El Húngaro: aturdido por la guerra huyó de Hungría y fue un personaje en Telén  

Cuando disparaba del horror junto a su madre, la mataron frente a sus ojos. Llegó a La Pampa en la década del 80 y fue parte del paisaje telenense: como pintor, atendiendo su pizzería y cuidando a dos de sus hijos cuando lo visitaban en las vacaciones de verano.

Escribiendo 12 de marzo de 2023 Por: Cristian Javier Acuña Por: Cristian Javier Acuña
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Escribe: Acuña Cristian Javier 

EL HÚNGARO

Erno Prenner nació en 1936 en Budapest, Hungría. Vivió su infancia en el contexto de la Segunda Guerra Mundial (1936 – 1945). A los 16 años, ya tenía edad para enrolarse en el ejército, pero antes de cumplir los 20, huyó de su país aturdido en calidad de refugiado, como lo hicieron unos 200 mil húngaros en el llamado Otoño Húngaro (1956).  

Viajó de polizón, escondido en un barco que lo llevó a Latinoamérica, más precisamente a Brasil. De allí vino a Buenos Aires. Llegó a la Argentina de los 60 y al tiempo sufrió un allanamiento. “Mi viejo escribía su propio libro en húngaro y si bien no tengo claro lo que sucedió, sé que en un momento le sacaron las cosas que tenía en su casa y allí le arrebataron ese libro que escribía”, cuenta uno de sus hijos a Infohuella.

En Buenos Aires conoció a una mujer que al igual que él era oriunda de Hungría, con quien tuvo un hijo y una hija. Al tiempo, se trasladó a La Pampa, a General Pico. Allí estuvo en pareja y de esa unión nació Juan, a quien le decía “La Pelado” y a Guillermo, al que llamaba “La Cuco”. 

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El Húngaro, junto a "Los hungaritos", sus hijos Juan y Guillermo, el menor.

Pero en Telén, Juan y Guillermo tenían un mote en plural… “Los hungaritos”: inconfundibles, flacos, altos, altísimos, llevaban medias de algodón por encima de los joggins y tenían remeras enormes que parecían que les tocaban las rodillas. Muy buenos jugando al pool, en el bar de la avenida.

ESE DIARIO Y LOS CASSETTE

Erno Prenner – conocido en Telén como El Húngaro -  tenía un diario. Oficiaba de diario del viajero. Era su diario íntimo y allí escribía lo que hacía en el día. También grababa cassette vírgenes.

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Guillermo conserva los cassette que grabó su padre con música que escuchaba en la radio. 

“Recuerdo que todos los días escribía. Creo que pondría lo que le pasaba o iba pasando. Y grababa cassette. Tengo dos cajas, casi 100 cassette, todo enumerados de puño y letra por él”.

Por esa resistencia al olvido, en ese tire y afloje de seguir siendo quién era desde que nació, lo escribía con las primeras letras que aprendió a dibujar en la escuela primaria, donde sus lectores quizá eran la maestra y después en su casa, su madre y padre. El diario de Telén lo escribía con su castellano duro. 

“No le entendíamos mucho lo que escribía. Lo poco que sabíamos de él era porque algunas cosas las contaba, como cuando disparó de la guerra en Hungría con su mamá y al llegar a un tejido perimetral se la mataron”, sostiene su hijo Guillermo.

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"Los hungaritos" en los escalones de la pizzería. Foto actual del local (Laura Acuña). 

“YA LA VA A ESTAR”

Ese castellano duro o, ese húngaro que se resistía a cambiar, lo hacía único en Telén. En más de una oportunidad, había quienes por estrechar una amistad le hacían bromas. Sin dudas, ya era un personaje en el pueblo. Cuando se enojaba, sentenciaba “Te voy a romper la culo”. Con esa frase lo recuerdan hasta en la actualidad.

