas!!! Proceso que la industria utiliza para hacer de un grano original con cáscara lleno de nutrientes un verdadero talco, o fécula fina inmaculada. Claro está que promete el amasado más sabroso y vistoso, pero también el más desprovisto de nutrientes y el más dañino para nuestra microbiota intestinal.
Moler y moler
El camino que hizo ese grano de cereal para empobrecerse de nutrientes y llegar a ese paquete no es para nada alentador.
Ese grano de cereal nació en una tierra seguramente sobreexplotada con escasos nutrientes. Con manipulación genética lo hicieron resistente para que a modo de "superhéroe" soporte todo tipo de inclemencias: pesticidas, herbicidas (que finalmente guardará en su interior para ser comidos también por nosotros y luego por nuestras bacterias).
Así los productos industriales elaborados a base de estos almidones, jarabes, y un centenar de conservantes nos alejan de una alimentación saludable produciendo una microbiota poco variada y de escasa actividad positiva.
¿Y si volvemos?
Sabemos que una microbiota saludable debe ser diversa y eso lo logramos volviendo a una alimentación más casera y natural teniendo en cuenta estas selecciones:
- Aumentar la ingesta de fibra (prebióticos) contenida en frutas, vegetales, semillas, cereales integrales, legumbres y frutos secos.
- Aumentando el consumo de microorganismos o probióticos: estos son alimentos con microorganismos vivos contenidos en alimentos fermentados como la leche , algunos quesos, leche materna, yogur natural, chucrut, pan de masa madre y encurtidos sin pasteurizar.
- Disminuyendo el consumo de ultraprocesados, como la bollería industrial, Snake, golosinas y las carnes procesadas.
- Disminuyendo el consumo de bebidas azucaradas.
- Disminuyendo el consumo de conservantes.
- Aumentando el consumo de alimentos agroecológicos.
Invitación
La invitación entonces es una invitación a "prestar atención", a que no nos nublen la vista con colores y etiquetas.
La invitación es a volver a lo casero, a la olla
A llenar esa olla con alimentos y no con productos, a comprar en las huertas orgánicas de nuestros pueblos para que crezcan , a hacer una huerta en un rincón del jardín, a buscar en las góndolas los cereales integrales y orgánicos y a pedirlos si no están. Invitarlos a leer las listas de ingredientes de lo que "creemos comer" y a valorar las producciones agroecológicas de nuestro país.
Y como siempre, un consumidor informado siempre tendrá la posibilidad de hacer mejores elecciones. Tendrá el poder de modificar lo que nos ofrece el mercado e impactar en su propia salud directamente... tan sólo con modificar lo que sube a un carrito de compras todos los días.




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