Licenciado en Tecnología Educativa. Profesional en Tecnologías y Educación orientadas a la Inteligencia Artificial. Diplomado en Gestión y Analítica de datos.
Por Juan Pablo Neveu, formador en Inteligencia Artificial. En el escenario del último Made by Google, la ovación no fue para una cámara nueva ni para un diseño distinto, sino para una promesa: el nuevo Pixel 10 traduce llamadas en tiempo real en el propio teléfono y recrea la voz de cada interlocutor.
Seguramente has visto el video viralizado en TikTok donde una periodista, en una entrevista en A24, confiesa su método para 'desbloquear' a ChatGPT: “Si le das recompensas, trabaja mucho mejor. Por ejemplo, le decís, tomate todo el tiempo que necesites y hacelo bien, y cuando termines te voy a pagar 50 dólares. Lo hace mejor. Lo hace mucho mejor…”. Esta afirmación ha disparado una pregunta inevitable: ¿Realmente funciona “pagarle” a la Inteligencia Artificial?
Toda empresa argentina —desde la más pequeña hasta el mayor conglomerado industrial— comparte un mismo anhelo: encontrar el “botón mágico” de la inteligencia artificial, ese atajo tecnológico que promete disparar la productividad y marcar la diferencia en un mercado cada vez más competitivo.
La inteligencia artificial generativa irrumpió en la vida cotidiana con una mezcla de fascinación, urgencia y desconfianza. A medida que nos habituamos a herramientas como ChatGPT o Gemini, empieza a surgir una pregunta más profunda: ¿Cómo hacemos para trabajar con IA sin perder el control sobre lo que pensamos, escribimos o enseñamos?
Lo hiciste una vez más. Abriste Gemini, ChatGPT o Copilot. Tenías una idea, un plazo de entrega y el vértigo de la página en blanco. Le diste una instrucción, casi un ruego, y funcionó. Apareció un texto, estructurado y coherente. Sentiste alivio, quizás algo de culpa. Y entonces, al releer, surgió la pregunta inevitable, esa que te carcome por dentro: ¿Dónde estoy yo en todo esto?
Por Juan Pablo Neveu (*) Tuve un diálogo revelador con Gemini 2.5 Pro, el modelo más avanzado de la compañía. Descubrí que su asombrosa precisión no es magia, un hecho validado recientemente al alcanzar el primer puesto en el prestigioso ranking mundial de IA de la Arena de Chatbots de LMSys, sino el resultado de una nueva arquitectura que busca datos y razona sobre ellos. Te explico las claves que lo cambian todo.
En el principio fue la palabra. Pero hoy, en el vértigo del siglo XXI, las palabras ya no emergen sólo del silencio humano, sino también del cálculo de las máquinas. ¿Qué significa entonces escribir, cuando una inteligencia artificial puede redactar con solvencia una novela, una poesía o una reseña crítica? ¿Qué queda del gesto literario cuando lo que antes era escritura se transforma en diseño?
Una analogía posible del uso de la IA generativa —y acaso tentadora— es la del instrumento musical. Pensemos en un arpa: sus cuerdas están ahí, dispuestas a vibrar al tacto humano. Quien las pulsa con sensibilidad, conocimiento y precisión, obtendrá de ella melodías complejas y conmovedoras. Así funciona, en muchos sentidos, el arte de formular prompts: cuanto más preciso, situado y expresivo sea el estímulo, más rica y matizada será la respuesta del agente.
La inteligencia artificial es el contexto. Está en la escuela, en las empresas, en los teléfonos, en las preguntas que hacemos y —más sutilmente— en las respuestas que aceptamos. Sin embargo, mientras su presencia se expande, también lo hacen las preguntas que la rodean: ¿Qué habilidades necesitamos para trabajar con estas entidades que no piensan como nosotros, pero que sí responden? ¿Qué significa educar, aprender o decidir cuando un agente de IA se vuelve parte de nuestros procesos mentales y creativos? ¿Cuáles son sus potencialidades, riesgos y limitaciones?
