
Redefiniendo el valor de los logros
Sabrina Alcaraz


Por Sabrina Alcaraz / Lic. en Relaciones del Trabajo/ Fundadora de Human Up, consultora especializada en desarrollo organizacional y de personas.
A veces el proceso es frustrante porque no tienen ganas de hacer el esfuerzo, sin embargo llega el día y lo logran. Andar en bicicleta sin rueditas, aprender a leer, confiar en un/a amigo/a, estudiar, trabajar… trabajar en algo mejor. Son todos logros que vamos realizando día a día y que muchas veces tomamos con naturalidad.
Sin embargo, las neurociencias hoy nos dan mucha información sobre el cerebro, el aprendizaje y el impacto de ir conquistando nuevas habilidades o superar desafíos. Hoy se sabe que gracias a la neuroplasticidad nuestros cerebros están constantemente aprendiendo y formulando nuevas conexiones para afrontar los eventos diarios. Por ejemplo, en este contexto de pandemia hemos visto cómo nuestras formas habituales de trabajar, quizás en una oficina o escuela, rodeados de compañeros/as con reuniones presenciales; de golpe todo dio un vuelco y vemos pasar el día laboral detrás de una pantalla. Puede que algunas personas hayan vivido este proceso más fácil que otras, pero estos cambios requieren generar adaptaciones en nuestros hábitos que demandaran plasticidad a nuestro cerebro. Lograr esa adaptación, requiere un esfuerzo cognitivo y de modificación de conductas. ¿Podemos visualizar y valorar esos logros?
Mencionemos también quienes tiene hijos/as, la cantidad de modificaciones que han hecho en sus vidas diarias; deportistas, artistas, emprendedores/as, estudiantes y la lista es interminable. A diario vamos cambiando para adaptarnos, con días donde logramos más y días que logramos menos. También hay momentos que no logramos adaptarnos y nos quedamos paralizados/as, sin saber bien para dónde ir.
La vida misma es un escenario perfecto para los logros personales, en equipo, como sociedad. Sin embargo los relatos que nos contamos de nuestros días suelen dejar fuera los pequeños logros, para poner el foco en lo que no se logró, en la parte que falta. El desafío es entonces, poder unir ambas realidades: éxito y fracaso, como partes de un proceso. Una mirada integral de nosotros/as mismos/as nos abrirá la puerta a una mayor salud mental y emocional.
¿Cuáles son los obstáculos para valorar adecuadamente nuestros logros? ¿Cómo podemos trabajar para mejorar la mirada que tenemos sobre nosotros/as mismos/as?
· La comparación: muchas veces para valorarnos primero miramos hacia afuera, y luego nos miramos a nosotros/as mismos/as. Pero en la comparación perdemos de vista el recorrido que se realiza entre el desafío y el logro. Cada vida es única, cada historia tiene sus detalles y cada persona su propia realidad. Medirnos solamente mirando si otra persona tiene lo que yo anhelo, es como mirar solo el final de una película. Sabemos el resultado, pero no la historia que llevo a las personas hasta ahí.
· Ponernos metas inalcanzables: hace unos meses empecé a correr regularmente, pero cada vez que voy a salir mi mente se llena de obstáculos. Frío, calor, viento, cansancio… sin embargo hay un logro enorme que me está dando el proceso de “prepararme para correr”, y es el de aprender a conocer mejor mis límites. Si quiero subir km, tengo que pensar un plan gradual, progresivo y realista con mis capacidades. Lo mismo pasa en otros ámbitos de la vida, desde el punto A al punto B hay pasos que debo tener en cuenta para no frustrarme. Al ponernos metas debemos pensarlas no solo con el objetivo a lograr, sino con el proceso que me llevará hasta ahí.
· Tener pensamiento polar: lo logré- no lo logré. Generalmente la vida no es blanco o negro, sino una sucesión de grises con tintes más blancos unos días y tintes más oscuros otros. Hay pequeños logros diarios que al darles el valor que merecen, nos llevarán a grandes logros en el tiempo. Si soy una persona que siempre llega tarde a todos lados, y me propongo modificar eso, puede que llegue en horario a una reunión y después vuelva a llegar tarde a las dos siguientes. ¿Logré mi objetivo? Parcialmente, logre darme cuenta que puedo llegar puntual y que solo depende de mí modificar eso. Aún tengo mucho recorrido para el logro del objetivo total.
· No interpretar de manera adecuada nuestras emociones: el ejemplo anterior viene justo para este punto también, porque la forma en que pensamos de nosotros/as mismo/as afecta directamente nuestra disposición emocional hacia la resiliencia, el esfuerzo, la motivación. Emociones que nos pondrán en acción hacia el logro que buscamos. De lo contrario, estaremos influidos/as por emociones de frustración, desánimo o ansiedad, y corremos el riesgo de medir nuestros logros por lo que sentimos. “Si me siento ansioso/a es porque no lo estoy haciendo bien.” “Si no me siento motivado/a es porque no sirvo para esto” “Si me siento triste es porque no lo voy a lograr”.
Nuevamente la psicología y la ciencia nos brindan conocimientos para interpretar las emociones como señales de lo que me pasa frente a una situación determinada, no como un hecho real. Frente a la posibilidad de quedarme sin trabajo, puedo sentir una angustia enorme, pero ese sentimiento no hace ni más ni menos real la contingencia. Lo que me indica es cómo me siento frente a esa posibilidad. El peligro es que anule mi margen de acción para remediar la situación, por ejemplo ir renovando mi cv, entrando en contacto con mi red de conocidos, etc.
Finalmente se trata de poder transitar el camino de la vida con una mirada más integral de quienes somos, intentando conocernos un poco mejor en cada decisión y valorando los esfuerzos que hacemos para adaptarnos al contexto. Valorar los pequeños logros diarios nos abre la puerta a seguir conquistando otros logros mañana, sin desalentarnos cuando no sale todo como querríamos o vemos que otras personas van más rápido.
Reconectemos con ese/a niño/a interior que un día logro atarse los cordones y festejó, porque sabía que era el primero de grandes logros en su vida.
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