La argentinidad sin palos

OPINIÓN - A partir de este sábado, luego de la ya conocida derrota de nuestra Selección nacional de fútbol, el país entero parece que ha sido invadido por una ola de sentimientos que tienen en sí mismos, una enorme contradicción.
Zonales01 de julio de 2018Luis Alberto CazanaveLuis Alberto Cazanave
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Por un lado, se toma esto como la síntesis y el resumen de una gigantesca tragedia nacional; pero para fundar estas afirmaciones, se habla de la falta de compromiso y sentimiento de argentinidad por parte de sus protagonistas, los jugadores.

Y como suele ocurrir la mayoría de las veces, esta media verdad, tiene la perversidad de estar construida con una mitad de mentira como parte de su enunciado:

¿Ser argentino es solo por caso haber podido viajar a Rusia? ¿Ser argentino es no haberse perdido ninguno de nuestros partidos donde jugó nuestra selección, gritando hasta la afonía los goles? ¿Ser argentino es también insultar a propios y extraños ante la falta de resultados?

¿Ser argentino es poner a todo el país en ridículo y bochorno frente a idioteces hechas por estos supuestos “bancadores de trapos”?

Y me confirmé a mí mismo, que todos, donde me incluyo, estamos formando parte de un colectivo que, como suele ocurrir, cada tanto a lo largo de la historia, cuántas veces fuimos parte de un engaño generalmente inducido, pero que no fuimos capaces de advertir.

Pero lo que ocurrió en Rusia es simplemente que quedamos afuera del Campeonato Mundial de Fútbol. Ni más ni menos que eso. Y a partir de allí, cada cual puede darle la dimensión que quiera, en función de sus propias convicciones, o los intereses que representan o pudieran verse afectados.

Pero a partir del sábado, todos los días después, harán que, este desborde de sentimientos, vayan retomando su curso normal.

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Este lunes, en la escuela de La Pastoril, por citar una de Ushuaia a la Quiaca, una de las más pequeñas de nuestra provincia, un grupo de alumnos y maestros, llenos de convicciones, volverá a izar con renovado orgullo la bandera nacional, para dar testimonio de su propio acto de argentinidad.

Cuando vos aún estés durmiendo en la madrugada de este lunes, como parte de su rutina, un panadero habrá comenzando a renovar su amasijo, para preparar el pan de tu nuevo día. Ésta también, aunque parezca una rutina, es un acto de noble argentinidad.

Cuando aclare, este lunes, el más solitario de los empleados de un campo, en el medio de un monte de caldén, estará ensillando, para salir a recorrer y cuidar lo que será la futura carne que vos consumas tiempo después.

El camionero más esforzado, subirá de nuevo a las rutas argentinas, para llevar o traer tus necesidades. También, esta semana comenzará, en cualquier aula de las universidades, un grupo de estudiantes inquietos, luego de analizar seguramente los resultados del sábado, se pondrán juntos a sus profesores, su propia preparación para el proyecto de país que todos necesitamos.

Por eso, ni gloria, ni tragedia. Simplemente, perdimos contra Francia 4 a 3 en un partido de fútbol. La pobreza seguirá siendo del 30 por ciento. Uno de cada tres niños de la Argentina seguirá siendo pobre. La mitad de nuestros alumnos secundarios, seguirá sin interpretar lo que lee. La inseguridad, seguirá cobrando vidas en la calle, como todos los días, de la mano de la droga y la codicia.  

La inflación descontrolada seguirá esmerilando el salario del obrero.

Y esto sí es una tragedia, de la que todos tenemos y debemos hacernos cargo. El escenario es distinto: la cancha, un poquito más grande, y se llama Argentina. Los jugadores, un poquito mucho, los 44 millones, todos, sin exclusión, vengan del equipo que vengan, con una sola condición de fe, que es, ser capaces de asumir como dogma de compromiso, el Preámbulo Nacional.

Y en lo personal, hoy cuando alguien me llame como tantas veces, y requiera mis servicios, me llenaré de alegría, porque como tantas veces, estaré siendo útil a alguien. Y si mientras viajo puedo escuchar a los “Chalcha”, con su “Luna Tucumana”; o a Larralde pedir “Permiso”, o al Pedro Cabal entonando “Milonga Baya”, me diré a mí mismo como tantas veces, “no todo está perdido, como un documento inalterable, todo debiéramos ofrecer nuestro corazón”.

Fotos: Escuela Hogar "La Pastoril" (InfoHuella).

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