A propósito del 8M: La voz de la mujer y otros tangos

El feminismo en Argentina tiene como primeras mentoras a las mujeres socialistas y anarquistas de los albores del siglo XIX, mayoritariamente trabajadoras, con un alto compromiso político y de clase, hoy conocido como compromiso feminista.

Escribiendo 08 de marzo de 2023 Melisa Frois Orueta Melisa Frois Orueta
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Escribe: Melisa Frois / docente del I.S.J.B./ Columnista en InfoHuella

Finalizando el siglo, específicamente en 1895, surge en Buenos Aires un folleto firmado por Ana María Mozón referenciando el amor libre, la explotación laboral, la violencia conyugal tanto física como psicológica, entre otras. Demandas todas, que nacieron del slogan “Ni dios, ni patria, ni marido, ni patrón”.

Lejos de la consigna enarbolada en La Voz de la Mujer, [primer periódico anarcofeminista redactado por mujeres en Argentina en 1896] por esos años y en las primeras décadas del siglo XX -como es harto conocido- la situación de la mujer era equiparada a la de una persona incapaz, confinada al hogar, donde todas las tareas dependían de su exclusividad, en especial las referidas al cuidado de los hijos e hijas, sobre los que no poseía derecho alguno, puesto que la patria potestad le correspondía plenamente al marido. 

El espacio que le estaba destinado era la casa, en la que, tal como afirma Dora Barrancos, era “el ángel del hogar”, expresión que más que un cumplido o un halago, señalaba un límite y un confinamiento. Salones donde se practicaba la caridad y el cuidado, o aquellos donde se desarrollaban las tertulias también fueron los privilegiados, y luego de las reformas educativas, los reclamos y avances en el mundo de la educación gracias a la acción de Juana Manso [y otras juanas], también lo fueron las escuelas, donde las mujeres siguieron reproduciendo el conocido rol impuesto de cuidadoras; fueron allí “las segundas madres”, lo que implicaba indefectiblemente realizar la doble tarea de sostener el rol maternal y el de educadoras. 

Históricamente bajo la tutela de un varón, primero la del padre y luego la del esposo, las mujeres no eran garantes de sus derechos. No se les permitía poseer bienes propios, ni siquiera aquellos recibidos por herencia u obtenidos a través del trabajo; tampoco podían administrar aquellos con los que llegaban al matrimonio. Una vez constituida la “familia”, tal como era concebida en el siglo pasado, debían pedir autorización al marido para comerciar, asociarse a alguna cooperativa, trabajar fuera de casa o hasta abrir una caja de ahorro. 

Judicialmente, eran consideradas incapaces para litigar o prestar testimonio ante la justicia. Varios proyectos de ley presentados a principios del siglo XX por legisladores provenientes en su mayoría del socialismo, planteaban modificar esta situación de sometimiento. Basta con mencionar cuáles eran las reformas que se proponían para poder describir la exclusión casi absoluta de todo derecho civil. Algunos de los proyectos sostenían la necesidad de establecer cuáles eran los bienes propios de la mujer, es decir, aquellos preexistentes al matrimonio tanto como los que ella producía, adquiría o ganaba. También se exigía reconocer la existencia de los bienes gananciales y la libertad para administrarlos y disponer de ellos. 

Mientras en el Congreso Nacional se debatía si se otorgaba a las mujeres la libertad de decisión sobre sus bienes, el país se preparaba para dar un gran salto hacia una forma más “democrática” de gobierno (paradójica palabra teniendo en cuenta que se refiere al gobierno del pueblo del que estaban al margen en tanto ciudadanas). Corría el año 1912 y la sanción de la Ley Sáenz Peña planteaba que el voto sería universal, secreto y obligatorio. Sin embargo, las mujeres quedaban excluidas del término “universal”. Pasarían treinta y cinco años para que se discutiera si ese “universo” las incluía. La ley que otorgaba el voto a las mujeres llegaría en 1951 luego de incansables luchas feministas. 

Las situaciones referidas hasta este punto, permiten comprender los primeros programas de lucha de los movimientos feministas de nuestro país, que no se centraban únicamente en el reclamo por la participación política, sino también en la necesidad imperiosa de lograr la emancipación. El pedido de la ampliación de los derechos civiles fue una de las principales demandas de las primeras organizaciones, tales como el Consejo Nacional de Mujeres, creado por Cecilia Grierson en 1900, o la Asociación de Universitarias Argentinas, fundada por Petrona Eyle en 1904. La organización y la tarea programática para la lucha en pos de las conquistas serán una constante. En tal sentido, desde la Asociación se organizó uno de los eventos más importantes de las primeras décadas del siglo para las mujeres: el Primer Congreso Femenino Internacional, un verdadero escenario desde el cual se hicieron visibles la desigualdad y la situación de sometimiento a las que estaban condenadas. El Congreso abordó diversos temas en sus sesiones, pero hizo foco fundamentalmente en las cuestiones referidas a derechos civiles y políticos. 

Tras estos pasos fundamentales, la lucha feminista comenzó a dar resultados y en 1926 se consiguió finalmente la reforma del Código Civil de Vélez Sarsfield - que sancionaba el derecho de las mujeres solteras y viudas a disponer de sus bienes y también a comerciar y crear sociedades- aunque se mantuvieron las restricciones para las mujeres casadas, que continuaban sometidas a las decisiones del marido. 

