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Balancear o hacer malabarismos

El Bambú es un árbol de esos maravillosos tanto por fuera, como por dentro. Cuando se siembra demora siete años hasta que comienza su crecimiento, veloz y tenazmente, dando lugar a un tronco lo suficientemente fuerte para sostenerlo y flexible para no romperse. Esos siete años desarrolla un complejo sistema de raíces que le dará el sostén suficiente. Es que el bambú crece muy alto pudiendo llegar a medir entre 25 y 30 metros, lo que lo expone a vientos, lluvias y calores extremos. Este árbol desarrolla en su tronco y hojas los recursos necesarios para doblarse ante los vientos pero no quebrarse.

Opinión 16 de noviembre de 2020 Sabrina Alcaraz Sabrina Alcaraz
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Por: Lic. Sabrina Alcaraz (*) / RRHH
 

Ese balance que logra esta especia de árbol entre su dureza y su flexibilidad, le permite adaptarse al contexto sin perder su esencia, algo que muchas personas anhelamos poder hacer sobretodo en contextos complejos. Cuando la vida resulta en escenarios o situaciones que no podemos controlar necesitamos encontrar formas de volver al equilibro para no desbalancearnos. Esta situación puede pasar en entornos familiares, cuando la convivencia, el crecimiento o las decisiones de una persona afectan al grupo familiar. También puede ocurrir en equipos de trabajo, aún en aquellos que tienen aceitados procesos de trabajo y de golpe enfrentan una situación inesperada. Es en esos momentos que salimos a la búsqueda de recursos para volver al punto de equilibrio y muchas veces nos olvidamos de un factor fundamental, que nos puede enseñar el bambú: su semilla pasa muchos años fortaleciéndose debajo de la tierra hasta que comienza a crecer con todas sus potencialidades. El desarrollo de cualquier competencia, habilidad o hábito requiere un tiempo de maduración…y el balance se encuentra recorriendo ese camino.

 “Siento que hago malabarismos…” Frases como esta se escuchan a diario de parte de personas que sienten que son demasiados los problemas que tienen en sus manos y solo pueden atajarlos de a uno para que no se caigan. Según su definición, malabarismo es la acción que requiere destreza o habilidad para mantenerse en un sitio sin caer. Sin embargo todo malabarista tiene un límite, llega un punto en que todo se cae. ¿Qué pasa si algo se cae? ¿Qué pasa si no logro un objetivo? ¿Qué pasa si un plan que tenía para mi equipo de trabajo no se puede continuar porque la mitad de mi equipo está en aislamiento? ¿Qué pasa cuando tenemos discusiones o desencuentros? ¿Cómo me afecta que la mitad de mi vida hoy sea a través de la virtualidad?

A veces, las cosas se caen, no salen como queremos, tomamos malas decisiones o discutimos con personas valiosas en nuestras vidas. Vivir nuestra humanidad de manera completa incluye las caídas, las frustraciones, las tristezas y los objetivos no cumplidos. Esa cara de nuestra existencia se nos muestra más cruda que nunca enfrentando a diario las consecuencias de un virus inesperado que puso nuestras vidas patas para arriba. Nos desafía a dejar de hacer malabarismos, dejar caer algunas bolas y doblarnos como hace el bambú cuando el viento sopla fuerte.
 

Es la hora del Balance, cuya definición es  mover de un lado a otro una cosa que cuelga u oscila. Pensar nuestras vidas y decisiones no como algo rígido y estático, sino como dinámicas, en movimiento, hasta que encuentren su punto de equilibrio. Pero recordando que encontraremos ese punto en el recorrido que hacemos durante el balanceo. ¿Cómo se vive esto en el día a día?

1.       Dejar caer algunas bolas: aprender a delegar o decir no, para decirle sí, a esas cosas o personas que aportan equilibrio en mi vida. Imaginate que estas en un subibaja y del otro lado hay un elefante, ¡Vas a necesitar personas que colaboren fuertemente con vos para equilibrar el subibaja y que no quedes solo/a con las patitas en el aire! A esas personas deciles sí, a esas oportunidades decile sí.

2.       Ser reales: una de las características que olvidamos de nuestra humanidad es nuestra vulnerabilidad. Somos seres sensibles que reaccionamos a nuestro medio ambiente. Sin embargo en sociedad nos exigimos tener todo siempre claro y ser fuertes. A veces somos eso… a veces no. Permitirnos no saber, no tener todas las respuestas es la puerta que abre la posibilidad al otro/a, a la colaboración de otro ser humano que viene a colaborar con nosotros/as.

3.       Reconectar con nuestros cuerpos: en su libro De animales a Dioses, Yuval Noah Harari  dice: “Los cazadores recolectores dominaban no sólo el mundo circundante de animales, plantas y objetos, sino también el mundo interno de sus propios cuerpos y sentidos. Escuchaban el más leve movimiento en la hierba para descubrir si allí podía haber una serpiente.” Es la vida moderna la que nos fue llevando poco a poco a desconectarnos de nuestros sentidos y nuestro cuerpo, pero en él hay mucha sabiduría disponible para nosotros/as. La flexibilidad que buscamos para nuestras mentes, la creatividad y nuevas formas de ver las cosas, pueden provenir de nuestros cuerpos. Cuando desafiamos nuestros cuerpos a movimientos que no son los usuales, el cerebro se ve obligado a desarrollar nuevos circuitos neuronales, o sea, nuevas formas de resolver las cosas. Desafiate a ir a una plaza a jugar como cuando eras un niño/a, conectate con tu cuerpo descalzo, baila, camina, llora, reíte a carcajadas, respira o busca aquella actividad que te conecte con tu amado cuerpo.

Esta lista no termina acá, podes seguir agregándole acciones o ideas que te ayuden a lograr un mayor balance en tu vida. También podes borrar algún punto… porque de eso se trata el balance, de poder intentar, equivocarse y volver a intentar. De saber que una vida plena, desarrollando habilidades y adaptándonos, tal como lo hace el bambú, requiere tiempo y dedicación.

Finalmente nuestra experiencia humana es ese camino que transitamos entre desbalances y nuevos equilibrios, que nos llevan a nuevos escenarios y personas en nuestras vidas, enriqueciendo nuestra experiencia cada vez que, como el bambú, nos doblamos con el viento para no quebrarnos.

(*) Lic. Relaciones del Trabajo RRHH / Fundadora de Humanly Consultoría 

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