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José Grigione: el cura albañil de Pico al que le pusieron una bomba    

El sacerdote José Grigione fue un religioso de General Pico con una impronta popular que construyó una escuela primaria y ayudó a hacer varias casas en uno de los barrios más postergados durante la década del 60. Comprometido con causas sociales, siguió su tarea en Neuquén junto al obispo Jaime De Nevares, y en los años de la dictadura militar llegaron a ponerle una bomba en su parroquia.

Opinión 08 de noviembre de 2020 Escribe en InfoHuella: Norberto Asquini Escribe en InfoHuella: Norberto Asquini
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Por Norberto G. Asquini / Columnista en InfoHuella

Los salesianos tuvieron una fuerte presencia en General Pico desde que se hicieron cargo en 1928 de su parroquia principal. En los años 60 y 70, aunque entre los miembros de la congregación había posturas conservadoras, hubo también fuertes improntas de una pastoral social como la que impuso José Grigione, un sacerdote de fuerte inserción e intensa actividad y trabajo con los sectores más postergados. 

Grigione estuvo dieciocho años en General Pico, en su primera etapa, desde 1956. Trabajó en proyectos para la promoción de los sectores populares, inició la reforma litúrgica y fue protagonista de movimientos vecinales. Otro salesiano que lo conoció, Cayetano Castello, indica que tuvo “no una mirada política, pero sí social” sobre la realidad.

Una escuela de la nada

Los salesianos comenzaron a levantar en los años 50 una capilla y una escuela en la calle 27 y avenida San Martín, “detrás de las vías”, como se conocía a la barriada, “de espaldas” al centro y donde estaban los sectores más postergados. La obra se hizo en distintas etapas con la colaboración de la comunidad y en 1961 se inauguró la capilla Nuestra Señora de Luján. Pocos meses después para hacer frente a la necesidad de escolarización de las niñas y los niños de la zona, comenzó a construirse la escuela primaria adyacente a la parroquia. 

Como indica Cristian Rodríguez en su reseña sobre el sacerdote para la Junta Regional de Historia de General Pico, inició en 1962 la Campaña de los Mil Amigos para colaborar con la construcción de las aulas "donde se enseñaría a los niños necesitados de educación escolar, los que hoy llamaríamos 'chicos de la calle', desertores escolares que quedaban fuera del sistema oficial de enseñanza por falta de bancos en la única escuela de la zona". Fueron los mismos vecinos y el cura quienes levantaron sus paredes, y las primeras maestras trabajaron sin cobrar hasta que el establecimiento fue reconocido ministerialmente. Los fondos llegaron a través de kermeses, festivales, rifas, conciertos, distribución de alcancías, ferias de platos, campañas de ladrillos. Las clases comenzaron a dictarse ese mismo año. Frente a la parroquia y a la escuela fue el primero en darle impulso a la plaza España.

Entre las vecinas y los vecinos del barrio de la época quedaron varias anécdotas sobre su trabajo pastoral y social. Por ejemplo, en la década del 60 cuando hizo hacer un trencito para pasar a las chicas y los chicos por la ciudad, con parte de un camión Ford que arrastraba un vagón. O durante los domingos cuando de sotana arremangada y manos sucias de cal pasaba a la parroquia para dar misa o atender a la feligresía. El barrio, la parroquia o la escuela terminaron llamándose “del padre José”.

Las casas del padre José

Grigione desarrolló una tarea social que intentó una mejora en las cuestiones materiales de su barriada, como fue la puesta en marcha de la construcción de viviendas populares. Así llegaron a construirse casas en el barrio “Monseñor Miguel de Andrea” en la zona denominada “barrio Costa Brava”. El lugar estaba ubicado en los aledaños a la capilla Nuestra Señora de Luján y se llegaron a levantar unas treinta viviendas.

En el año 1964 comenzó ese proyecto con el Plan de Esfuerzo Propio y Ayuda Mutua (EPAM) un programa de construcción a crédito del Estado provincial donde los beneficiarios ponían la mano de obra. “El proyecto era beneficiar a numerosas familias que con este plan podían cubrir la necesidad de la vivienda propia, a la vez que dar lugar al nacimiento de un nuevo sector poblado”, indicaba la prensa. Una obra “muy reconocida por sus pobladores”, se resaltaba.

