
“La sala de partos es una radiografía del patriarcado”
InfoHuella


Los derechos más importantes en esa ley son poder estar acompañadas durante todo el proceso de parto y nacimiento, tener libertad de movimiento para elegir la posición en la que se quiere parir, recibir información y tener contacto inmediato con el bebé.
Reglamentada 11 años después de su sanción, también ese año, en 2015, se creó el Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO). La violencia obstétrica es una modalidad de violencia contra las mujeres y sus hijos/as que se expresa en el trato deshumanizado, el uso de intervenciones y medicalización de manera rutinaria, en conductas aleccionadoras y en la falta de acceso a la información y vulneración de la autonomía de la mujer.
“La ley no se respeta -dice Violeta Osorio, feminista e integrante del OVO-. El 90% de las mujeres sufre violencia obstétrica. En el sistema privado se manifiesta por la imposición las cesáreas, la oxitocina y la epidural, las episiotomías. En el público, se expresa en el trato deshumanizado, la falta de intimidad y de acompañamiento de la mujer, pero en ambos casos hay una apropiación del cuerpo y de las decisiones de la mujer, que es totalmente vulnerada”.
Violeta Osorio añade que existen mecanismos para que las mujeres denuncien frente a la Defensoría del Pueblo o la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (Consavig) “pero no están descriptos mecanismos de prevención, ni cómo se va a cumplir la ley, ni cuáles son las sanciones. La violencia obstétrica no es un delito, es una figura administrativa. Y si la mujer busca algún tipo de reparación, lo único que consigue es que la revictimicen. Si alguien pasa un semáforo en rojo, tiene una multa. Si una persona es vulnerada, no pasa nada.”
La integrante del OVO asegura que el Parto Respetado se transformó en un servicio VIP, que muchas instituciones privadas cobran aparte. “Cuando entramos a parir, el sistema nos ‘marca’ con una episiotomía o una cesárea -dice Violeta Osorio-. La episiotomía es la otra epidemia. Es un corte quirúrgico innecesario que se hace en la mitad de los partos y que deja secuelas en la vida sexual y reproductiva de la mujer. Se equipara con la ablación del clítoris porque parte de la base de que el cuerpo de la mujer está ‘fallado’, y por eso hay que cortarlo”.
En cuanto a las cesáreas, afirma que además de razones económicas existe también una cuestión de desprecio. “A nadie se le ocurriría hacerle una cirugía mayor a un varón ‘por las dudas’ -enfatiza-. Se le dice a la mujer que se informe y se empodere, pero después tiene que parir atada, sabiendo que cualquiera puede ingresar a su cuerpo por vena o metiéndole los dedos en la vagina, y que debe agradecer porque le están salvando la vida. Las decisiones las toman otros, nosotras no estamos en condiciones. La sala de partos es la radiografía del patriarcado”.
Fuente: Télam






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