
General Campos: el silencio pujante
InfoHuella


Escribe: Lautaro Bentivegna (Periodista)
Un pueblo en donde no quedan calles de tierra, hay –casi– pleno empleo y el sector privado es fuerte y colaborativo. Un pueblo en el que los habitantes se sienten orgullosos de su lugar y son tan unidos que hasta el único club de fútbol se llama Unión. El pueblo en donde hay un intendente imbatible al que casi todos votan hace 20 años y que, desde el regreso a la democracia, tuvo a dos hombres sentados en el Congreso Nacional. Un pueblo que en plena crisis lanzó, con fondos propios, un ambicioso plan de viviendas. El mejor dulce de leche que probé en mi vida se hace ahí y los quesos, por favor, ¡qué delicia! El bar más hermoso en donde me tomé una cerveza está en una esquina del pueblo, frente a la estación de tren. Más de una vez quise mudarme: ¿Quién no quisiera vivir en General Campos?
Vuelvo al principio, leo, corrijo, actualizo, busco un archivo.
Un pueblo pujante, autónomo, la perla del sur pampeano donde se cometió el primer femicidio del año 2020.
El domingo pasado, cerca de las seis de la tarde, Martín Colón le disparó por la espalda a Camila Guevara. La mujer de 38 años, madre de tres hijos, de oficio despensera, falleció en el acto. Dos de sus hijos, de 7 y 15 años, la vieron morir. Tras el ataque, Colón se encerró en el baño e intentó suicidarse con el arma calibre 22.
La escena se repite: despensera pampeana asesinada por marido violento que luego se suicida en un domingo de calor. Fue hace cinco años, el 14 de diciembre de 2014, en el barrio Néstor Kirchner de Santa Rosa. Juan Braum, mató a su ex mujer, Maria Zulema Liek de un disparo en el pecho. En la capital provincial, los días posteriores al crimen, se hicieron marchas reclamando políticas públicas para frenar la violencia.
En General Campos, hasta hoy, no hubo marchas. El día después del asesinato, un grupo de mujeres quiso movilizarse para pedir Justicia. El mismo pueblo logró desactivar la manifestación con la excusa de que la familia estaba de duelo, procesando semejante dolor.
Vuelvo al principio, corrijo, busco archivos.
Un pueblo pujante, que busca pasar desapercibido, donde se cometió el primer femicidio del 2020.
Una de las últimas veces que estuve en Campos, sugerí hacer una nota sobre el plan de viviendas lanzado por el intendente. Alguien me dijo que mejor no, que no levante perdiz, que no hace falta más gente. En los últimos tres censos nacionales consta que en dos décadas la población creció poco: apenas 221 habitantes.
Antes de fin de año, en otra visita, escuché una conversación en la que se hablaba de una pareja del pueblo. Alguien contaba, con total naturalidad, que el hombre le pegaba a la mujer y que entonces, tras la paliza, ella abandonaba la casa con los hijos a cuestas pero que al tiempo volvían a vivir una luna de miel. “Viste como son, van y vienen. Viven así”. Fin de la conversación.
En el 2018, una estudiante denunció haber sido víctima de discriminación por ser descendiente de inmigrantes judíos. Su relato fue distinguido en un certamen lanzado por INADI y su historia fue tapa de de El Diario de La Pampa y citada por los porteños Clarín y La Nación. Cuando le pregunté a alguien del pueblo por la noticia, me dijo sin tapujos: “La piba es re exagerada. Algún boludo le dijo eso en la escuela, en joda, y ella se hizo un mundo”.
Más atrás en el tiempo, pero no hace tanto, recuerdo el caso de una maestra que reivindicó a un genocida en un acto escolar. Salió en todos los medios, algunos nacionales. Cuando intentó aclarar la situación en una radio la oscureció: terminó por reivindicar la matanza de pueblos originarios. La mujer fue desplazada por el ministerio de Educación pero en el pueblo quedó la sensación de que fue víctima de una injusticia.
Vuelvo al principio.
Un pueblo pujante, de gente unida y ordenada, en torno al silencio.
Martín Colón murió hoy, tres días después de asesinar a Camila Guevara.
En algún lugar la rabia sigue. ¿Ustedes también escuchan el ruido?




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