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InfoHuella tras una frase de Walsh: “el allanamiento de mi casa en el Tigre”

Desde el oeste pampeano al Tigre, Buenos Aires. InfoHuella visitó la casa allanada durante la última dictadura, donde el escritor y periodista Rodolfo Walsh ejerció el peligroso oficio de escribir.

Zonales 26 de febrero de 2019 Por: Cristian Javier Acuña Por: Cristian Javier Acuña
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Hace unos días, arreado por el objetivo de llevar a mis hijos a conocer el Parque de la Costa, terminé indagando más de la cuenta sobre el Tigre. Como un perfecto desconocido, mis precarias imágenes del lugar no dejaban de ser turísticas.

Luego de un largo viaje, llegué a la estación fluvial Tigre. Desde allí, y en varias direcciones, salen las lanchas colectivas, las lanchas remís y un mundo de gente que viene y que va. A solo unos pasos está el tan promocionado Parque de La Costa con su Aqua Fan. Sin dudas, todo lo que envuelve ese paisaje es una mezcla del ruidoso Buenos Aires con ríos amarronados, como agua de charcos, que invitan a perderse en un horizonte de poblada vegetación.

En 1999, el pasaje a Tres Bocas en la lancha colectiva interisleña que hace el recorrido por el río Sarmiento- ya que en una de sus orillas está la casa resguardada como en una inmensa caja de vidrio de Domingo Faustino- salía $5,60. En la actualidad, unos 80 pesos.

Luego de casi una hora de viaje sobre el río Sarmiento, llegué al muelle de Tres Bocas y caminé unas diez cuadras sobre los precarios senderitos orillando el arroyo Santa Rosa, hasta llegar a la cabaña plagada de hortensias para descansar, disfrutar el lugar y regresar al día siguiente a los divertimentos que ofrece el tan promocionado Parque de la Costa con su Aqua Fan. Pero hubo un punto y aparte en el viaje sobre el río. Todas las casitas isleñas, tenían un denominador común: los muelles y sus escaleras se parecían a una foto que vi alguna vez indagando sobre la vida del desaparecido en dictadura, el periodista y escritor Rodolfo Walsh, autor de Operación Masacre y de la indispensable Carta Abierta a la Junta Militar.

EN BUSCA DE LA CASA

Con un solo dato suelto, sin internet para chequear y/o googlear, recordé los primeros renglones que Walsh escribió al cumplirse el primer aniversario de la dictadura. “La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”, tipeó Walsh aquel 24 de marzo de 1977.

No solo recordé esa frase, sino que la refresqué en voz alta. Luego, una misma pregunta me sacudió toda la tarde. ¿Dónde está esa casa, quiénes la habitan, es museo?

Empecé a indagar a los isleños. De a ratos, parecía que hablaba en chino. Eran muchos los que sabían de Walsh, pero dar con la casa donde ejerció el difícil oficio de escribir era como encontrar una aguja en un pajar. A unos pocos metros de mi cabaña, estaba la casa El Mundo, donde vivió el escritor Roberto Arlt. También sabía de la casa de Haroldo Conti, pero me había empecinado en conocer la morada de Rodolfo Walsh, donde escribió sus cuentos policiales, donde le puso para siempre cimientos a la palabra dignidad. 

El domingo, con algunos datos sueltos y casi nada claros, viajé de Tres Bocas hasta la estación fluvial. Allí debía dar con el dato preciso. Lo más acercado, fue una señora que me dijo que la casa estaba sobre el río Carapachay. Era un gran dato.  El sol pegaba a las 10 de la mañana y el vapor del río tornaba todo espeso. Debía saber la altura exacta para bajar al muelle correcto o, algo más acertado, como el nombre de la casa. Un señor de unos 60 y pico de años, con una camisa casi desprendida, monitoreaba mi pregunta que era una sola, siempre la misma: ¿dónde queda la casa de Rodolfo Walsh?

CARAPACHAY 459

Mientras la respuesta parecía estar cada vez más lejos, se acercó, me escaneó con la mirada y, luego de observar mis zapatillas y mi remera deportiva, mi pantalón corto casi colorinche, lanzó una palabra y un número de tres cifras para luego esfumarse: “Carapachay 459”, dijo.

