
Desde Santa Isabel: Una historia como tantas, pero que merecen ser contadas
InfoHuella


Para fines de 1990, principios del 91, había una empresa llamada "Bacigaluppi" trabajando en la Ruta 10, aún de tierra y ripio, por La Pastoril. Un fin de semana, mi papá quedó de guardia en el campamento con una camioneta 350 a disposición por cualquier urgencia. También quedó con él un compañero que manejaba un camión, de apellido Paiva.
Mientras se escondía el sol, mi papá - Domingo "Avin" Fernández - fue a acomodar unas estacas en un tarro. Cuando intentó levantarlas del piso, lo mordió una víbora venenosa en la mano, una víbora de la cruz. El veneno empezó a correr rápidamente. Su compañero Paiva se asustó, pero intentó ayudar: encontró una cámara de bicicleta y se la ajustó fuertemente a modo de torniquete, cortando totalmente la circulación de la sangre. Luego intentó darle marcha a la camioneta 350, pero no pudo arrancarla.
LLEGÓ BALDITO
En ese momento, casi como caído del cielo, llegó de pasada Baldito Álvarez, oriundo de la zona- más precisamente de Árbol Solo-, en una Ford 100 naftera. Se acercó a ver qué pasaba y se dio cuenta de que el torniquete estaba siendo contraproducente, porque el brazo de mi papá estaba perdiendo sangre y oxígeno. Cuando revisó la camioneta 350, vio que tenía el "Pare" hacia atrás y, en la desesperación, Paiva no se había dado cuenta. Para los que no saben, aquellas camionetas tenían un "Pare" que se tiraba para atrás para parar el motor, y si no se volvía a empujar para adentro, el motor no arrancaba.

De todos modos, Baldito decidió llevar él mismo a mi papá hasta el hospital de Victorica, donde estuvo internado casi 20 días y por poco no perdió la vida.
Años después supe esta historia gracias al mismo Baldito, cuando nos conocimos en Funsacha. Me contó algo que me conmovió: en el viaje hacia Victorica, mi papá le había confesado entre lágrimas: "Gracias, hijo. Pensé que no iba a volver a ver a mi hija, que está en el pueblo y tiene cáncer. Hasta que llegaste vos...".

ESTABA VIVA
Allí no terminó la historia. Habían dado por muerta a la víbora y la echaron en la caja de la camioneta para que los médicos supieran qué antídoto utilizar. Pero al llegar al hospital de Victorica, la víbora estaba viva y atraparla nuevamente fue un caos y un gran peligro.

En esta historia hubo otro héroe anónimo que hoy no la está pasando bien: Jorge Sartori. Al saber lo que había pasado con mi papá, corrió a la casa en Santa Isabel para avisarle a mi mamá y a mi hermana Cristina, que estaba enferma. Sin dudarlo, los llevó a Victorica para que se encontraran con mi viejo, sin cobrarles un peso.
Baldito hace de todo, aunque en realidad es enfermero desde hace más de 40 años.
GRACIAS!
Yo solo quería dar a conocer esta historia real y agradecer a los que hicieron todo lo que se puede hacer: a Paiva, a Sartori y a vos, Baldito, porque Dios y tu vocación te han puesto en el momento justo miles de veces.
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