Sin embargo, las organizaciones y personalidades comprometidas con la causa, no dejaron de exigir la ampliación de los derechos civiles, a los que sumaron, además, dos nuevos reclamos: la aprobación de la Ley de Divorcio y la de Patria Potestad Compartida. La primera de ellas figuraba entre los artículos del Código Civil desde 1888, pero solo se podía aplicar si quienes se divorciaban demostraban ser “culpables de algo”, como adulterio, cohábito, etcétera, y aclaraba que los divorciados no podían volver a casarse. 

En 1954 se amplió la Ley de Divorcio, pero al año siguiente la dictadura militar la derogó. Debieron pasar treinta y dos años para que el divorcio vincular fuera un derecho en la Argentina. La Ley de Patria Potestad Compartida corrió la misma suerte y recién encontró un contexto propicio para ser sancionada en 1985, luego de masivas y constantes manifestaciones de mujeres que reclamaban el reconocimiento del derecho sobre sus hijos e hijas.

Progresivamente fueron -y continúan- logrando mayor inserción en el ámbito político y, fundamentalmente, en el laboral. Los programas de lucha apuntaban a nuevas conquistas, como la prohibición de suspender de su empleo a una mujer casada o que estaba por casarse, el reconocimiento de las licencias por maternidad y la ley de subsidio por maternidad, además de insistir en el reclamo de “igual salario por igual tarea” que hasta el día de hoy se sigue sosteniendo. 

El proceso de emancipación respondía sin lugar a dudas a un movimiento de liberación: para salir del hogar era necesario contar con independencia económica, tener plenos derechos para vivir de un empleo, reestructurar una familia sin ser considerada una criminal y obtener el derecho sobre los hijos e hijas. 

Sabe[mos] que la lucha es cruel y es mucha…

La ardua lucha de las mujeres fue y sigue conquistando progresivamente cada uno de estos derechos, y en ese movimiento que les permitió salir del hogar, reconocieron y reafirmaron el derecho sobre sus cuerpos, y a las demandas ya existentes, se sumaron campañas como las del Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito —reclamo de larguísima data en nuestra historia como nación— y las relativas a los derechos sexuales y reproductivos. Los avances en los reclamos por el reconocimiento de los derechos sobre la identidad de género también forman parte de la agenda, y permiten ampliar el horizonte de expectativas al buscar aceptar la existencia de otras formas de amar, vivir, formar una familia, vincularnos con los y las demás, más allá de lo impuesto socialmente o lo establecido por la heteronorma. En este sentido, leyes como la del Matrimonio Igualitario (2010) y de Identidad de Género (2012) son testigo de la lucha exhaustiva de las minorías y un pedido urgente contra la eliminación de todo tipo de violencia, discriminación o exclusión.

Pero las cosas claras: hoy, como en el siglo XIX, como en el siglo XX, las mujeres seguimos teniendo una agenda pendiente muy concreta: abordaje transversal de la Educación Sexual Integral (ESI) en todos los niveles de formación educativa, políticas públicas con perspectiva de género; igualdad de oportunidades, de trato y de resultados; lucha contra toda forma o tipo de violencia, contra los feminicidios y contra la trata de mujeres para prostitución y trabajo esclavo, contra la mercantilización de los cuerpos, entre tantas otras demandas. La lucha por la igualdad en todos sus órdenes aún continúa y las deudas de la sociedad para con nosotras, todavía no han sido saldadas, sabemos que la lucha es cruel y es mucha, pero acá seguimos, con la fe que nos empecina, por nuestros derechos y libertades…

Referencias bibliográficas:

· Archenti, Nélida y Tula, María Inés (coords.) (2014). La representación imperfecta. Logros y desafíos de las mujeres políticas. Buenos Aires: Eudeba.

· Barrancos, Dora (1989a).  Anarquismo   y   sexualidad.   En Armus, Diego (Comp), Mundo   urbano   y   cultura popular (pp. 17-37). Buenos Aires: Sudamericana.

· Barrancos, Dora (1991).  Cultura, educación   y   trabajadores, 1890-1930.   Buenos Aires:   Centro   Editor   de América Latina.

· Barrancos, Dora (1989b). Anarquismo, educación y costumbres en la Argentina de principios de siglo. Buenos Aires: Contrapunto. 

· Barrancos, Dora (1993) Historia y género. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.

· Gutiérrez María Alicia y, Diana Maffía (2019) Emancipadxs: estereotipos, luchas y conquistas / contribuciones de. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

· Lobato, Mirta (2007). Historia de las trabajadoras en la Argentina. Buenos Aires: Edhasa.

· Bolten, V. (Dir.) (2018). La Voz de la Mujer. Periódico Comunista-Anárquico, 1896-1897. Bernal, Argentina: Universidad Nacional de Quilmes.

Páginas y sitios web:

https://repositoriosdigitales.mincyt.gob.ar/vufind/Record/RIDAA_872c77ba4c15dca83ea8ad2375696da6

https://www.argentina.gob.ar/educacion/programas-educativos/recursos-educativos

https://www.educ.ar/recursos/156645/8-de-marzo-dia-internacional-de-las-mujeres

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