Tenía el nombre del río y la altura de la casa, pero también la certeza de saber que en caso de no encontrar a ningún morador o, un morador desinteresado en que un desconocido se detenga a visitar la casa de Walsh, debía esperar hasta las tres o cinco de la tarde para tomar el viaje de regreso en la lancha colectiva.

Estaba cada vez más cerca. Desde la estación fluvial Tigre a Carapachay 459 me separaba una hora de navegación. Esta vez, la lancha colectiva se llama El Jilguero. La tomé, subí y cuando me cortaron el boleto volví a repetir la frase que ese señor dijo para luego esfumarse: “Carapachay 459”.

Cuando la lancha mermó la velocidad, el conductor soltó el timón y me señaló que había llegado a destino. En el muelle, decía El Edén, flameaba una bandera argentina junto a una de los pueblos originarios, también una tela negra, en señal de luto.  Descendí de la lancha que siguió su trayecto y quedé solo en el muelle. Era un domingo y el tiempo se había apurado un poco, era la una de la tarde. Subí tres escalones del muelle de madera y, frente a mí, una frase que no pude terminar de leer. Decía Viva la…, cuando se abrió la puerta y bajó un señor con bigote de los escalones de una casa blanca casi tapada con hojas verdes.

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-    Buenas tardes, dijo.

-    Buenas tardes, ¿es ésta la casa de Rodolfo Walsh?- cuestioné, como si la conversación tuviese la urgencia de un telegrama.

La breve charla fueron solo segundos. El hombre deslizó una mueca, apretó mi mano y me abrió la puerta de su casa. “Pasá”, dijo.

A solo centímetros de la puerta principal, había otra puerta.  “Por aquí, tomá asiento, ésta era la habitación de Rodolfo Walsh”, sostuvo.

Daniel Argüello, junto a Mabel, compró la casa en la década del 90, querían tener una casa en el Tigre para los fines de semana.  Pero todo cambió en marzo de 1996.

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LA CASA EN EL TIGRE

No solo había dado con la casa de Walsh, sino que era bienvenido allí.  Mientras la cálida de Mabel hornea un pan casero y convida un refresco, Daniel accede a una entrevista con InfoHuella.

-Compraron la casa y un día de marzo de 1996 llega una lancha con una mujer. ¿Qué pasó ese día?

-Dos o tres años después de haber comprado la casa y estar viviendo aquí, una lancha daba vuelta en el muelle. Cuando salgo, los invito a que descendieran. Cuando esa mujer miró el piso de baldosas, dijo: “si habré limpiado este piso”. Era Lilia Ferreyra, la última compañera de Walsh. Motivo por el cual ese piso no se toca más.

Daniel fue un dirigente sindical, militante contra la dictadura. Había leído Operación Masacre y ¿Quién mató a Rosendo?  Saber que la casa que había comprado había sido de Walsh fue muy importante para su vida.

“Más que contentos voy a decir que quedamos más comprometidos de ser los responsables de llevar a adelante la memoria, lo que tenemos que tratar de salvar en Argentina”, subrayó.

En el Tigre Walsh tuvo dos casas. Una fue Lorelei. La otra, es la casa que no figura en ningún lado, la que fue allanada por los militares. La única casa museo de un escritor de esa época en la isla de el Tigre es la de Haroldo Conti, también está promocionada la Casa Museo de Xul Solar, pintor, astrólogo, arquitecto y escritor, amigo de Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal. 

Daniel Argüello se volvió un biógrafo de Rodolfo. Entrevistó a los vecinos. No le bastó vivir en la casa  del periodista y escritor, sino que hilvanó y reconstruyó los días que Walsh vivió allí. Hasta recogió los testimonios del oscuro día en que las fuerzas militares allanaron la casa de Carapachay 459. “Acá hicieron inteligencia un día antes y, pese a saber que Walsh no estaba, igual la allanaron. Fue en septiembre de 1976. ¿A qué vinieron? Vinieron a robarnos las letras, a robarnos la historia… cosa que está claro que no lo han logrado”, expresó.

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-¿Quién fue Rodolfo Walsh?

