
Colores que transforman: La historia de la mujer detrás de Pampacryl
Paula Pérez


Por Paula Pérez – Licenciada en Relaciones Públicas, Coach Laboral y Columnista en InfoHuella
En su oficina de Santa Rosa, La Pampa, todavía huele a pintura fresca. Afuera, las máquinas no se detienen; adentro, Sandra camina entre tambores de color con la misma familiaridad con la que alguien recorre su casa. En cierto modo, lo es.
No siempre estuvo aquí. Durante años, su vida transcurrió entre guardapolvos blancos, frascos y planillas del Ministerio de Salud. Farmacéutica de profesión, tenía lo que para muchos es un tesoro: un sueldo fijo, la rutina asegurada, el futuro previsible. Pero algo empezó a vibrar distinto.
Por las tardes, después de su turno, llegaba a la fábrica para “dar una mano”. Lo que comenzó como un gesto de apoyo a su esposo, Carlos, se convirtió en un hallazgo personal: un espacio donde podía aplicar lo que había estudiado y, sobre todo, volver al laboratorio, el lugar que la había llevado a elegir su carrera.
El salto no fue tímido. Pidió licencia, viajó a Buenos Aires y se formó en un curso intensivo. Regresó con un objetivo claro: hacerse cargo del laboratorio de Pampacryl. Allí continúa trabajando todos los días, aunque desde el año pasado decidió sumar a su equipo de laboratorio a Florencia, una joven licenciada en Química a la que hoy capacita y esta a la par trabajando.
Sandra reparte su tiempo entre compras, relaciones públicas y la logística de una empresa que suma 35 empleados, negocios propios y franquicias en General Acha, Bahía Blanca y Trenque Lauquen.
“Cuando sos independiente, estás todo el tiempo pensando en qué hacer y cómo mejorar”, asegura. Su celular está encendido las 24 horas. Sabe que es la cara visible y también la guardiana de la identidad visual, la calidad y los valores que sostienen la marca.
Escena de confianza
La tarde avanza con ritmo sereno. Tras la puerta con el cartel que advierte “Está prohibido retirar material del laboratorio sin autorización”, dos mujeres trabajan concentradas.

Florencia, bata oscura y lápiz en mano, repasa fórmulas junto a su ayudante. Frente a ellas, frascos de pigmentos, muestras de color y herramientas que guardan las huellas de cada prueba.
Sandra esta presente y supervisando cada movimiento, sabe que la magia y la diferencia esta en ese sector. Mientras esta encaminado el mismo, se ocupada además de las tareas de dirección.
La escena habla sola: confianza, profesionalismo y continuidad. Un laboratorio que no se detiene porque quienes lo integran comprenden el peso y el orgullo de lo que construyen.
Donde la magia cobra forma
Entre tambores metálicos, conductos que serpentean por el aire y el aroma a pigmentos recién mezclados, Sandra se detiene un instante. A su lado, la gran máquina verde espera la próxima tanda de producción. Aquí es donde la ciencia y el oficio se abrazan; donde cada fórmula creada en el laboratorio se transforma en litros de color listos para vestir paredes, hogares y sueños.
Es un escenario donde la precisión industrial convive con la dedicación artesanal que caracteriza a Pampacryl. Y Sandra, con una mirada que conoce cada rincón, sabe que este es el latido que da vida a la empresa.
Más allá del laboratorio
En 2018, Pampacryl abrió su primer local comercial en Santa Rosa. Después vinieron General Pico y General Acha (esta última bajo el modelo de franquicia), dos locales mas en Santa Rosa y uno en Toay, además de una red de vendedores que recorre el interior provincial. La marca se expande hacia el oeste de Buenos Aires y la costa patagónica .
No es solo crecimiento comercial: es la decisión de acercar un producto pampeano a más hogares, con el respaldo de una empresa que cree en el desarrollo local.

Un mensaje para otras mujeres
En su discurso hay determinación y gratitud. Reconoce el apoyo que tuvo para animarse a dar el salto, pero también invita a otras mujeres a no quedarse con la duda:
“Aunque sea de a poco, probá. Poné corazón y garra. Y si no es lo que esperabas, buscá otro camino. Lo importante es no dejar de intentarlo”.
Sandra cree que en La Pampa hace falta mostrar más lo que se produce puertas adentro: “Hay muchas industrias que no se conocen entre sí. Las exposiciones nos dan la oportunidad de descubrir que, a pocos kilómetros, alguien fabrica lo que vos necesitás. Y eso solo pasa si salimos a contar lo que hacemos”.
Este octubre, Pampacryl cumple ocho años. Sandra recuerda con precisión el día en que la primera máquina arrancó y salió el primer lote de pintura: “El capital humano es local. Lo que hacemos, lo sentimos nuestro”, afirma con orgullo.

Este octubre, Pampacryl cumple ocho años. Sandra recuerda con precisión el día en que la primera máquina arrancó y salió el primer lote de pintura: “El capital humano es local. Lo que hacemos, lo sentimos nuestro”, afirma con orgullo.
Reflexión desde mi mirada
Como Licenciada en Relaciones Públicas, mujer y coach laboral, escuchar a Sandra me confirma que el liderazgo real nace de la coherencia entre lo que somos, lo que hacemos y lo que comunicamos. Su historia es ejemplo de cómo la valentía, unida a la visión estratégica, puede transformar no solo una marca, sino también la cultura interna de una empresa.
Cada decisión —desde la producción hasta la apertura de nuevos mercados— está respaldada por vínculos sólidos y por un equipo que se siente parte del proyecto. Desde el coaching laboral, reconozco que su manera de dirigir encarna competencias clave: comunicación clara, delegación consciente y visión estratégica.
Pampacryl no solo produce pintura; produce cohesión, pertenencia y la certeza de que el éxito se alcanza cuando el liderazgo se ejerce con humanidad y visión.
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