El Banco Hipotecario hizo un aporte de medio millón de pesos moneda nacional por unidad, se proyectaron treinta casas y se construyeron, entre 1965 y 1968, 24 viviendas en terrenos de 10 por 25 metros. Los beneficiados pagaban una cuota mensual y con interés incluido a veinte años. La prensa indicaba que “favorecieron a familias modestas del medio” con un “costo mínimo y en forma aceptable”; aunque aclaraba que “adolecen de fallas técnicas notables a primera vista, haciendo que el conjunto resulte sumamente antiestético y mal terminado”.

Un cura comprometido

Grigione fue un sacerdote comprometido con la comunidad, que manifestó su disconformidad en plena dictadura de la Revolución Argentina. Así celebró una misa en mayo de 1969 en su capilla por los muertos de la represión durante las rebeliones populares en los días del Cordobazo. Fue luego de una movilización que realizaron las y los estudiantes de los colegios secundarios por el centro piquense que confluyó en la plaza España, situada frente al templo que dirigía el cura. 

También realizó una marcha el 4 de junio de 1971 con los alumnos del establecimiento primario parroquial para reclamar por mayor atención hacia esa obra por parte del Estado. Grigione desarrolló tareas que salían del papel tradicional del sacerdocio y que se vinculaban solidariamente con otros sectores de la sociedad. Fue el encargado del comedor estudiantil que se puso en marcha para las y los estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Tecnológica Nacional que comenzó a funcionar como delegación en 1969 en General Pico. Empezó a comienzos de los ’70 y asistían unos 50 alumnos que de esta manera podían costear sus estudios. Vinculado a esto, en 1970 puso en marcha en un local de las calles 18 y 19 frente a la plaza San Martín una “petit rotisería” para recaudar fondos.

Esta impronta no era vista con buenos ojos por toda la feligresía. Rodríguez rescata el testimonio de José Toy, uno de los feligreses, que recuerda: "El tema del padre José es todo un temazo, porque en aquella época, nos nos olvidemos que comenzaron a aparecer los curas del Tercer Mundo, y acá el padre era considerado un cura del Tercer Mundo. Y había mucha gente que estaba en el otro sector (la elite) y eran religiosos ortodoxos. Entonces él tomó distancia y terminó yéndose allá y se refugió en ese lugar que todos conocemos (la parroquia)".

En Neuquén, y la bomba

En marzo de 1973 Grigione dejó General Pico para radicarse en Tapalqué Buenos Aires, donde asumió sus nuevas funciones en la Escuela Agrícola Salesiana "San Pascual".

En 1976 siguió su camino en Neuquén, en tierras del obispo Jaime De Nevares. En las calles Chajarí y Arabarco, actual barrio El Progreso de la capital, donde el gobierno provincial había donado tierras, construyó la capilla, una guardería y en el año 1981 la Escuela Domingo Savio. Fundó talleres de artes y oficios –carpintería, electricidad y soldadura– para formar también a los chicos de la calle. Fundó comedores escolares en donde daba de comer a casi 200 niños y ayudó a levantar un centenar de casas del barrio Islas Malvinas.

Ricardo Villar, ex diputado neuquino y que trabajó con él en los años 70, recordó que “aparecimos muchos convocados por nadie. Y nos dimos cuenta de que, sin importar pertenencias partidarias, oficios o profesiones, estábamos allí reafirmando compromisos a favor de la libertad, la democracia y la justicia. Los encuentros se repitieron, pero el poder militar toleró esos encuentros hasta cierto punto. Una madrugada, una bomba destrozó parcialmente la capilla. El mensaje fue claro”. Recordó, en una entrevista, que Grigione y otros curas mayores coincidían con el obispo en su opción por los pobres. Pero tenían diferencias con el prelado y los sacerdotes más jóvenes por su visión y su impronta más politizada de la Iglesia. A comienzos de los 80 regresó por un tiempo a General Pico.

A fines de la década de los 80, el padre José se fue a China Muerta donde fundó la Escuela Granja Cooperativa “San Isidro Labrador”, para trabajar la tierra y en 1990 se trasladó a Piedra del Aguila pues no había sacerdotes. En Plottier trabajó en la casa de Encuentros. Falleció en Neuquén el 16 de enero de 2009 a los 83 años.

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