
Que la polvareda no nos impida ver octubre
Luis Alberto Cazanave


Esto podría ser el comienzo de una crónica bélica. Pero amigo lector, sepa usted, que también es el prólogo para un comentario de las últimas elecciones PASO realizadas en nuestro territorio. Obviamente, excluimos el tema nacional, sobre el cual abundan todo tipo de lecturas y análisis para todo gusto.
La primera pregunta que se me ocurre, frente a tanto comentario, es el porqué de las sorpresas que manifiestan con el resultado. La segunda pregunta, cómo es posible que después de 34 años de hegemonía política del PJ, que un joven con una estructura política en formación, un discurso simple, y apostando al futuro, logra derrotar al oficialismo y la oposición más tradicional y consolidada en nuestra provincia. Si hacemos del discurso una realidad, deberíamos coincidir con aquello de que en la democracia “voz populi es vox Dei”, lo que dijeron las urnas el domingo 13, está claro: no queremos más un gobierno como el que tenemos, ni las formas de gestionar, que nos ha llevado a este verdadero estancamiento que no es la primera vez que se menciona desde estas columnas. Pero también el resultado demostró algo contundente, dijo: que había que cambiar la forma de hacer oposición y que había que tratar de superar el nivel de discusión y egocentrismo que existe hoy, para salir de ese mar de ambigüedades en el que se trata de navegar sin ser una verdadera alternativa de poder para generar un proyecto alternativo que sea capaz de ser la alternancia a lo que hoy es el gobierno de La Pampa.
Pero, quienes ganaron, lo saben o debieran saberlo, que cuando se está dispuesto a cambiar un paradigma, no es gratis, va a haber, en el oficialismo y en la oposición, una cantidad de dirigentes que no están dispuesto a abandonar sus roles históricos, porque en todo caso, eso es lo que viene haciendo desde que se reinició la democracia. Se retroalimentan, los unos y los otros, como una suerte de carrusel, en el cual, los único que sacan la sortija cada cuatro años, son los mismo.
Porque es fácil decir que esta provincia está como está porque hace más de 30 años está gobernada por el PJ. Pero también vale la pena decir, que en la oposición histórica hay senadores - diputados, que llevan muchos períodos alternándose y nunca han sido capaces de liderar un proyecto de cambio. Hoy los vemos buscando responsabilidades en el propio partido que, cada cuatro años “los premia con las bancas”.
Fue la propia UCR la que propuso que había que democratizar la definición de las candidaturas. Habíamos muchos que siempre pensábamos que la lista de unidad era la forma de poder zanjar las diferencias. En la primera convención de la UCR en La Pampa, cuando se ratificó Gualeguychú, muchos de los que hoy hablan, mantuvieron ruidoso silencio, por si las moscas. Y hoy pretenden convertirse en los líderes de Cambiemos. O hablaron muy despacio, o no estaban. Yo nunca los escuché.
Como verdaderos demócratas que somos, a partir de ahora, lo único que queda, es aceptar con hidalguía, el resultado de las urnas y encolumnarnos como verdaderos militantes detrás de los que ganaron. Sin mezquindades, sin pretendidos protagonismos que algunos ya tuvieron y no supieron ejercer. Es muy difícil, pretender hacer equilibrio jugando al opositor y pretendiendo los votos que se traccionan desde el gobierno nacional. No me extraña porque en muchos de estos dirigentes, la ambigüedad y la falta de definición, han sido siempre una constante en su accionar. Y todos los que pretendíamos tener una mirada diferente, éramos excluidos y marginados por el solo pecado de pensar.
Los mismos que hoy generaron la crisis en la UCR no pueden ser quienes pretendan curar las heridas que ha dejado las PASO. Es triste el espectáculo que se advierte en los medios, donde todos los días, se denuncian responsabilidades ajenas, sin un solo renglón de mea culpa.
Hacer un Partido joven no es lo mismo que muchos jóvenes en un partido. Porque si sus ideas y métodos son los de siempre, no habremos cambiado nada.
Por último, y a modo de sugerencia, hace falta reconocer el resultado de cara frente al partido, pedir perdón por haberle infringido una nueva derrota e ir a buscar a los triunfadores para ponernos a disposición para generar una alternativa donde valga la pena luchar.




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