Escribe: Miguel Ángel Villagra. La realidad se impuso a la posverdad

Opinión 15 de agosto de 2019 Por
El día domingo se celebraron las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) en todo el territorio nacional y el binomio Fernández-Fernández se impuso por un amplio margen sobre la fórmula Macri-Pichetto.
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Por: Miguel Ángel Villagra

Sería ingenuo afirmar, que alguien imaginaba que Alberto Fernández podía superar por más de 15 puntos de diferencia al actual mandatario nacional. Ni siquiera los simpatizantes más afines del Frente de Todos eran tan optimistas. Sencillamente, porque la mayoría de los medios de comunicación hegemónicos, mostraron durante meses una realidad que poco se correspondía con la que los argentinos vivían cotidianamente, y por si esto no bastara, durante las últimas semanas se diseminaron decenas de encuestas que nos auguraban un resultado absolutamente diferente. 

Este fenómeno, contemporáneo a la utilización masiva de redes sociales, WhatsApp y medios de comunicación digitales, ha sido denominado como “posverdad”, y se caracteriza por la distorsión deliberada de la realidad, con la finalidad de moldear la percepción y la opinión de la gente.

Lo preocupante de este nuevo fenómeno, es que puede tener una afectación significativa en la convalidación de medidas de gobierno o judiciales gravosas para el sistema republicano, o peor aún, tener incidencia directa en los comicios electorales. Ambos supuestos, fueron llevados a cabo en Brasil, donde a través de la manipulación de la opinión pública y la utilización de “fake news” o noticias falsas, se encarceló al dirigente político más representativo de los sectores populares, Ignacio Lula Da Silva, y se desplazó mediante un golpe de estado parlamentario a la presidenta electa democráticamente, Dilma Rousseff.

El filósofo norteamericano Noam Chomsky, al referirse a la posverdad, afirma que “la gente ya no cree en los hechos”, en clara referencia, a la existencia de instrumentos a través de los cuales se “crean verdades” que no se condicen con los hechos, pero que terminan siendo validadas por una gran mayoría en función de su repetición incesante o de mecanismos similares.

Es interesante advertir como se reconfigura el sistema democrático con la aparición de estos fenómenos, en razón de las nuevas tensiones que se generan al momento de ejercer el voto. ¿Se afecta la libertad del votante que consume información falsa o realidades distorsionadas, cuando surgen de fuentes diversas y simultáneas? ¿Cómo evitar que este nuevo fenómeno se presente en magnitudes similares a lo ocurrido en otros países como Brasil? Estos son algunos de los interrogantes y desafíos que se presentan en nuestra democracia contemporánea de cara al futuro.

La contundencia de los resultados electorales, no debe restarle trascendencia a las implicancias políticas, sociales y económicas que puede provocar en nuestra sociedad la falta de regulación de este fenómeno. El domingo pasado, la realidad se impuso a la ficción, pero la posverdad llegó para quedarse.

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