-Rodolfo Walsh es un periodista de fuste - lo dice en presente- . Un gran periodista que, con un gran compromiso militante y una ética que se sigue transmitiendo cuando cualquiera quiere hablar de ella, hay que hablar de Rodolfo Walsh. Porque es el periodista de la ética. Tuvo distintas épocas de su vida. En una primera época perteneció a organizaciones de derecha, la Alianza Libertadora, y la historia lo fue llevando hacia el peronismo.  Consideró que el nivel de compromiso debía ser el máximo de la época.

MALA SUERTE

En el Tigre, las casas tiene nombre y, cambiarles el nombre, dicen que es mala suerte. Cuando Mabel y Daniel la compraron, decidieron bautizarla El Edén. "Cuando nos enteramos que la había habitado Walsh, nos quedamos con eso de que tampoco tenía nombre, porque en la Carta a la Junta solo dice “mi casa en el Tigre”. Luego Lilia Ferreyra, mujer de Rodolfo, nos cuenta que cuando ellos llegaron, al igual que nos sucedió a nosotros, la casa tampoco tenía nombre. Y que Walsh dijo: por motivos de clandestinidad, la vamos a llamar Carapachay 459. Un día, un isleño les cortó el pasto y apareció el cartel con el nombre de la casa. Se llamaba Liberación.

Me hubiera gustado no cambiarle el nombre. Por eso ahora decimos El Edén liberación".

HONRAR LA VIDA

Mabel está en todos los detalles, trae gaseosa fresca con su pan casero con queso y escucha  cada detalle de la charla, aunque prefiere estar casi de espectadora. Parece que tiene algo para decir, pero está ocupada en ser por demás cordial. Daniel la presenta. Cuenta que Mabel hizo reír a Lilia Ferreyra como nadie antes. También, agrega que cuando Lilia murió, Mabel agarró su guitarra y con su dulce voz emocionó a más de uno en la Biblioteca Nacional cuando en el velatorio le cantó Honrar la vida.

Daniel la invita a tomar asiento. Y Mabel sale de su bajo perfil para tomar la palabra: “Yo escuché el reportaje de Daniel y quiero rescatar de la vivencia de Rodolfo aquí, el personaje de Lilia Ferreyra, de sus amigos, como (Horacio) Verbitsky, pilares que siempre nos recuerdan que la memoria siempre está sobre todas las cosas. Espero que nosotros podamos seguir avanzando en la memoria, la verdad y la justicia de la que fue este periodista. Que nos hizo comprender qué es la honestidad. Por eso nos enorgullece quienes nos visitan aquí.

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REGAR LAS LECHUGAS

-Mabel, ¿a qué obedece esa leyenda que hay frente a la casa sobre las lechugas?

-Lilia reprochaba que el último día tenía muchas cosas para decirle a Rodolfo. Ellos vienen desde San Vicente a Constitución. Y la misión era repartir la carta a la Junta (marzo de 1977) en diferentes buzones. Y como Rodolfo iba a regresar antes, Lilia le dijo: "No te olvides de regar las lechugas".

Y Lilia siempre me decía que teniendo tantas cosas para decirle, y lo último que le dije fue “no te olvides de regar las lechugas. Por eso, un día le propuse que en la entrada de la casa iba a poner  un cartel “No te olvides de regar las lechugas”. No nos olvidamos hoy y siempre. ¿Te parece Lilia?, le dije.  Ella se puso a llorar de la emoción.

DE ESPALDAS AL RÍO

En el recorrido por la casa, Daniel cuenta que si bien Walsh había elegido el Tigre para escribir, lo hacía de espaldas al río, al agua.

Allí, entre 1971 y 1976, Walsh llevó a cabo el peligroso oficio de escribir. El 24 de marzo de 1977, en esa carta que en el primer párrafo hacía referencia al allanamiento de la casa en el Tigre, Rodolfo Walsh sostiene: “Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”.

Al día siguiente desapareció. Testimonios de sobrevivientes señalaron haber visto el cuerpo sin vida de Walsh en la ESMA, pero no hay información del paradero de sus restos, que permanecen desaparecidos.

Cuando cae la tarde en el Tigre, los abrazos de Mabel y Daniel son parte de una bella despedida. Caminando hacia el muelle, cuentan que el pedazo de tela bandera color negro es el luto por la muerte del escritor Osvaldo Bayer.

Ahora sí, al marcharme, puedo leer la frase completa escrita en el muelle que, letra por letra, colgadas como en un cordel, reza “Viva la Patria”.

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