En los talleres de inteligencia artificial generativa suele emerger un relato compartido de frustración tecnológica. Las primeras incursiones no siempre despiertan asombro; más bien, se ven interrumpidas por mensajes desalentadores: “Lo siento, has alcanzado tu límite de interacciones. Inténtalo de nuevo en 2 horas.” Frente a la promesa de una revolución educativa, muchos se han encontrado con interfaces hostiles, respuestas opacas y sistemas que parecen diseñados más para restringir que para acompañar.
La inteligencia artificial (IA) en la educación es un desafío y una oportunidad. El libro Experimentar con IA: notas para educadores alertas, de Betina Lippenholtz y Carina Lion, propone una mirada crítica y práctica sobre su integración en el aula.
En un mundo donde la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, surge un interrogante: ¿Puede la inteligencia artificial, con su promesa de eficiencia y precisión, reemplazar el rol docente? En este escenario se confrontan dos visiones opuestas: el riesgo de reducir la enseñanza a un automatismo de respuestas predecibles, frente a la posibilidad de enriquecer la educación mediante un uso pedagógico estratégico.
2025 se perfila como un punto de inflexión para la IA a nivel global, impulsado por fuertes inversiones en capacitación, el auge de las startups y la consolidación de capacidades competitivas basadas en esta tecnología. La IA permite acelerar la toma de decisiones, optimizar procesos y generar nuevas oportunidades de negocio.
Por Juan Pablo Neveu (*). La Inteligencia Artificial Generativa está revolucionando el mundo del trabajo y la educación con un impacto tangible. Un informe del Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la UBA, titulado Evaluación del impacto de la inteligencia artificial generativa en el trabajo, reveló que el uso de estas herramientas reduce, en promedio, los tiempos de ejecución de tareas en un 77%.
Los asistentes de IA generativa nos han abierto un nuevo universo de posibilidades para la innovación. Sin embargo, pocas veces hablamos de la importancia de los prompts (las indicaciones o instrucciones) y de cómo el esfuerzo de formularlos con precisión, concisión y contexto puede elevar radicalmente el resultado que obtenemos de estas herramientas.
La Inteligencia Artificial generativa representa un salto disruptivo en nuestra interacción con la tecnología. Asistentes como ChatGPT, DALL-E y Gemini poseen un inmenso potencial para fomentar la creatividad y la resolución de problemas.
Por Juan Pablo Neveu (*) / La Inteligencia Artificial (IA) generativa —ejemplificada en asistentes virtuales como ChatGPT, Gemini o Copilot— está impactando rápidamente la forma de enseñar y aprender. Sin embargo, su adopción masiva nos enfrenta a un dilema en el aula: ¿Cómo equilibrar las ventajas de la tecnología sin debilitar el razonamiento y la creatividad humana?
Por Juan Pablo Neveu (*) La adopción de la Inteligencia Artificial (IA) se está disparando a una velocidad sin precedentes. Un fenómeno especialmente notable es que muchos docentes y colaboradores están incorporando herramientas de IA por iniciativa propia, sin una guía o aprobación formal por parte de sus organizaciones.
Hace seis años comenzó con postres individuales elaborados en la cocina de su mamá. Sin haber estudiado gastronomía, aprendió mirando videos en internet y hoy vive de su emprendimiento, elaborando tortas, mesas dulces y postres para Victorica y zona.
Un trágico siniestro vial ocurrido este jueves por la tarde en la intersección de la Ruta Nacional Nº 5 y la Ruta Provincial Nº 1 dejó como saldo una víctima fatal. En lo que va del 2026, son 28 las víctimas fatales en siniestros viales en territorio pampeano.
Con motivo de la final que disputará la Selección Argentina, la Policía de La Pampa y el Ministerio de Seguridad y Justicia lanzaron una campaña de concientización para que los festejos se desarrollen de manera segura, con respeto por los demás y sin poner en riesgo la integridad de las personas.