Era muy bueno haciendo pizzas y sus salsas eran inconfundibles. La pizzería se llamaba “El Hungarito”. Cuentan que las hacía con horno a gas y que en un descuido, le cerraron la llave de la garrafa para hacerle una broma.  Sabiendo que la pizza no se iba a cocinar nunca, le reclamaban la tardanza. Y a cada pedido de que la pizza saliera, él respondía con su castellano duro: “Ya la va a estar”. Lo cierto es que, fue tanto la insistencia y tanto repetir el “ya la va a estar”, que luego de media hora se percató que algo estaba pasando con el horno. Cuando advirtió que estaba apagado porque le habían cerrado la garrafa, dicen que se enojó tanto que no quedó ni el gato en la pizzería.

EL CABALLO VERDE DE SAN MARTÍN

Otras de las anécdotas que aún retumban en Telén, era la acalorada discusión que tuvo con un vecino, cuando no daba el brazo a torcer al señalar que el caballo de San Martín era verde y no blanco. “El que yo he visto en las plazas donde está San Martín es verde”, insistía.

UN PINTOR

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Dos de los edificios que pintó en el pueblo. El Hospital Cecilia Grierson y la Municipalidad. Fotos: Laura Acuña.

Cuando “El Húngaro” llegó a Telén, era un hombre soltero. A fines de la década del 80 –intendencia de José Herrera – empezó a trabajar en el municipio. Pintaba los cordones y la senda peatonal. Tan prolijo era con la pintura, que luego pintó el edificio municipal. Cuando pintó el Hospital, hay quienes recuerdan la ingeniería casera para mantenerse en pie en el techo a dos aguas y sin andamios. Había ideado con bolsas llenas de tierra y sogas un balanceo perfecto para poder pintar el techo de color verde.

VERANOS EN TELÉN

Guillermo- el menor de sus hijos-  cuenta que ellos vivían con su mamá en Pico, pero que todos los veranos iban a visitar a su papá a Telén. “Nosotros andábamos por todo el pueblo con mi hermano y también aprovechábamos y lo íbamos a ver a mi viejo cuando estaba pintando una casa o los cordones del pueblo. Tengo recuerdos de verlo de rodillas en el asfalto en verano pintando los cordones”, recuerda.

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Guillermo, "La Cuco", junto a Eugenia, en la Terminal Telén. 

También se los veía en la esquina de la economía de Canuhé, en el inolvidable Mercadito Euge-Mar. Mario era su tío, por parte de su mamá. Y Eugenia y Mario (hijo) “El Negro” Canuhé, sus primos hermanos.

También recuerdo que mi papá cuando terminaba de trabajar, a la noche, iba al bar a tomarse un vino y ahí nos pagaba la ficha al pul. Son pocas las cosas que recuerdo de él. Quizá mal o bien, el resto de la gente que lo frecuentó lo debe recordar

ESE ABRAZO FINAL

Por diferencias con el intendente Herrera, El Húngaro se fue de Telén. Pasó el tiempo y sus hijos no supieron más nada de él. “Tenía 10 años cuando lo había visto por última vez y cuando empecé a averiguar dónde estaba, me dicen que se había ido de Telén y que estaba en Santa Rosa, en una chacra. Logro ubicarlo y me fui”, sostiene Guillermo.

“La chacra estaba a la vera de la 35, cerquita de Santa Rosa. Cuando llegué, le estaba dando de comer a las gallinas. Yo tenía 16".

Le hablé, se dio vueltas y me dijo: ‘¿Quién sos?’ No me conoció. ‘Soy Guillermo, tu hijo’. Me miró y nos abrazamos

LO MATARON

Erno Prenner – conocido en Telén como El Húngaro-  tenía 72 años cuando sufrió un robo en su humilde pieza donde vivía en calle 25 Y 102 de la ciudad de General Pico. Lo golpearon fuerte en la cabeza y lo patearon. Después de seis meses despertó, pero únicamente miraba, no hablaba ni se movía.

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La bicicleta con la que tiraba un carro en Pico. "La reformé y la pinté", dice Guillermo, quien la conserva, ahora de color rojo. 

Cumplió los 73 años en terapia. “Iba en moto al Hospital a darle de comer en la boca. Le hacía leer con la vista para que me contara quién lo había golpeado. Pero no hablaba. Un lunes 22 de diciembre de 2010 me llaman del Hospital para decirme que había fallecido”, recuerda Guillermo, su hijo menor, al que llamaba “La Cuco”.

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